La Pizarra: Saúl, Fabbrini y el arte de girarse

Analizamos el partido propuesto por Juan Antonio Anquela

Anquela Real Oviedo Numancia Carlos Tartiere.Anquela da ordenes durante el partido
Anquela da ordenes durante el partido

Oviedo

Nota: 7, notable. 

Cuando uno se imagina el típico partido de Segunda División por la mente se le pasa algo parecido a lo que se vio ayer en el Carlos Tartiere. Pocos espacios, defensa sólida y dificultades para sorprender en ataque. Las ocasiones claras se contaron con los dedos de una mano y casi todas fueron del Real Oviedo. Y cuando en el equipo que tiene más ocasiones juega Saúl Berjón, lo normal es que ese equipo gane.

El domingo se había puesto muy de cara para los intereses azules. Los pinchazos de Cádiz y Zaragoza y el empate del Granada en casa de uno de esos equipos a los que llaman desahuciados pero que siguen quitando puntos a los favoritos hacía que una victoria devolviese al playoff al equipo de Anquela. Por su parte, el Nàstic también quería ganar, pero un empate no hubiese sido una mala noticia. Ganó el equipo que más lo deseó.

El aspecto táctico

No hubo sorpresas y Juan Antonio Anquela puso sobre el verde el mismo once que una semana antes consiguió llevarse la victoria del Anxo Carro de Lugo. Y esta fue, seguramente, la única similitud con el partido ante los lucenses. A diferencia de lo del domingo en tierras gallegas, ni Oviedo ni Nàstic encontraban espacios en los primeros minutos de partido. Casi 20 minutos en los que Alfonso Herrero y Dimitrievski eran espectadores de lujo de un partido que se jugaba en la medular.

Los de Nano esperaban en su campo, preparados para morder cuando el balón llegará hasta los tres mediapuntas azules. Mientras tanto, la circulación carbayona era muy pesada. El balón iba de centrales a pivotes y viceversa, siendo Folch y Mariga incapaces a girar y jugar hacia delante, algo que solo pasaba cuando Berjón y Fabbrini salían a escena. 

Dicha acción es la más complicada en espacios cerrados porque es la que más daño puede hacer el rival. Mientras que los antes mencionados Folch y Mariga, Tejera, Maikel Mesa o Aarón Ñíguez no encontraban la forma de ser verticales, Berjón y Fabbrini se las arreglaban para, ya con el primer control, orientar el juego hacia el lado débil del Nàstic. Y esto cambiaba el guión de todo.

En uno de los varios intentos de Saúl por encontrar a Toché entre centrales, el murciano consiguió hacerse con el balón y ganar dos segundos clave que permitieron llegar al ovetense en disposición de buscar el palo largo de Dimitrievski. No había pasado gran cosa, pero el Oviedo ganaba 1-0 y el gol tenía tintes de ser decisivo. 

Tras el descanso el guión del encuentro siguió por el mismo camino. El Nàstic, salvo en contadas acciones a balón parado, no hacía cosquillas a un Oviedo que, ya por delante en el marcados, le preocupaba menos la falta de ritmo en ataque. El doble pivote azul no conseguía encontrar a los hombres de tres cuartos y era la conexión con los centrales la única que permitía a Saúl, Fabbrini y Aarón recibir a la espalda de la medular tarraconense

La entrada de Barreiro amagaba con ser un problema para Carlos y Forlín, pero ni jugando con dos delanteros pudo el Nàstic arañar con éxito la defensa local. Solo en el 87' los visitantes pudieron hacer daño de verdad, cuando un mal despeje de Carlos a punto estuvo de aprovecharlo Álvaro Vázquez. Antes, otra acción de peligro liderada por Berjón casi sentencia el partido, pero Dimitrievski le robó la gloria a Fabbrini.

Entre balones colgados al área por Juan Muñiz fue muriéndose el partido. El pitido final del árbitro, celebrado como un gol por el Tartiere, significa muchas cosas. Los carbayones vuelven al playoff tres jornadas después y siguen aspirando a todo. Pasada la mala racha en cuanto a puntuación, un pasito más a nivel ofensivo haría del equipo de Anquela algo muy a tener en cuenta a estas alturas de competición. Solidez y Saúl Berjón. A la espera de que otras variables se sumen a la ecuación, esta fórmula ya gana partidos en Segunda División. 

Los cambios

No es Anquela un entrenador que le guste mover el banquillo en partidos igualados y ayer lo volvió a demostrar. La primera sustitución llegó a menos de 15 minutos para el final del encuentro. Diegui entró para formar un doble lateral con el objetivo de apuntalar la banda derecha y dar algo más de chispa al ataque en dicho flanco, algo que se consiguió. 

Con menos tiempo pero con el mismo objetivo entró Mossa en la izquierda. Ya en el descuento, David Rocha fue el protagonista de un cambio que sirvió para dos cosas: impedir al Nàstic cualquier tipo de circulación y dar la oportunidad al Carlos Tartiere de despedir como se merecía a Saúl Berjón. 

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