La Pizarra: Apagón en La Rosaleda

Pablo Fernández OVIEDO

AZUL CARBAYÓN

Javi Rozada durante el Málaga-Real Oviedo
Javi Rozada durante el Málaga-Real Oviedo LFP

Analizamos en cinco claves la derrota del Real Oviedo ante el Málaga

29 oct 2019 . Actualizado a las 21:23 h.

El Real Oviedo no tuvo su día en La Rosaleda. Ante el Málaga, los azules no mostraron ninguna de las virtudes con las que han logrado salir del pozo y, por primera vez desde que Javi Rozada es técnico del primer equipo, no hubo casi ninguna fase del partido en el que la victoria fuese un objetivo alcanzable. La derrota, tarde o temprano, tenía que llegar, pero la forma duele. Todo lo logrado en las últimas semanas debe servir para que lo ocurrido en la capital de la Costa del Sol no condicione los próximos encuentros. Ese es el reto de la semana.

Un Málaga en tromba

No le hizo falta al Málaga practicar un fútbol brillante para mostrarse superior desde el primer momento. No habían pasado ni cinco minutos y los locales ya habían sacado dos saques de esquina y una falta lateral. Aunque las ocasiones no fuesen claras, la declaración de intenciones era total. Sadiku y Antoñin, delanteros centros que trabajaron como si fuesen perros de presa del centro del campo, impidieron una y otra vez que la defensa azul, el sábado de naranja, conectase con Tejera, Borja o Saúl. 

Sin mucha elaboración ni desde la zaga ni desde el doble pivote, el Málaga crecía a partir de los flancos. Renato Santos y Mikel Villanueva ayudaban, pero los que de verdad lideraban eran Dani Pacheco y Cifu. El primero creaba, el segundo llegaba y desmontaba con su velocidad. Caso curioso el de Pacheco, que volvía tras más de mes y medio parado y lo hacía por la puerta grande. El Oviedo no podía controlarlos.

Automatismos incompletos

Este Oviedo está cómodo en campo rival. Cuando pasa del centro del campo, todos sus jugadores saben cual es su misión y en muchas ocasiones se logra crear peligro. En Málaga falló la primera parte del plan. Los de Javi Rozada lograban hacer daño a los locales, pero el balón llegó tan poco a esas situaciones que el empuje no se pudo prolongar en el tiempo. La ineficaz presión tras pérdida vista en La Rosaleda tampoco ayudó a esconder los problemas de elaboración. 

Como siempre, los ataques nacían en la izquierda. Borja Sánchez ejercía de bisagra y, a través de pequeñas conducciones, el balón llegaba a la derecha para que Sangalli y Nieto picaran al rival. De la calma a la tempestad. Ortuño pudo marcar tras una jugada de libro, muy similar a la del 1-0 ante el Girona. La lesión de Sangalli condicionó a los azules y, aunque Nieto se inventó una nueva jugada de peligro ya con Bárcenas (muy desconectado del juego) sobre el campo, el Oviedo no hizo mucho más. Instalarse en campo rival era una quimera.

Errores que se vienen repitiendo

Las diagonales a Pachecho y Cifu, que se aprovechaba de la posición de Renato Santos para hacer dudar a Mossa, seguían siendo el recurso principal del Málaga. Eso sí, sin mucha presencia en zona de remate. Hasta los primeros instantes del segundo tiempo, Carlos y Christian estaban salvando la papeleta.

Ya en el 55', un despeje de Luis Hernández se convirtió en jugada de gol debido a la mala lectura de Champagne. El portero argentino, al que le cuesta un mundo interpretar el juego cada fin de semana, no ganó los metros que debía y Antoñín lo aprovechó para, tras zafarse de Carlos demasiado fácil, poner el 1-0. Tan solo siete minutos después, el inexistente penalti sentenció el encuentro.

Sin respuesta

La injusticia de la pena máxima no es excusa de nada. Ni tras el gol de Antoñin primero ni con el de Adrián después, el Oviedo inquietó al Málaga. Rozada ajustó al descanso y, con Lolo incrustado como pivote, Tejera y Borja actuaron de interiores. A los carbayones les seguía costando un mundo dar fluidez a la circulación, las líneas de pase no aparecían y llegar a zona de tres cuartos no parecía una opción.