No me cabe duda que la cultura automovilística española, más en concreto la de los circuitos, nace de la mano de los éxitos de Fernando Alonso.  Antes de su triunfo en el Gran Premio de Hungría de 2003 solo unos pocos aficionados a la fórmula uno conocían de cerca este deporte. Y en esa época, La Voz de Asturias tuvo la suerte y el privilegio de narrar esos primeros pasos muy de cerca.

Hacía ya cuatro años del Campeonato del Mundo de Karting en Genk, Bélgica, y uno del título en la Fórmula Euro Open Nissan en Cheste, cuando el ovetense volvió a llamar a la puerta de los aficionados al mundo del motor en agosto del 2000. Parecía como si quisiera advertirles que había un tren que debían coger y no podían perderse. Tras una temporada irregular en el equipo Astromega, y un segundo puesto en la carrera de Hungría que supo a poco, sería Bélgica de nuevo la que reconocería el talento del asturiano. Fue el circuito de Spa donde en una tarde de sábado Alonso asombraba a propios y extraños alzándose con una victoria aplastante por delante de su compañero Marc Goossens. Al día siguiente, La Voz pudo recoger al joven piloto en el Aeropuerto de Asturias para secuestrarlo y llevarlo a las instalaciones que en ese momento tenía en el Polígono Puente Nora. Alonso acudió con el Trofeo de Spa y recibió de manos de José Carreño y un servidor la insignia de plata del periódico.

No era la primera vez que el asturiano acudía a la redacción de La Voz de Asturias, ni tampoco sería la última, pero si fue la ocasión en la que levantó más revuelo. Hasta entonces, sus visitas a LVA habían sido para aguantar largos interrogatorios de la Sección de Motor que formábamos Manolo Calleja y el que escribe. Ese día, toda la redacción nos preguntaba que a quien habíamos traído con una copa. Su rostro aun no era conocido por la gente de la calle, y ni si quiera por la prensa generalista, pero quedaba poco para que la situación cambiara y se volviera en un ídolo de masas.

Como mencionaba, Alonso nos había visitado antes. De hecho, nunca olvidaré el día en el que Alonso me confesó, tras más de una hora de charla en la redacción para un reportaje, que había dejado abajo en el coche a su novia de entonces, Rebeca. Así de protector era el ovetense con su vida privada, y así de cumplidor con sus obligaciones.

Fernando Alonso durante una entrevista en la redacción con Luis Manuel Reyes, Manolo Calleja y José Carreño
Fernando Alonso durante una entrevista en la redacción con Luis Manuel Reyes, Manolo Calleja y José Carreño

En esa época, la Sección de Motor tuvimos el privilegio de tener un trato cercano a él que, obviamente, los éxitos en la Fórmula Uno y la globalización de su carrera nos limitaron a nuestras visitas a los “paddcok” del Mundial. Quizás por eso, nunca dejamos de agradecer la colaboración que nos bridó en enero de 2001 antes de su debut en Melbourne con Minardi.

Desde la Dirección nos pedían algo especial para acompañar las previas de cada carrera en el año de su debut y, ni cortos ni perezosos, encerramos a Alonso en el estudio de radio que teníamos en la planta baja para grabar su opinión acerca de los 17 trazados que visitaría ese año. Algo que sería impensable hoy en día, y que, por aquel entonces, ya fue todo un logro. De hecho, fue su padre José Luis el que me confesó que por una colaboración similar a la que hizo con nosotros, ya le habían ofrecido cuatro millones de pesetas.

Más tarde, vinieron muchas jornadas de gran premio, primero esporádicas cuando mis jefes José Ramón Rodríguez o Imanol Argüelles me mandaban a cubrir las carreras en Montmeló, o en aquel mítico Hungría 2003, y luego las temporadas completas de Miguel Martínez. Pero La Voz de Asturias siempre estará agradecida al asturiano por esa colaboración especial en sus inicios.

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