«Hay que joderse. Del barrio y lo conocía»

Los vecinos de Somió se muestran asustados por la detención de un amigo del joven atropellado la madrugada del sábado

Calle de Somió en la que vivía Juan Fombona el joven que falleció atropellado.Calle de Somió en la que vivía Juan Fombona el joven que falleció atropellado
Calle de Somió en la que vivía Juan Fombona el joven que falleció atropellado

Redacción

«Hay que joderse. Del barrio y lo conocía. Amigo suyo». Cada frase va acompañada de un golpe de rabia en la barra del bar. En Casa Víctor, junto a la plaza de Villamanín, en el corazón de Somió, no hay mucha concurrencia a media mañana, con la noticia aún reciente. Los parroquianos se enteran según van llegando: la Policía Nacional ha detenido a un amigo de Juan Fombona como presunto autor del atropello que le costó la vida en la madrugada del domingo. El propio Fombona podría haber sido perfectamente uno de ellos de no haber mediado la desgracia que tiene conmocionado a todo Fojanes, un tranquilo barrio residencial de la parroquia gijonesa de Somió. Del detenido no dicen mucho. Dicen no conocerlo. Pero del muerto sí: un subrayado más sobre su bonhomía y sobre el cariño que se le tenía en todas partes: «Era un buen chaval, del barrio de toda la vida. Solía tomar el café ahí mismo», dice el dueño del pequeño establecimiento, señalando una mesa frente a la barra.

En las calles de Fojanes, apenas a medio kilómetro del punto donde se produjo el atropello, casi no se vislumbran peatones pero sí un intenso tráfico de automóviles. Es una zona de viviendas unifamiliares en la que alternan las casonas señoriales y otras más humildes, casi rurales. Los pocos transeúntes que circulan a pie no tienen muchas ganas de hablar de lo sucedido. Se mueven aún entre la conmoción y la indignación. Pero ya estan al tanto de las noticias: esos sentimientos encontrados se han intensificado al saber que se conocían y que incluso eran amigos. «Quién sabe lo que le pasó por la cabeza; quizá la mezcla del alcohol y el impacto del atropello, y entró en pánico», conjetura uno de los vecinos a la puerta de su domicilio. No hay conjeturas sobre otro extremo: «Lo único seguro es que hoy hay aquí dos vidas destrozadas y dos familias destrozadas». Dicen no saber exactamente dónde vivían ni la víctima ni el detenido, pero todos coinciden en que «muy cerca» el uno del otro.

También se habla del asunto en otro punto de Somió. SIguiendo la misma acera por la que Juan Fombona caminaba en dirección a su domicilio al ser alcanzado, unos doscientos metros hacia la carretera del Infanzón, está abierto alguno de los históricos pubs de la zona donde solía acudir y donde apuró su última noche en compañía de A. A. S., su amigo y el presunto autor del atropello. Los conocían como clientes o de vista.

«Esa noche no acabaron en El Güito sino en el Baffi», apunta un parroquiano, que conjetura que el automóvil que supuestamente conducía A. A. S. «era un BMW» y que «el golpe tuvo que ser brutal» para que lo escuchase el guardia de seguridad de una de las fincas de la zona que dio aviso del suceso. Lo que es también evidente es el peligro que puede correr cualquier viandante que camine de noche por el tramo de la avenida de Dionisio Cifuentes donde se produjo: una acera estrecha y con farolas de la que no sería demasiado difícil bajarse en un descuido o, a la inversa, invadir en una hipotética pérdida de control de un automóvil.

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