Mal de altura

Sobre la derrota del Real Oviedo ante el Cádiz y el ambiente vivido en el Carlos Tartiere

Los jugadores del Oviedo antes del comienzo del encuentro ante el Cádiz
Los jugadores del Oviedo antes del comienzo del encuentro ante el Cádiz

Oviedo

Era el día propicio para hacer algo bonito. El líder destacado de Segunda División, algo muy meritorio ya que las ventajas holgadas no suelen tener cabida en esta categoría, visitaba un Carlos Tartiere al que la afición oviedista comienza a visitar sin miedo. Con seis puntos de seis en el bolso y un once inicial ya en la mente de todos, el Real Oviedo aspiraba a seguir escalando por una tabla que cerraba hace no tantas semanas. 

La primera media hora que realiza el conjunto de Javi Rozada era impensable jornadas atrás. Sólidos y sin tensiones cerca del área de Champagne, los azules encontraban el camino a la última línea, pero las imprecisiones en el control o el pase definitivo y la jaula diseñada por Cervera impedían que el Tartiere gritase un mísero 'uy'. El Cádiz estaba cómodo, pero el Oviedo también.

El gol que decide el encuentro solo se puede explicar conociendo al rival que visitaba el municipal ovetense. Ante cualquier otro equipo, ese error de Borja Sánchez y Ortuño en la basculación no hubiese roto una línea de presión de forma tan clara. Ante cualquier otro equipo, sería imposible que un extremo sacara un centro tan bueno desde tan lejos. Pero el Cádiz no es cualquier equipo. El talento de Salvi se juntó con la capacidad llegadora de Álex, la más efectiva de la categoría, y la lógica hizo el resto. El Oviedo, brillante defensivamente hasta ese momento, erró ante el único rival con el que no podía errar.

El Tartiere, que llevaba encendido unos minutos con las decisiones de Ocón Arráiz, entró en ebullición cuando Fali casi le restaura el tabique nasal a Christian Fernández. Algo se está haciendo mal con esa herramienta llamada VAR cuando un jugador está a punto de romperle la nariz a un rival y no pasa nada. 

Ironías de la vida, la segunda parte comenzó con retraso debido a los problemas de conexión con el VAR. El balón volvió a rodar y los carbayones supieron pronto que había poco que hacer. El escenario era, justamente, con el que Cervera soñaba y Rozada tenía pesadillas, así que el transcurso de la segunda parte no sorprendió a muchos. El Cádiz, ya con el 0-2 en el marcador, era feliz en su campo y el Oviedo sufría para probar de cerca a Cifuentes. Los cambios de Rozada, como ya pasó en otros partidos, no estuvieron ni cerca de agitar el árbol y el partido se fue consumiendo.

La tangana final sirvió para que los azules descargaran tensiones con Fali, que suelta el codo en el área pero que dialoga después. Esa vía parlamentaria fue la que terminó de cansar a Tejera, que aprovechó el último barullo para ir a pedirle explicaciones. El Tartiere cierra el 2019 con derrota. Una derrota que hace varias semanas hubiese sido totalmente lógica y que ayer dolió. Ese dolor, seguramente, fuese la mejor noticia de la tarde junto a la primera media hora. Mal de altura ante el líder.

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