¿Necesita Gijón un gran pulmón verde en el casco urbano?

Las grandes zonas verdes como Los Pericones, Isabel la Católica o Moresa se ubican en los alrededores de la ciudad

El casco urbano de Gijón
El casco urbano de Gijón

Gijon

Haberlo no lo hay. Las grandes zonas verdes, esas que dan permeabilidad a las ciudades en las que gobiernan el cemento y el hormigón, rodean al casco urbano de Gijón, que efectivamente no tiene un gran pulmón verde centralizado como, por ejemplo, puede ser el parque de San Francisco en Oviedo.

La plaza de Europa no tiene sus magnitudes. El cerro de Santa Catalina, con poca zona arbolada, cierra la ciudad por la costa. Los Pericones, que es la gran mancha verde de Gijón, está a media hora caminando del centro urbano; el de Isabel la Católica, la joya verde de la ciudad, a algo más de media hora y, el parque de Moreda, que es lo más parecido a caminar por un bosque prácticamente virgen, se sitúa a unos 20 minutos. Estos tres, que suman casi 600.000 metros cuadrados, pero en los límites de la trama urbana. Y, en el paseo de Begoña, hace tiempo ya que se impuso el hormigón en detrimento de las zonas ajardinadas.

Otras ciudades en las que también pesa la herencia de una mala planificación urbana, en la que las infraestructuras verdes se dejaron completamente de lado, han ido iniciando una senda para revertir lo que se hizo mal en el pasado y permitir que la naturaleza se imponga sobre el asfalto. Lograr ciudades más verdes es una tendencia en auge por muchas razones y, por ejemplo, en 2018, con motivo del Día Internacional de los Bosques, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) escogió el siguiente lema: transformar las ciudades en zonas verdes, sostenibles, saludables y acogedoras.

Con ello, se pretendía poner en valor los beneficios que los bosques y los árboles aportan a las zonas urbanas, a través de experiencias en ciudades que habían creado espacios verdes arbolados o los habían utilizado para aportar calidad de vida a sus habitantes. Pero hay miles de ejemplos dentro y fuera de España: desde el plan de crear huertos ecológicos por las calles de París hasta el plan verde y de la biodiversidad con el que Barcelona pretende combatir el efecto del calor y controlar la contaminación tanto atmosférica y sonora. E incluso el uso de jardínes verticales en medianeras o la recuperación de espacios públicos sin uso para crear pequeñas zonas verdes y con sombra.

En Gijón, esta semana precisamente se presentaba una iniciativa ciudadana que, a través de un manifiesto firmado por más de 150 personas del mundo de la cultura, el urbanismo, el ecologismo y activistas sociales, propone abrir un debate social en torno a la futura urbanización del Solarón, que pese a que no tiene ni arbustos ni árboles que protejan del viento ni del sol, lleva años siendo esa gran zona verde que faltaba en el casco urbano de la ciudad. Los gijoneses lo han asumido como una zona de recreo y de encuentro, en la que incluso se han celebrado eventos que han reunido a miles de personas.

Por ello, la propuesta de la plataforma Un pulmón para el Solarón se sustenta en que, en Gijón, no hacen falta más viviendas como las que se planean en esos terrenos, sino una política de vivienda que la haga accesible y, sobre todo, «zonas verdes y arboleda para reducir la contaminación» y «porque así podríamos tener un amplio lugar de paseo y actividades» frente a la urbanización de esas parcelas, cuyas plusvalías se destinarán al plan de vías.

Y así lo recordaba la alcaldesa, Ana González, esta semana al ser cuestionada por esta propuesta ciudadana, que tachó de demagógica porque no indica alternativas para renunciar a las plusvalías. Lo cierto es que, en una primera subasta, los terrenos del Solarón se ofertaron por unos 70 millones y nadie pujó por ellos.

El plan de vías, que es uno de esos proyectos que se han ido alargando tanto en el tiempo que han acabado por generar escepticismo y frases como «no lo vamos a ver en vida« entre los gijoneses, requiere de una inversión de 800 millones de euros. «Queremos una ciudad viva en la que se pueda crecer, respirar y disfrutar de los espacios públicos, abiertos y verdes», decían los firmantes de la campaña que se abría ayer a la ciudadanía para recabar apoyos para abrirse a este nuevo modelo de ciudad. 

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