Asturias Laica dice que el PP «desprecia a los creyentes» en su defensa de la Bendición de las Aguas

J. C. G. GIJÓN

GIJÓN

Gómez Cuesta, de espaldas, durante su discurso en el Campo Valdés, con la pancarta de Asturias Laica al fondo
Gómez Cuesta, de espaldas, durante su discurso en el Campo Valdés, con la pancarta de Asturias Laica al fondo

El presidente de la entidad laicista, Luis Fernández, sale en defensa de la decisión de la alcaldesa de no acudir a la ceremonia del 29 de junio y replica a López-Asenjo en su defensa del «respeto a las tradiciones»

19 jun 2019 . Actualizado a las 18:17 h.

El presidente de Asturias Laica, Luis Fernández González, ha defendido la decisión de la nueva alcaldesa de Gijón, la socialista Ana González, de no asistir a la ceremonia de la Bendición de las Aguas el día de San Pedro, en línea con las demandas y movilizaciones realizadas durante los años del mandato de Foro en la ciudad por la entidad que preside. Pero lo ha hecho indirectamente, dando respuesta a través de un escrito a las declaraciones del portavoz del grupo municipal del Partido Popular, Alberto López-Asenjo, en las que este criticaba la decisión de la regidora con los argumentos de que el festejo en cuestión «trasciende lo estrictamente religioso» y que «quien no respeta a sus tradiciones, no se respeta a sí mismo». Una posición esta última que «nos obligaría a seguir realizando ejecuciones en la plaza pública, a mantener a la mujer como "ángel del hogar", a negar lel matrimonio entre personas del mismo sexo... y a la renuncia a un sinfín de derechos civiles que se han ido conquistando con la superación de tradiciones».

«Haciendo un paralelo con su rotundidad había que afirmar: “quien no somete a la crítica a sus tradiciones renuncia a su condición de ser racional”»,  replica el presidente de Asturias Laica, que recuerda que la «supuesta tradición» que cada año alimenta la polémica política en Gijón es «una costumbre cambiante de fecha y justificación, cuyo formato actual es relativamente reciente, y que tiene como único soporte estable la petición de amparo».  

Invoca Luis Fernández la Constitución para recordar que «el Estado se prohíbe a sí mismo cualquier concurrencia, junto a los ciudadanos, en calidad de sujeto de actos o de actitudes de signo religioso»; una norma que a la que se opone la actitud de «aquellos que, teniendo que ser servidores públicos (es decir, de todos) consideran que representan sólo a una determinada confesión (por supuesto, la verdadera), y actúan en consecuencia».

«Frivolidad» hacia los creyentes

Pero no solo eso. Asturias Laica da, a través de su presidente, una vuelta de tuerca más a las declaraciones de López-Asenjo y le acusa de «frivolidad» por «despreciar a los verdaderamente creyentes, quienes, después de asistir a una ceremonia destinada a convertir el pan y el vino en la carne y la sangre de su dios, salen a la orilla a implorarle por su futuro (al menos todo eso dice el oficiante)». «Algo tan singular según sus creencias es “trascendido”, según López-Asenjo, por la costumbre repetida de salpicar el mar», interpreta Luis Fernández, para quien el portavoz popular «entiende que la justificación de su asistencia no se apoya en la creencia en que el oficiante del rito es alguien “ordenado” por un ser superior que transmite sus poderes a una porción de agua con la que se salpica la orilla del mar».

El escrito de Asturias Laica defiende, por el contrario, la literalidad de la naturaleza religiosa de la Bendición de las Aguas para quienes ofician y acuden a la ceremonia, que describe como la invocación a un «Ser superior que, agradecido por la presencia de los participantes, va a influir en las condiciones de la naturaleza para que éstas sean favorables a los invocantes» . Un favor que ha cambiado su contenido, para Luis Fernández, pasando de ser «una plegaria para que las aguas fueran generosas con los pescadores» a convertirse «en una petición de buen tiempo para que abunde el turismo». Algo que, según Asturias Laica, no se corresponde con las creencias de la mayoría de ciudadanos en «una sociedad multicultural, en una gran parte secularizada (donde la previsión meteorológica tiene mucha más fuerza que la rogativa)».