Viviendas públicas en Cimavilla, vacías, tapiadas y con una fachada recién pintada

Son cinco inmuebles y un bajo que siguen abandonados, aunque el exterior y la cubierta de uno de ellos acaban de ser remozados. «La intervención debería ser integral para darles uso», consideran en la asociación vecinal

Sobre estas líneas, a la izquierda, el inmueble de la calle Atocha que fue recientemente remozado en su exterior. Arriba, uno de los bloques de viviendas públicas de la calle Eladio Verde y el bajo sin uso de la plaza del Lavaderu. Abajo, a la derecha, el estado del piso superior de las viviendas públicas de la calle de la Soledad.
Sobre estas líneas, a la izquierda, el inmueble de la calle Atocha que fue recientemente remozado en su exterior. Arriba, uno de los bloques de viviendas públicas de la calle Eladio Verde y el bajo sin uso de la plaza del Lavaderu. Abajo, a la derecha, el estado del piso superior de las viviendas públicas de la calle de la Soledad.

Gijon

Hace un año, un incendio arrasaba uno de los edificios abandonados de Cimavilla, el barrio de Gijón que más visitan los turistas en cualquier época del año. Hoy sigue siendo un solar desocupado y, por ello, sigue formando parte de la veintena de inmuebles con problemas de estructura o solares vacíos que integraban un listado de puntos conflictivos del barrio alto. Un informe que había realizado casi un año antes del suceso la asociación vecinal Gigia de Cimavilla para advertir al Ayuntamiento de Gijón de que suponían un claro riesgo de seguridad, aparte de un problema de salubridad y estética.

En ese listado, hay cinco edificios y un bajo que fueron viviendas de titularidad pública que los inquilinos acabaron abandonando con el tiempo debido a su mal estado de conservación. Se ubican en la nuez del casco histórico, en las calles Rosario, Vicaría, de la Soledad, Atocha y Eladio Verde, además del bajo de la plaza del Periodista Arturo Arias. 

La última vez que habían sido rehabilitadas fue a finales de los 90, pero las malas calidades de sus interiores y la falta de mantenimiento desde entonces provocaron su abandono. «La gente se fue marchando por las humedades, porque se caían las paredes… Estaban muy deterioradas», explica el presidente de la asociación de vecinos de Cimavilla, Sergio Álvarez, que recuerda que, tras aquel incendio que con suerte no acabó en tragedia, el ayuntamiento envió requerimientos a los propietarios de las viviendas y solares abandonados del barrio para que mejorasen su estado de conservación y seguridad.

Incluida las administraciones regional y local, de las que depende Vipasa y Emvisa, las entidades de las que a su vez dependen las viviendas públicas vacías que, también con el tiempo, fueron tapiadas para evitar su ocupación. «El informe que habíamos hecho sobre los inmuebles y solares vacíos fue ignorado las tres veces que denunciamos la situación, pero a raíz del incendio se abrieron expedientes y al igual que se exigió a los propietarios de los inmuebles y solares privados que se rehabilitaran y se arreglasen las cubiertas por seguridad, se hizo lo mismo con las administraciones públicas», explica Álvarez.

Recientemente, por ejemplo, se remodelada la cubierta del tejado y se pintaba la fachada de uno de los edificios de titularidad pública más deteriorados, de dos plantas y bajo, situado en la calle Atocha. Pero su puerta y ventanas siguen tapiadas. «Está bien que hayan arreglado la cubierta, pero no deja de ser una incoherencia política que se gaste ahora dinero que, aunque aporte seguridad a la estructura, no revierte en nada. La intervención debería ser integral para darles uso, con un plan de rehabilitación y de cesión de todas las viviendas públicas», dice Álvarez, que considera que de esa manera se invertiría a la vez en un barrio que es histórico y de interés general, alejándolo de la gentrificación y de la turistificación con la llegada de nuevos vecinos a unas viviendas de protección pública, que no abundan precisamente en la actualidad.

El resto de edificios de titularidad pública de Cimavilla sigue sin uso e incluso algunos como uno ubicado en la calle de la Soledad, lleno de pintadas, graffitis e incluso restos de muebles en la terraza superior, afean la imagen de un barrio que lleva años esperando por un plan transversal de dinamización que solucione problemas ya históricos como el mantenimiento urbano o la mejora de la accesibilidad. Tras reunirse con las asociaciones vecinales, el nuevo gobierno local tiene previsto poner en marcha un plan de barrios cuya primera fase se desarrollará hasta finales de diciembre y cuyas actuaciones, después de dotarlas económicamente, se conocerán la próxima semana.

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