La Pizarra: Un paso más

Analizamos en cinco claves la victoria del Real Oviedo en Albacete

Javi Rozada en el Carlos Belmonte
Javi Rozada en el Carlos Belmonte

Oviedo

Qué necesario era ganar y qué necesario era hacerlo de esta manera. El Real Oviedo se llevó los tres puntos del Carlos Belmonte con fútbol, a través del juego, como si fuese un equipo más de la categoría. Y esto último ya es mucho. Anímicamente, los azules necesitan, de una vez por todas, llegar a ese punto en el que ni ganar es una fiesta ni perder una desgracia. En lo futbolístico, quitadas las telarañas, el objetivo es construir una identidad desde la que crecer. En Albacete se dio un paso más. 

La idea inicial

En los últimos años, el Real Oviedo ha lucido pocos onces más sugerentes y técnicos en zona de tres cuartos que el que se vio en el Carlos Belmonte. Rozada, a sabiendas de qué tipo de partido quería, juntó a Tejera, Saúl Berjón, Borja Sánchez y Omar Ramos con la intención de asentarse en campo rival y elevar el ritmo de la circulación. Por si eso fuera poco, desde el lateral derecho volvía a aparecer un Sangalli que parece una certeza juegue donde juegue. 

Con Saúl como principal receptor de casi todo, el Oviedo lo intentaba y, poco a poco, demostraba que había salido mejor al partido que el Albacete. La presión era agresiva y, sobre todo, eficiente. En salida de balón, Lolo se incrustaba entre los centrales y, aunque ninguno de los tres superaba líneas a través del pase, era suficiente con encontrar a Tejera en la medular para que este conectara con los mediapuntas. El espacio dejado fuera era aprovechado por Mossa y Sangalli, pero la buena intención no se acababa de ver reflejada en zona de remate.

Susaeta y Zozulya, los salvavidas

El Albacete, un equipo cuya salida de balón no se encuentra entre sus puntos fuertes, no dudaba en buscar continuamente a Roman Zozulya. El ucraniano, uno de los delanteros más difíciles de cubrir de toda la categoría, se mostraba superior a su par, fuese Carlos o Christian, en todo momento y permtía a los manchegos llegar a zonas de peligro.

Una vez el balón estaba cerca del área azul, Susaeta se convertía en el segundo factor diferencial de los locales. El exoviedista, situado en el pasillo interior y no tanto pegado a la línea, hacía dudar a Mossa para que Pedro aprovechase la indecisión. El eibarrés, además, amenazaba de tres formas: asociación por dentro, centro con pierna natural o golpeo desde la frontal. El 1-0 llegó con la segunda, cuando puso en balón sin apenas oposición gracias a que Mossa estaba con Pedro. El centro, perfecto como casi siempre, fue rematado por un Ojeda que encontró en Carlos Hernández al mejor aliado.

Un Oviedo ciego

El tanto local nubló por completo al Real Oviedo. Los azules se olvidaron de todo lo hecho y comenzaron a actuar como si Alfredo Ortuño, y no Joselu, fuese el delantero carbayón. La primera línea, condicionada por la inseguridad que mostraban en la defensa a Zozulya, se libraba del balón rápido y buscaba en largo a Joselu. El onubense, que no es Ortuño, sufría una barbaridad para dificultar siquiera la disputa a los centrales manchegos.

Con este panorama, Saúl volvió a ser la solución. El '10', con el traje de jugador referencia de la categoría, lo intentaba una y otra vez y casi siempre salía ganador, solo que sus jugadas no encontraban premio en el área. Con Omar Ramos fuera de combate, solo Borja Sánchez ayudaba al capitán, demostrando que el equipo podía contar con él si se volvía al plan inicia. Los dos ovetenses eran la única arma del equipo azul para asentarse en campo rival.

El factor Nieto

Rozada lo vio claro y no esperó a que empezase el segundo tiempo. Omar Ramos se quedó en vestuarios y Juanjo Nieto salió a escena. El castellonense no tenía una papeleta sencilla. Además del encuentro ante el Albacete, al defensa le tocaba jugar otro ante sus fantasmas, ya que sus anteriores apariciones vestido de azul no habían sido muy satisfactorias. Quién sabe si su actuación en el Carlos Belmonte no ha cambiado para siempre su etapa en la capital del Principado. 

Con Nieto, todo se clarificó y al Oviedo le salían las cuentas. El lateral, además de ocupar todo el carril, desequilibraba a base de conducciones. Mientras, Sangalli y Borja ocupaban una nueva altura por dentro y el engranaje azul encontraba salidas por todos los lados. De esta forma, los azules cuajaron sus mejores minutos del curso, encerrando a todo un Albacete en su campo gracias a una agresiva presión tras pérdida y permitiendo muy poco atrás. Tras una de las pocas contras que pudieron enlazar los manchegos, Sangalli puso el 1-1 a pase, cómo no, de Berjón y con la colaboración de un combativo Obeng.

La locura final

Tras el gol de Sangalli todo se descontroló. El Oviedo quería más y tanto el centro del campo como la defensa, liderada por un espídico Nieto, seguía ganando metros para presionar. El Albacete encontró la grieta y Zozulya pudo marcar, pero su disparo al palo largo se fue a córner. Inmediatamente después, Nieto cometió su único error del encuentro en un mal despeje, Christian no estuvo contundente ante Acuña y el paraguayo gozó de la ocasión más clara del encuentro, pero Champagne apareció. 

Rozando el 90, la enésima conducción de Nieto, que se iba de su par tanto por fuera como por dentro, acabó en un pase a la frontal que Borja Sánchez, muy activo durante todo el partido, pero sin la oportunidad de aparecer con claridad en zonas de influencia, convirtió en un derechazo a la escuadra de Tomeu Nadal. Y la locura se desató en el lado azul del Belmonte.

El Real Oviedo, que sigue mejorando en cada partido por mucho que su retaguardia no acabe de cerrar el grifo de los despistes, ganó de la mejor forma posible. Por primera vez en lo que va de temporada, lo futbolístico y lo anímico siguieron la misma dirección. 

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