Redacción

«A White, White Day» una película sobre sentimientos de amor contrapuestos rodada en un pequeño y frío pueblo de Finlandia, del director Hlynur Pálmason, ha abierto la sección oficial de la 57 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón. El filme narra la historia de un agente de policía que intenta calmar el dolor por la reciente muerte de su esposa intensificando la relación con su hija a la vez que se va obsesionando con la idea de que su mujer tenía un amante.

La historia transcurre en un pequeño pueblo de Islandia, donde el paisaje helado del invierno nórdico no impide que el protagonista pase mucho tiempo con su hija en actividades al aire libre. La relación entre padre e hija es intensa pero las obsesiones sobre la posibilidad de una historia de amor paralela de la madre trastocan las reglas del juego.

En rueda de prensa, el director ha dicho este sábado que quiso contraponer dos formas distintas de amor, el amor filial, paterno, y el de los amantes caracterizado por el deseo. Pálmason ha afirmado que estrictamente no es una película de amor, aunque si de sentimientos profundos, en la que ha buscado un equilibrio entre la imagen y las palabras con una fotografía especial para el clima y la luz de su país.

El cineasta está convencido de que «todo funciona mejor» cuando un «mismo tono» unifica la imagen, las palabras y el montaje. Premiada en el Festival de Cannes y preseleccionada para competir al Oscar a la Mejor Película Extranjera, «A White, White Day» ha sido exhibida por primera vez en España en el Festival de Gijón.

La niña, coprotagonista, es hija del director y su papel ha sido escrito «especialmente para ella», aunque el guion tuvo que ser adaptado porque en el tiempo que transcurrió hasta el rodaje ella había crecido. Según informa EFE, Pálmason ha dicho que pensó el personaje para una niña de 4 años, pero cuando finalmente se pudo empezar el rodaje tenía 9 años, y en ese tiempo había cambiado.

Sin embargo, no tuvo dificultades para adecuar la historia a la edad de la niña, que se adaptó «perfectamente» al personaje porque «está acostumbrada» a actuar frente a la cámara. El director, que ha buscado «crear un mundo que permita a los espectadores descubrir la experiencia interior de los personajes», ha apuntado que le gusta filmar producciones pequeñas, rodeado de su familia y amigos.

Alejandro Díaz Castaño: «El techo del festival está en nuestras propias capacidades y en ir recabando más apoyos»

Marcos Gutiérrez
Alejandro Castaño, director del Festival Internacional de Cine de Gijón
Alejandro Castaño, director del Festival Internacional de Cine de Gijón

El director del Festival de Cine de Gijón desgrana las novedades de un evento cinematográfico que ha recuperado la senda del crecimiento

La actividad en las oficinas del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) en la Escuela de Comercio es, valga el cliché, frenética. Gente que entra y sale de los despachos, carreras con miles de papeles en la mano, teléfonos sonando incesantemente en todas direcciones, bandejas de entrada a rebosar... con el inicio del certamen a la vuelta de la esquina, Alejandro Díaz Castaño reconoce que las horas de sueño son un lujo asiático estos días, al igual que lo eran cuando se desempeñaba como responsable de programación en el propio FICX o en el Festival de Cine de Sevilla. En menos de tres años ha logrado devolver la estabilidad y el lustre a un certamen en el que aterrizó en un momento, a falta de un término menos eufemístico, incierto. En su primera edición como máximo responsable logró montarlo en un tiempo récord. El pasado año el FICX tuvo más de 88.000 asistentes a actividades, más de 53.000 espectadores y un récord de taquilla. El director del festival reconoce que, ahora mismo, el techo de un evento en franco crecimiento está «en nuestras propias capacidades».

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La sección oficial del FICX arranca con la película «A White, White Day»