La Pizarra: Partiendo de algo

Analizamos en cinco claves el empate del Real Oviedo ante el Cartagena


Oviedo

El Real Oviedo fue un equipo en el debut liguero ante el Cartagena. Y eso, en una primera jornada de Liga, no es nada fácil. Los azules tienen sus carencias, está claro, pero saben cómo apretar a su rival, cómo jugar en campo propio para que los atributos defensivos de sus futbolistas salgan a relucir y son capaces de realizar una transición defensiva más que correcta. Y repetimos, que esto esté asentado con 41 jornadas por delante ya es mucho. Liberado de la urgencia que caracterizó su estancia en el Carlos Tartiere la pasada temporada, José Ángel Ziganda tiene la oportunidad de trabajar en algo convincente.

Las ideas claras

Sea en agosto o en septiembre, el fútbol que se ve en las primeras jornadas de cualquier competición liguera suele ser plomizo, de ritmo lento e imprecisiones constantes. La carga de trabajo acumulada y que los equipos todavía están por terminar de construirse, tanto en el césped como en los despachos, hacen que el guion de los encuentros sea casi siempre el mismo. El Real Oviedo, al menos en el primer acto ante el Cartagena, se rebeló ante eso. 

Los azules fueron un equipo dinámico, que obligaba a su rival a jugar en largo en los saques de puerta y que lo acorraló en su campo durante los primeros 20 minutos. Con el objetivo de taponar a su rival en el carril central, Obeng, Javi Mier, Borja y Viti presionaban tapando el pase exterior, atraían hacia dentro a su par y ahí esperaba la jaula. Y salía bien. Además, la presión tras pérdida era muy agresiva, con mucha falta táctica de por medio, y el Cartagena no podía dar dos pases seguidos. 

El Oviedo con balón

El equipo del Cuco Ziganda crece por los costados. En los inicios de juego, Edgar se solía incrustar en el perfil derecho y ofrecía otra ayuda a Grippo, mientras que Nieto esperaba pegado a la cal. Las conducciones del lateral castellonense, incisivo y preciso como hace meses, fueron claves para asentarse en campo rival. Tejera, por su parte, no acababa de ocupar el carril central y esperaba a que el balón llegase a la izquierda para dar el apoyo a Mossa y Borja Sánchez. Ahí estaba la clave del, todavía, pobre juego posicional del Oviedo: acumular gente en izquierda para que Nieto reciba con ventaja en derecha.

Si uno se va a la estadística, se encuentra con que Mossa y Juanjo Nieto fueron los futbolistas azules que más tocaron el balón, seguidos de la pareja de centrales y Borja Sánchez. La poca participación del doble pivote refleja el gran debe de los azules en esa zona del campo, en la que todavía no existen automatismos que permitan salir de una manera limpia ni encontrar el espacio a la espalda del centro del campo rival.

Javi Mier y la demarcación fantasma

Ziganda sorprendió y, cuando todo el mundo esperaba a Riki, apostó por Javi Mier. Ambos tienen una cosa en común: no están jugando en la zona del campo en la que pueden mostrar todo su potencial. Como le pasaba a Riki en los amistosos, Mier acompañó en punta a Obeng, jugó a la misma altura que el ghanés y su aportación se reducía a recibir de espaldas, con la marca pegada (un caramelo para los centrales del Cartagena) y sin margen de maniobra.

Ya no es que ninguno de los dos canteranos sean mediapuntas al uso, que también, es que, directamente, este rol no existe en el Real Oviedo actual. Y en esa especie de segundo delantero, Mier, además de la ocasión fallada tras el descanso, solo pudo caer al costado en alguna ocasión para lograr dar continuidad al juego. Encontrar el espacio para que estos jugadores puedan aparecer y hacer daño entre líneas, y así no depender tanto de los costados o el juego de espaldas del delantero referencia, es una de las tareas pendientes del cuerpo técnico carbayón.

El regreso del balón parado

Hacía mucho tiempo que el Oviedo no hacía tanto daño a su rival en las acciones a balón parado. Desde el primer momento, los azules se impusieron en dicho aspecto y antes del minuto 10 Arribas ya pudo marcar el primer tanto, pero Marc Martínez lo evitó. El central madrileño se fue turnando con Grippo, Edgar, Borja Sánchez u Obeng. Daba igual: todos ganaban el salto a su marca.

Este peligro generado es imposible de explicar sin el buen hacer de los lanzadores, claro. Borja Sánchez y, sobre todo, Sergio Tejera pusieron buenos centros, medidos y con la potencia necesaria para que el trabajo del rematador fuese más sencillo. Pocos partidos se le van a escapar al carbayón, experto en no dejar que el rival conozca demasiado cómo para el portero azul, si la capacidad a balón parado es similar a la del domingo. 

La fatiga, el peor enemigo de las carencias

Después de que Javi Mier (en una jugada en la que apareció, que no es lo mismo que estar), Obeng y Viti fallasen lo que casi nunca se debe fallar si un equipo quiere ganar, el Oviedo notó el cansancio. Y con el cansancio, los defectos se hacen más visibles. A medida que pasaba el tiempo los gestos técnicos cada vez eran más complicados, las conducciones de Borja Sánchez menos peligrosas y Edgar perdió credibilidad en la medular. Con balón, el juego interior ni estaba ni se le esperaba.

El encuentro pedía decisiones en la banda, pero los primeros cambios de Ziganda llegaron pasado el minuto 70. Un poco tarde, quizás, para una primera jornada de Liga y en un Tartiere superando los 30º. El Cartagena, que abrió el campo en el descanso con la entrada de Nacho Gil, fue ganando presencia en el partido aprovechándose de los errores de los azules. Eso sí, aunque el partido ya no era el mismo, Femenías seguía sin estar exigido. A destacar, como casi siempre en los últimos meses, la seguridad que transmiten Arribas y Grippo. Se acabó el partido y, salvo un remate alto de Gil, no existió ni un 'uy' albinegro.

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