Ferrari, un polvorín interno en una temporada clave

Los cambios en la directiva y la llegada de Leclerc no han ayudado a calmar los ánimos en una Scuderia donde Vettel está cada vez más señalado


Tres órdenes de equipo, una 'pole' y dos podios. Ese es el resumen del botín que ha logrado Ferrari en las tres primeras carreras de la temporada, en las que el equipo italiano ha salido mucho más criticado de lo que se esperaba. No sólo no han mostrado la superioridad que habían mostrado en pretemporada, que ha derivado en tres dobletes para Mercedes, sino que además son sus actitudes en la pista las que han dejado muy tocado al joven reinado de Mattia Binotto.

Aunque quedan aún muchas carreras por delante, Ferrari es la gran señalada. Una escudería que se antoja como la gran favorita para cualquier campaña, máxime este año, ha visto cómo en tres carreras Lewis Hamilton y Valtteri Bottas se escapan, mientras ellos siguen atrapados en guerras intestinas entre sus dos pilotos. De momento, Sebastian Vettel y Charles Leclerc han mostrado al mundo una cordialidad pública que parece más impostada que real. El monegasco ha resultado ser mucho menos dócil de lo que el alemán hubiera deseado, y las decisiones desde el muro de beneficiar al tetracampeón por delante del novato han generado un cierto enfado que apunta a ser volcánico cuando estalle.

Leclerc afronta en su segunda temporada como piloto de Fórmula 1 el reto de ser el acicate para Vettel. Así era, al menos, lo que le habían descrito. No iba a pelear con su jefe de filas hasta bien entrada la temporada, ya que en teoría iba a tardar unas cuantas carreras en adaptarse al nuevo equipo. Nada más lejos de la realidad: desde el primer día ha puesto contra las cuerdas a un Vettel que se esconde en su cada vez más tupido bigote y se escuda en su palmarés para justificar que sus jefes le beneficien en cada carrera.

Si bien las órdenes de equipo son algo común en la Fórmula 1, su uso indiscriminado e injustificado es lo que más críticas puede generar. Ocurrió en Rusia 2018, cuando privaron a Bottas de su victoria en favor de un Hamilton que ya tenía bastante encarrilado el título, por citar un ejemplo reciente, y ahora se ha usado en las tres primeras citas del campeonato 2019 desde el muro de Ferrari. A Leclerc le ha tocado asumir su papel de segundo frente a un Vettel que exigió desde el primer momento tener el estatus de líder. Al recién llegado le avisaron en China de que su compañero venía más rápido, y debía dejarle pasar, pero no le dieron tiempo a apretar para separarse siquiera antes de ordenarle que se apartase.

Binotto, que estrena el máximo cargo ejecutivo en este 2019 tras una vida entera dedicada en cuerpo y alma a Ferrari, tiene un papelón. Es consciente de que está llevando al límite la paciencia de Leclerc, pero quizá no lo es tanto de hasta qué punto puede arrepentirse. No hay nada más peligroso y desestabilizador en un equipo de Fórmula 1 que un joven con ganas de demostrar su valía frente a un campeón en horas bajas y muy señalado. «Si Charles está molesto, tiene razones para ello. Lo siento por él, pero quizá la próxima vez la ventaja sea suya», decía tras la carrera de Shanghái.

Y es que más allá de las órdenes de equipo, que se pueden justificar desde un punto de vista contractual y de veteranía en el equipo, fue la estrategia utilizada con Leclerc la que dejó muy tocadas sus opciones. La tardanza en hacerle entrar en 'boxes' le impidió pelear con Max Verstappen, que sigue exprimiendo al máximo un Red Bull que a priori debería sufrir más con el nuevo motor Honda. El enfado de Leclerc tras la carrera era más por este punto que por las órdenes, que al fin y al cabo van en el sueldo.

La cita de Azerbaiyán, próximo escenario de la Fórmula 1 para su carrera 1.001, servirá para que se viva otra refriega en el equipo italiano. Pocos dudan de que la batalla interna en la escuadra del 'Cavallino Rampante' va a seguir candente. Mientras, en Mercedes, cogen las palomitas.

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