Reescribiendo a Fernando Alonso

Fernando Alonso
Fernando Alonso

El fin puede ser el comienzo de una historia. Utilizo la paradoja para aplicarla a Fernando Alonso: quizá ha llegado el momento de reescribir su carrera en la F1, ahora que, salvo regreso taurino, dice adiós. ¿Es posible reescribir su impacto en la Fórmula 1? Demos aire al mito, perspectiva y contemplemos desde la altura la huella de Alonso, el ovetense más universal de este siglo. Nosotros, en este número de Ovetenses,  el suplemento en papel de la edición digital de La Voz de Asturias, miramos hacia atrás en su despedida. Retrocedemos a las calles de Oviedo que pateó a finales del siglo XX, los orígenes de una leyenda. En Oviedo se fraguó el mito: el colegio Santo Ángel, el Instituto San Lázaro donde coincidió con Melendi, la tozudez de un niño y el esfuerzo de sus padres, los golpes de fortuna y de talento. Lo repasamos de la mano de José Luis Echevarría, su mentor. Rememoramos el origen de un chaval que paseaba soñando por el Campillín imaginando curvas cerradas y trazados imposibles.

18 temporadas en el gran circo de la velocidad pasan rápido y en este lapso se han acumulado éxitos y fracasos. Todos ellos han sido amplificados (exagerados o distorsionados), como suele pasar con los héroes deportivos, como sucedía hace milenios con Héctor en la Iliada o el Aquiles homérico. Nada nuevo bajo el sol.  ¿Reescribir a Fernando Alonso? Demos tiempo al mito y vayamos digiriendo su carrera hacia los personajes secundarios: el propio Echevarría, Genís Marco, Briatore, Ron Dennis, Lewis Hamilton, Luca di Montezemolo, Felipe Massa, García Abad, Eric Boullier…   Minardi, Renault, McLaren, Ferrari. Fichajes afortunados, otros no tanto, decisiones correctas y errores evidentes: ya se sabe que a toro pasado somos todos Manolete. Mientras tanto, una ciudad, Oviedo se acostumbró a saludar los éxitos de su vecino. En noches alargadas con café, madrugones intempestivos de fin de semana, comidas aceleradas y sobremesas con olor a  gasolina. Toda una generación aprendió así los conceptos mínimos con los que lidiar con la F1 (y me incluyo).

La historia de Alonso forma parte del diccionario biográfico de miles de carbayones, que durante años ajustaron sus vidas al compás de los triunfos de un piloto que siempre ha sido más que un piloto, con sus filias y sus fobias. Aquel niño que con siete años era ya campeón infantil de karts, un superdotado del volante. Las cualidades innatas: reflejos, fuerza física y mental para aguantar la presión, resistencia aeróbica y anaeróbica para soportar 190 pulsaciones por minuto, liderazgo de grupos, conocimiento mecánico para ser un gran probador. Toda una amalgama de cualidades. En este número de Ovetenses hacemos pues un recorrido sentimental: también sus primeros galardones, cuando La Voz de Asturias le entregó su insignia de plata cuando casi era un mocoso. Se acaba la F1, pero llegan otros retos. La Voz se los contará.

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