Al rescate de dos cabras que deambularon durante días por La Providencia

Entraban en las propiedades y «podaban todo lo que encontraban», por lo que vecinos de la zona avisaron a la Policía, que a su vez contactó con la ONG Mundo Vivo para que se hiciera cargo de los animales

Las cabras, tras su rescate
Las cabras, tras su rescate

Gijon

«Llevaban cuatro o cinco días metiéndose en los chalets y podando los jardines, los rosales y todo lo que encontraban», explica el veterinario Luis Bernardo, de la ONG llanisca Mundo Vivo, que atiende a todo tipo de animales abandonados y que, en esta ocasión, se ha hecho cargo de una pareja de cabras que trajeron de cabeza en la última semana a varios vecinos de La Providencia. «Los vecinos avisaron a la Policía y las estuvieron buscando por todos los medios hasta que por fin aparecieron en una de las viviendas y consiguieron encerrarlas en un cenador», añade.

Las cabras, un macho y una hembra, iban de un lado a otro saltando vallas y cercados y, con suerte, no hubo que lamentar ningún accidente en la vía pública. Solo los daños causados en las zonas verdes de las propiedades en las que entraban. La Policía Local de Gijón daba con ellas por fin el pasado miércoles y daba aviso a la ONG Mundo Vivo para que se hiciera cargo de ellas. «En una hora nos plantamos allí y las cogimos. No están en buenas condiciones. El macho tiene, por ejemplo, sarna en la cabeza», dice Bernardo, que agradece la colaboración y la implicación con los animales de la Policía gijonesa.

Los animales están sin identificar y, en este sentido, Bernado recuerda que la legislación española establece la obligación de identificar a este tipo de animales mediante crotales con su correspondiente código de identificación. «No sabemos de quién pueden ser y me imagino que nadie las reclamará porque, además de asumir los daños a los vecinos, tendrían que pagar los servicios de recogida y cubrir una multa por no estar debidamente identificadas», indica, sin pasar por alto que, al deambular por las carreteras y los caminos, la responsabilidad derivada de un posible accidente lógicamente también recae en el propietario o propietarios.

En todo caso, como establece la ley también, la ONG tiene que dejar pasar los ocho días reglamentarios para que alguien las reclame y, si no aparece nadie, pasarán a ser de su propiedad. «Ahora mismo están en nuestro santuario, pero en cuanto pase ese periodo se les buscarán adoptantes», explica Bernardo. Los posibles adoptantes, matiza, deberán quererlas y tratarlas como mascotas y así se recogerá en el contrato de adopción.

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