Así es la economía azul hacia la que mira el Poniente gijonés

La estrategia para el aprovechamiento sostenible de los recursos marítimos centra el proyecto de recuperación de los terrenos de los antiguos astilleros y el entorno degradado de la costa Oeste de la ciudad

Un barco, entre los molinos de viento frente a las costas de Copenhague
Un barco, entre los molinos de viento frente a las costas de Copenhague

Gijón

Gijón quiere pintar en azul la revitalización económica y urbana de su litoral oeste. La franja de terreno donde, hasta hace unos años, prosperaron los astilleros de la ciudad y sus industrias auxiliares proyecta su regeneración poniendo en su centro la llamada economía azul. La consultora Nuve presentaba esta semana un informe elaborado para Gijón Impulsa en el que se concretaban -una vez aprobado el Plan General de Ordenación y preservada la singularidad de la zona- los planes de uso y la fisonomía del tramo comprendido entre la última factoría naval, Armón, y los antiguos terrenos de Naval Gijon: una zona lúdica y deportiva, un área reservada para el proyecto de campus del mar y tres edificios-barco de oficinas para empresas relacionadas con el sector azul. Pero, ¿qué es exactamente la economía azul y en qué se basan las expectativas puestas en su crecimiento en Gijón?  

Bajo ese nombre se agrupan todas las actividades basadas en la explotación de los recursos de los mares, tanto las tradicionales -pesca y sus derivados, extracción de petróleo y gas natural, transporte marítimo, actividades portuarias, construcción naval y turismo costero- más otros cinco sectores innovadores de gran potencial económico: energía azul -eólica, de as olas y de las mareas-, acuicultura, turismo costero y marítimo, biotecnología azul y minería de profundidad en lechos marinos. El interés de todas estas actividades, interrelacionadas desde un punto de vista «sostenible, inteligente e integrador» ha alcanzado categoría estratégica para la Unión Europea, que desde 2012 las ha englobado bajo en la Estrategia Europea 2020 bajo el epígrafe de Crecimiento Azul y con un especial interés en el fomento de la investigación y el desarrollo tecnológico vinculado a ellas. A su vez, y de un modo equiparable a la llamada «economía verde», la economía azul se inscribe en las Metas de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Los datos económicos

Pero toda esta literatura institucional se apoya en datos económicos, más contrastados en lo que se refiere a los sectores tradicionales y aún faltos de concreción, pero con tendencias que apuntan hacia un potencial en crecimiento, en los más innovadores. Así se recoge en el último Informe económico anual sobre la Economía Azul en la UE 2018, que refleja que, en 2016, el conjunto de la economía azul sumó en los 28 una facturación de 566.000 millones de euros -un 1,3% del Producto Interior Bruto de la UE-, generó 3,5 millones de empleos y un valor añadido bruto de 3.000 millones de euros de 174.000 millones de euros.

De ese global, a España le corresponden casi 700.000 empleos y alrededor de 3.000 millones de euros en Valor Añadido Bruto (VBA), con el turismo generando el 77% por ciento de empleos, el 75,5% del VBA y el 84% de los beneficios. El otro puntal azul tradicional en España son los recursos marinos, a los que corresponden 17% de los empleos y 14% del VBA. La posición española es muy desigual muy desigual en relación a cada uno de los sectores: lidera todos los vinculados a la pesca salvo la venta al por mayor -pesca, acuicultura, procesado y venta al pormenor- y presenta aportaciones muy destacables en la construcción de infraestructuras relacionadas con los puertos, reparación y mantenimiento de embarcaciones. En conjunto, la aportación al PIB de la economía azul se ha incrementado un 7% desde 2009, creciendo con más rapidez que la media europea, e incluso ha mantenido una tendencia al crecimiento del empleo en el contexto de la crisis, con sueldos también en aumento que rozaban los 20.000 euros anuales de media en 2016.

Los sectores emergentes

Pero todas las miradas están puestas, y también será así en el proyecto gijonés, en los sectores emergentes de la economía azul; emergentes, precisa el Informe de la UE, «en el sentido de que aún tienen que mostrar su pleno potencial». Faltan datos tan contrastados como los de los sectores tradicionales, pero la OCDE y la Comisión Europea no dudan de que estos sectores presentan «tendencias interesantes y claro potencial».

El primero de los dos organismos estimaba una facturación en la UE de 2.800 millones de euros que habían crecido hasta los 4.600 en 2017. Solo sectores como la explotación de las algas para la obtención de biomasa generaban en 2016 empleo para 14.000 personas y 1.690 millones de euros de facturación, incluyendo la investigación y desarrollo y la producción de equipamiento relacionadas con esa actividad.

Otras, como la desalinización o la explotación minera de los lechos marinos tienen aún por perfilar todo su potencial. No han dudas, sin embargo, sobre el vigor económico de las energías marinas renovables, de las que cada tanto se ha hablado como recurso para el litoral asturiano. De hecho, han demostrado ser el sector «que crece con más rapidez» según el Informe: en 15 años, desde 2002 a 2017, se ha pasado de 0,5 a 15,8 Gigavatios de generación en 3.600 emplazamienos de 10 países, el 10% de la energía eólica que se produce en Europa, con unas expectativas de alcanzar los 25 Gw en 2020. El sector duplicó empleos directos entre 2014 y 2016 y supera, con 160.000 trabajadores, los de la flota pesquera de la UE. Uno de los retos con «enorme potencial» las plataformas flotantes «en particular en aguas profundas del sur de Europa».

También están en expansión la energía oceánica proveniente de oleaje y mareas, aunque aún a mucha distancia. No obstante, el Informe plantea unas expectativas que esperan obtener de este recurso -con singulares posibilidades en un entorno como el del litoral cantábrico- nada menos que un 10 por ciento de las necesidades energéticas de la UE, alcanzando los 100 Gw. En torno a este campo, se espera un bullente desarrollo de tecnologías e investigación, con importantes aportaciones de financiación pública a las que conviene estar atento, incluyendo las del Banco de Inversiones Europeas. En este momento, no obstante, la inmensa mayoría de los inversores son privados.  

Y, finalmente, resta el sector de la bioeconomía azul, que se centra en el uso de recursos biológicos renovables como peces, algas y microorganismos para la producción de alimentos, materiales y energías en el sentido más tradicional, pero también, en un territorio más innovador, aplicaciones para la farmacia, la industria textil y química, los combustibles y la salud, incluyendo vacunas y medicinas avanzadas para tratar trastornos del crecimiento o metabólicos, esclerosis múltimle, artritis reumaoide, cáncer o Alzheimer. Las sinergias con empresas y líneas de investigación ya existentes en territorios como el Parque Científico y Tecnológico de Gijón son evidente, así como las conexiones con otras instituciones existentes el proyecto del campus de Ciencias del Mar. En otro frente, el uso de algas para la producción de biomasa genera ya 14.000 empleos en Europa.

Además de la falta de datos de base que recalca una y otra vez el Informe, la otra gran cuestión -como se destacaba en la presentación del proyecto el pasado martes- es la de la financiación. Por una parte, y más sobre el terreno, la que se requerirá necesariamente de fuentes públicas para urbanizar y edificar el complejo en la fachada de Poniente, un suelo que el PGO ha dejado fuera de la explotación inmobiliaria y que, por tanto, tendrá poco tirón para inversores privados. Por otra, y más de fondo y en general, la carencia de fondos que diagnostica por el momento el Informe, que apunta «a una falta de financiación pública y privada para el pleno potencial de estos sectores». Hará falta mucha decisión política y mucha capacidad de persuasión ante el sector privado para convencer a potenciales inversores que el azul es el color por el que deben apostar para el futuro de ciudades como Gijón.

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