Tensa noche de verano

Real Oviedo y Fuenlabrada no pasaron del empate en un partido en el que, más que nunca, las gradas fueron protagonistas. La contracrónica desde el Tartiere

Grada de los suplentes en el Oviedo-Fuenlabrada
Grada de los suplentes en el Oviedo-Fuenlabrada

Oviedo

Los dos equipos saltaron a calentar y el primer suplente del Real Oviedo que pisó el césped para hacer unos trucos con el balón fue Borja Sánchez. Buena noticia para empezar: el mejor jugador de los azules, al menos, daba la impresión de poder correr y tocar el esférico. Y eso es la vida para este equipo. Mossa lució brazalete en el sorteo de campos y el partido podía comenzar.

15 años después de aquella noche mágica ante el Ávila, esa que acabó con la plantilla del Real Oviedo subida a un camión celebrando en Plaza América su ascenso a Segunda B, los azules volvieron a jugar un encuentro oficial en el junio estival. Y debió ser eso, el verano, lo que alteró a las gradas que ahora, en el nuevo fútbol, son banquillos. Desde el pitido inicial, suplentes de uno y otro equipo elevaron el volumen al máximo y convirtieron el partido en una batalla dialéctica sin cuartel.

La dureza del césped se reflejaba en la tribuna, donde todo se jaleaba y protestaba. En el Oviedo, cómo no, la acción de animar fue asumida por Nereo Champagne. Lo que sucedía dentro del rectángulo de juego era, directamente, una batalla. Ningún equipo, sobre todo el Fuenlabrada, daba un centímetro a su rival y había más contacto de lo que suelen permitir los colegiados en todas las acciones. Lunin y Pol Freixanet, mientras, presenciaban la función sin tener que probar el mullido césped del Carlos Tariere.

El partido avanzaba entre órdenes constantes de Arribas y Grippo a los suyos, que en ciertos momentos del encuentro recibieron el refuerzo de un Christian Fernández muy activo mientras calentaba en la banda. El 'Fuenla' amagó en los primeros minutos del segundo acto y la entrada de Borja Sánchez dio inicio a la función del Oviedo. Con el '19' todo es más fácil, aunque milagros tampoco puede hacer. Los de Ziganda se acercaron más, pero las ocasiones claras no llegaron a aparecer.

Cuando pasó la efervescencia que supusieron los primeros minutos de Borja, el Fuenlabrada volvió a ganar terreno y Arribas tuvo que soltar una 'minibronca' a sus compañeros. La segunda pausa de hidratación le vino bien al Real Oviedo, salvo a un Rodri que desde que tocó el primer balón demostró que no tenía su noche. Eso sí, su mejor acción fue provocar una falta que Grippo, ante la sorpresa de los presentes, lanzó. Una barrera que casi se lleva el balón antes del lanzamiento y un golpeo que no cogió altura hicieron el resto.

El nerviosismo, sobre todo del Real Oviedo, era evidente y en los minutos finales el balón pesaba diez kilos para los jugadores azules. Cumplido el 90' la megafonía del estadio amagó con sonar y reflejó a la perfección el deseo de todo el oviedismo: que se acabase pronto el encuentro para evitar sustos. Y así fue. Un punto en casa ante un recién ascendido a falta de siete jornadas para el final no parecía hace meses un buen resultado. Pero así son las cosas.

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