«Nos apetece programar cine cálido, cine que siga con amor a sus personajes»

Alejandro Díaz Castaño, director del Festival de Cine de Gijón, reflexiona sobre los contenidos de su segunda edición al frente del certamen a una semana de su inauguración

Alejandro Díaz Castaño, en la nueva sede del Festival de Cine de Gijón en la Antigua Escuela de Comercio
Alejandro Díaz Castaño, en la nueva sede del Festival de Cine de Gijón en la Antigua Escuela de Comercio

Gijón

«Parece mentira todo lo que se puede llegar a hacer en un día». Alejandro Diaz Castaño recibe con esa frase mientras muestra al visitante las nuevas dependencias del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) en la primera planta del recién reabierto edificio de la Escuela de Comercio. Todo el mundo tiene estos días en ellas esa misma sensación de hiperactividad y jornadas que se alargan al infinito. Pero el 16 de noviembre está a una semana, y llegará, y con él la jornada inaugural de la quincuagésimo sexta edición del certamen. Díaz Castaño conoce muy bien todo ese estado de excitación antes de la batalla en el que todo se agita con movimiento uniformemente acelerado mientras se acerca la fecha. Lo ha vivido muchos años en Gijón o en Sevilla con las responsabilidades del programador, pero este es solo el segundo año en el que lo hace como máximo responsable de todo el tinglado: director del mismo certamen donde se formó como espectador y como profesional. Y parece estar satisfecho de lo que está en condiciones de ofrecer en esa segunda prueba de fuego. Aunque también sabe que este año se le exigirá más. El de su debut, el nombramiento le llegó tan tarde que hubo que armar el festival en tiempo récord. Esta vez ya ha tenido todo un año para intentar plasmar en el FICX el proyecto que tenía en la cabeza y que le llevó a ganar el concurso para dirigirlo.

-¿Hasta qué punto lo ha conseguido?

-Hombre, aún queda camino por recorrer porque uno nunca logra el cien por cien de lo que pretende en nada la vida. Queremos ser ambiciosos con el festival, porque el festival se lo merece por trayectoria y por importancia para la ciudad, a nivel nacional e internacional. Pero estamos contentos; por un lado con la actividad anual, algo que estoy subrayando porque es un trabajo que se hace durante todo el año y que ha mejorado mucho las relaciones con otros festivales y a nivel asturiano, y con mucho más público que el año anterior. Y por otro, por lo que ya respecta específicamente al festival: aumenta el número de estrenos, aumenta el número de pases, tenemos una sala más en la Antigua Escuela de Comercio y en el programa hay películas de las más esperadas del año.

-¿Por ejemplo?

-La peli con la que Paul Dano debuta como director, Wildlife; la apertura con Yorgos Lanthimos; las dos películas del maestro Hong Sang-soo, y las dos rumanas, de Radu Muntea y Radu Jude... son muchas. Espero que no sea inmodesto decirlo, pero para mí es la mejor edición que he hecho en un festival en el que yo haya trabajado: la más cercana a lo que quiero hacer, al tipo de cine que nos interesa y que nos gusta, aunque el gusto no tenga que ser el criterio del programador, como recoge aquel decálogo sobre la programación de festivales de la que hablamos en su momento. Además, están las programaciones paralelas y las jornadas de industria, que son para nosotros muy importantes.

-Lo que ya se ha visto claro es un concepto de 'festival expandido'. En el tiempo, con la actividad para todo el año, y también en las actividades. Ya no solo se trata de ir a las salas, ver las películas y salir un par de noche de fiesta. ¿Apunta hacia ahí la personalidad de su FICX?

-Las proyecciones son el núcleo de todo, claro. Lo que importa es que sean de buenas películas y que sean de calidad. Es algo en lo que hemos mejorado. Aunque se haya dispersado el festival, en los cines Yelmo hemos mejorado la calidad técnica de las proyecciones, es una evidencia. Y alrededor, en círculos concéntricos, está todo lo demás: actividades, invitados que participan cada vez más... Algunos de ellos presentan sus películas y participan además en las jornadas de industria. Queremos que nos expliquen cómo hacen las películas desde distintos ámbitos de la profesión. También escuchar a programadores, a miembros del jurado… aprovechar a la gente que viene. Por ejemplo, este año, en cuanto a programadores vienen dos de la Quincena de Relizadores de Cannes, miembros del comité de selección, o la diectora de Viennale, el festival más importante de Viena. Queremos que estén en contacto con los profesionales, pero también con cualquier persona interesada. Hay sesiones para acreditados de industria y otras de acceso libre. Pero la acreditación de industria no tiene coste, y si alguien tiene interés realmente en hacer cine, aunque todavía no haya hecho nada, la puede gestionar.

-Y reforzando su conexión con otros festivales e instituciones. Por ejemplo, la Universidad.

-Lo mismo. Hay algún cineasta que viene específicamente para ello, como Javier Rebollo, que va a estar dando esos cursos tan apasionantes y apasionados que da siempre, y luego otros como Johann Lurf o Iratxe Fresneda que presentan sus pelis y luego van a la Universidad a tener contacto con una fracción del público que está siendo de las más complicadas ahora mismo a la hora de llevarla tanto a las salas comerciales como a los festivales de cine.

-¿El público universitario?

-Sí. Son franjas de edad en las que, en las últimas generaciones, las plataformas de streaming sobre todo están teniendo bastante impacto.

-O sea que aquello del FICX como «festival joven» ha envejecido...

-Hombre, una buena parte de nuestro público siguen siendo los casi 15.000 niños de Enfants Terribles, que eso evidentemente siempre está tenemosahí. Pero sí que es verdad que, en general, a medida que han ido pasando los años se ha hecho más difícil atraer a esa fracción de público a las proyecciones, y eso lo sé también por compañeros de otros festivales. Por eso es tan importante la colaboración con la Universidad e intentar atraer a esos espectadores llevándoles allí también el festival.

-¿Qué les 'vendería' como específico del cine como lenguaje o arte frente a esas otras narrativas y medios? ¿Por qué un universitario que ahora mismo está mirando otras pantallas debería mirar también hacia la pantalla grande?

-Por un lado, está la experiencia colectiva, que me parece importante que no se pierda. A mí me encanta ver películas en mi casa, pero yo creo que la sinergia que se crea con un público no es igual. Recuerdo, por ejemplo, casos de cineastas que se habían enterado de que le íbamos a hacer un pase al jurado de la película y pidieron que el jurado la viera con el público. Si un cineasta quiere eso, por algo será. La película es la misma, pero con el público se genera algo más vivo, más orgánico. Y luego quizá sea una idea romántica, pero está esa parte del disfrute de una proyección de cine, aunque ya no sean película sino archivos. Seguir manteniendo viva esa ilusión de una proyección que tiene el público. De hecho, buena parte del público seguramente no sabe que existe ese cambio de película a archivo. Cuando ves imágenes y logos sobre cine sigues viendo la cámara, el celuloide… siguen siendo los iconos. Pero es importante disfrutar de películas hechas para la gran pantalla en la gran pantalla. Muchos de los cineastas piensan que la obra tiene que verse en el formato para el que fue creada. Es igual que la distancia que hay de un cuadro a una reproducción pequeñita del cuadro. La Gioconda real a su tamaño no es la Gioconda en una foto, y no digamos ya en un móvil… Ahí sí que estoy ya totalmente de acuerdo con David Lynch -ahí y en otras muchas cosas- en que esa es una frontera que no podemos sobrepasar.

-Acostumbrados a series donde la narrativa se dilata durante decenas de horas, ¿la hora y media o la dos horas de la película resultan quizá insatisfactorias?

-Claro. Está relacionado a veces con tener series y poder verlas de continuo, como se puede hacer en algunas plataformas. Puedes llegar a hacer maratones de horas; de diez horas, por qué no. Ese es mi récord (Ríe). Pero hay conceptos muy clásicos, como el planteamiento-nudo-desenlace -aunque no vayan en ese orden, como decía Godard-, estructuras narrativas que quizá se están desdibujando. Por eso incluimos también en la selección películas más cercanas a esa narrativa más artesanal, como las francesas de Sección Oficial -Les confins du monde y Le prière-, muy distintas a las francesas que pusimos el año pasado. Seguimos teniendo a autores más «intelectuales», pero también nos interesa mantener ese cine porque las nuevas generaciones cada vez conocen menos el arte de construir la narración cinematográfica, que se está perdiendo. Es algo que ves en cineastas jóvenes, que te mandan películas en las que ya no hay casi ni rastro de aquellas normas. Este año, por ejemplo, he visto otra vez Chantaje en Broadway, que me parece una obra maestra increíble. La había visto hace mucho tiempo, y cada vez que la veo es más moderna, y además sobrepasándonos. Y me daba cuenta de que realmente, si una película como esta la vemos en un festival hoy, estaríamos encumbrándola todos como la mejor del año.

-Y no lo era, necesariamente. Seguro que hubo otras cuantas al menos tan buena como ella aquel año, por no hablar de la historia del cine...

-Está seguramente en un top 50, un top 30 de películas de esa calidad. Todo ese conocimiento, toda esa artesanía, creo que las nuevas generaciones tienen que conocerlas. Te das cuenta de que los referentes de los directores más jóvenes raramente van más atrás de los años 70, quizá alguna vez en los 50… cine mudo, ni lo ven. Muchos de ellos quizá nunca lleguen a ver una película muda. Por eso hemos metido, por ejemplo, Amanecer este año en nuestra colaboración con LABoral Cinemateca; porque es increíble, porque en ella se ve el desarrollo impresionante que tuvo la narrativa en el cine mudo… Hay que tener ese contacto. Mientras esté trabajando en festivales me gustaría seguir contando con películas en celuloide y quizá es un camino para intentar crecer un poco en alguna actividad durante el año que recupere ese cine con un punto didáctico.

-¿Quiénes son los referentes ahora?

-Hablando con profesores de escuelas de cine nos cuentan que los mayores referentes ahora mismo son Xavier Dolan y David Fincher. Esos son sus puntos de referencia. Son dos muy buenos directores; pero falla el conocimiento de un cine y una forma de narrar que se van perdiendo.

-Habla de formas, de arquitectura. Respcto a los contenidos, defendía en la presentación de este FICX, al menos para su Sección Oficial, un cine «humanista», un cine «que no sea cínico», frio, caústico... en un festival en el que sí se ha visto mucho cine en ese último tono.

-Eran épocas muy distintas. Creo que también tiene que ver con la distribución del cine. Tal y como veo yo la evolución de la distribución, hace 20 años existía un cine muy comercial, un cine en pleno auge de los efectos especiales, sin hueco para autores que era imposible ver en cine comercial ni en video ni en DVD. Había autores imposibles de ver y el Festival de Cine de Gijón ayudó visibilizar a muchos de ellos. Hablo qué se yo, de Aki Kaurismaki, de Todd Haynes… Cualquier película que hagan va a ir a sección oficial del festival que quieran porque son dos maestros. Pero ahora mismo la situación ha cambiado, y también el cine que se hace, y algunas de aquellas formas de entender el cine: aquellos cineastas que hacían un cine como el de Michael Haneke, que no voy a decir que sea cínico, pero sí representante de un cine que entonces transmitía una cierta desconfianza en la humanidad, un cine frío con una mirada muy analítica, muy entomológica. A mí me siguen gustando esas películas, pero el propio Haneke en su última película, Happy End, hace casi una comedia. O Ulrich Seidl que también triunfó aquí también deriva hacia el humor, sigue siendo provocador, pero cada vez más escorado hacia el humor. Y no es que no vaya a haber películas en el festival que puedan tener un enfoque más agresivo, pero nos apetece mucho programar películas que se identifican con sus personajes, que no dejan detectar el cinismo del director que decide torturar o diseccionar a su personaje como a un mosquito. Es importante, por ejemplo, el caso de Lanthimos. La favorita, la película que vamos a ver en el Festival de las suyas aquellas de las que permite sentir más emoción, más empatía con los personajes, y generarte unas emociones que para mí son nuevas en su cine y que hacen que sea su mejor película. Siempre me ha parecido un creador de formas, impresionante, pero le había echado de menos lo que tiene La favorita. Por eso creo que es de las mejores inauguraciones posibles.

-Tampoco el clima histórico, político, social… es el de mediados o finales de los noventa. ¿Necesitamos más que entonces que el cine transmita empatía, experiencias humanas de otros, cierto tipo de valores?

-Es así. A lo mejor es salirse un poco del tema, pero creo puede verse por ejemplo en la evolución de las series de humor. Recuerdo que Los Simpson, que empezaron emitiéndose en La 2 porque quizá tenían un contenido un poco fuerte, acabaron pasando al mediodía con total tranquilidad. Pero luego ya no eran Los Simpson; era Padre de familia, que va muchísimo más allá. Y soy un gran fan de Seth MacFarlane, aunque admito que a veces haya tenido reparos morales con algunas de sus bromas. Pero es que ahora proliferan series que van aún más allá. No lo digo como censura, sino como observación. Vemos que es un humor con unas dosis de crueldad cada vez mayor; algo que en el campo del humor, aunque se pueda discutir, puede tener su público y su terreno. Pero habla también quizá de una insensibilización que se va creando en nosotros. Como también por lo que vemos en los noticiarios, por el consumo de imágenes reales de todo tipo de violencia, no solo física… Está bien que se programen películas que tengan esa calidez. Por ejemplo Tizza Covi y Rainer Frimmel, que tienen una forma de seguir a los personajes que es como un neo-neorrealismo, aquello de lo que hablaba Roberto Rosellini de «seguirles con amor en todos sus descubrimientos». Así describía él lo que hacía. Y esa es la idea.

-Cine español y asturiano en posiciones de verdadero lucimiento este año.

-Era uno de los objetivos desde el principio. Un festival que está en España y que está en Asturias tiene que tener compromiso con los cineastas españoles y con los asturianos. Cada vez se programa más cine español en todos los festivales, no somos los únicos. No hay más que ver la Sección Oficial de San Sebastián, que tienen todos los años tres títulos seguros y les sobran… Es un compromiso que había que tener con ese cine español en muchos casos autoproducido y autodistribuido. El año pasado tuvimos 8 largometrajes, este tenemos 13, y se han quedado fuera películas muy interesantes pero que finalmente no hemos podido asumir por una cuestión importante: queremos un festival bien dimensionado. Yo no quiero aumentar el número de películas, sino la calidad de las películas y la calidad de los presentaciones y de la gente que viene. Crecer demasiado con la estructura que tenemos sería malo para todos, empezando por quienes trabajamos en el Festival. Y para las películas, desde luego, porque cada una tiene que tener su espacio. En el caso del cine asturiano, respecto a mi primera etapa 2009-2011, creo que la calidad ha evolucionado a mejor clarísimamente. Quizá hayan sido dos años de buenas hornadas, nunca sabes, igual el año que viene hay menos películas porque se produce menos. Pero hay muy buen nivel y todas las películas están en las diferentes secciones por méritos propios. Hay cinco películas asturianas en secciones competitivas, y es el 50 por ciento de las películas españolas. Son muy buenas noticias. Se está haciendo un trabajo muy bueno sobre todo en el campo de la no-ficción, que es el que más permite una industria asturiana que aún necesita desarrollarse. Las películas están por méritos propios.

-Nada de cuotas.

-Nada de eso, incluso se quedaron pelis fueras

-Esto es todo lo que siente que ha conseguido hacer para este primer año de plena dirección. ¿Lo que se ha quedado con gana de hacer?

-Algunas cosas. Pero no las puedo decir porque espero que puedan salir para el año que viene.

-Ya me las dirá dentro de un año.

-En eso quedamos.

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