Aplausos que reflejan sensaciones

Los nuevos aficionados, una de las peores primeras partes vistas en el Tartiere y la decepción final. La contracrónica del Oviedo-Deportivo

Jugadores del Oviedo y el Deportivo antes del partido
Jugadores del Oviedo y el Deportivo antes del partido

Oviedo

La tarde comenzaba con el preparador físico del Deportivo decidido a competir con la megafonía del Carlos Tartiere, hasta ahora imbatible en cuanto a decibelios. Los gritos de Manuel Pombo, que ya estuvo en el Real Oviedo acompañando a Fernando Vázquez a finales de los 90, era lo que más se escuchaba desde la zona de prensa del municipal ovetense. Mientras, en el palco, Federico González y David Mata se unían a los Paredes, Corral y César, ya presentes ante la Ponferradina.

El partido arrancó y el sonido de una gaita que salía de la Escuela de Música Tradicional, situada en uno de los bajos del estadio, actuaba de hilo musical. Fue desaparecer dicho sonido y el Real Oviedo empezó a carburar. Champagne, desde la grada, volvió a ejercer de director de animación y sus gritos de ánimo se imponían al del resto de jugadores. Las ocasiones azules aparecían y ya en el minuto 15 el marcador reflejaba un 0-0 injusto.

Poco a poco, minuto a minuto, el Deportivo estaba firmando uno de los peores primeros tiempos de los últimos años en el Carlos Tartiere. Sin ideas con balón, peligrosos para su propio portero con el esférico y blandos en las disputas. El equipo de Vázquez fue, por momentos, el más fiel reflejo de la rendición. Pero el Oviedo no tardó en demostrar que tampoco estaba para hacérselo pagar.

Al 1-0 de Ortuño (o Luismi, según la toma de televisión) le sucedió un penalti de Tejera a Abdoulaye, pero Lunin evitó que el Deportivo empatase sin haber tirado a puerta. Después, disparo de Tejera al palo y gol de Bárcenas de falta, con la ayuda de un muy poco ágil de Dani Giménez. Los goles, además de por los jugadores, fueron muy celebrados por los trabajadores del club repartidos por el estadio. ¿Partido sentenciado? No. A diferencia de su rival, los de Riazor sí aprovecharon el primer error grotesco del Oviedo y Sabin recortó distancias en la última jugada del primer tiempo. 

De la Fuente Ramos señaló el final del primer tiempo y, cosas de las dinámicas, los aplausos llegaron por parte de los suplentes del Deportivo. El Oviedo no había jugado mal, se encontró con uno de los peores rivales de la temporada y, aun así, se fue al vestuario con la cabeza más baja que su contrincante. Aplausos que reflejan sensaciones. Después, segundos antes de que arrancase el segundo acto, el alegato de Carlos Hernández a sus compañeros pidiendo calma y cabeza no sirvió de mucho. 

Vázquez se movió mejor que Ziganda, hizo los cambios muy pronto y aprovechó la nueva legalidad para dar la vuelta a la tortilla con cuatro cambios en trece minutos. Uno después, Peru empató el partido al aprovechar un error en la marca de Arribas, hasta ese momento el mejor jugador carbayón desde la vuelta de la competición. El Oviedo, que ya tenía bastante con sus problemas de juego, volvía a sufrir los fantasmas del pasado y se desmoronaba mentalmente.

El partido se fue muriendo y los azules, que tampoco fueron acosados por el Deportivo, solo veían algo de luz cuando Borja Sánchez tenía el balón. Pero se le acabó la gasolina. Jimmy, como extremo izquierdo, dejó unos minutos más que decentes en una posición que no tocaba desde alevines y gozó de esa clara ocasión que ni Rodri ni Ibra encontraron. 

Un «¿Qué haces, chico?» de Mossa a Mollejo tras una falta de este último, el cambio que permitió a Samuel Obeng estar 40 segundos sobre el campo y un silencio atronador cuando el colegiado señaló el final del encuentro. Así sonó la caída al descenso del Real Oviedo. 

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