Los picnics al sol son una de las actividades preferidas del verano para disfrutar del buen tiempo, pero hay que tener en cuenta una serie de condiciones para que todo salga bien

Con la llegada del calor y el verano, son muchos los que optan por no despegarse de la arena. ¿Pero qué pasa a lo hora de comer? Hay quienes eligen ir al primer «chiringuito» que encuentran, y otros disfrutan de un ambiente más familiar bajo la sombrilla. En este último caso hay varios aspectos que debemos saber para que la comida que llevemos a la playa aguante en buen estado toda la jornada.

Hay ciertos alimentos que debemos evitar, como la mayonesa, que no es buena amiga del calor. Tendremos que elegir platos que podamos consumir fríos y que no se estropeen con el calor, fáciles de comer y de digestión ligera, como el típico gazpacho o un salmorejo cordobés. Pero sobretodo, lo que tendremos que considerar es que debemos conservar la comida a una temperatura fresca. Las neveras portátiles y las fiambreras isotérmicas son nuestras grandes aliadas en esta época del año para mantener nuestros táperes.

¿Por qué es tan importante conservar frescos los alimentos?

El calor y la humedad característicos del verano son buenos amigos de las intoxicaciones alimentarias. Aunque nosotros estemos de vacaciones, las bacterias no, y es muy fácil que nos puedan sorprender si exponemos nuestra comida a la temperatura exterior. Por lo que si no mantenemos bien refrigerados nuestros alimentos es muy posible que se estropeen y aparezcan toxinas que puedan ocasionarnos un disgusto. 

¿Que puedo llevar entonces a mi picnic?

Para muchas personas, ponerse a cocinar es algo poco atractivo, pero hay que decir que existen gran variedad de platos sencillos y saludables para llevar a la playa. Lo más importante a la hora de prepararlos es fijarnos bien en los ingredientes, evitando aquellos que sean más susceptibles al calor, como el huevo, bajo riesgo de  salmonela. Hay otros alimentos que también pueden propagar esta bacteria ya que se encuentra, por ejemplo, en la cáscara de las frutas, por lo que debemos lavarlas bien antes de consumirlas.

Tendremos que descartar de nuestro menú playero el pescado sin cocinar y la carne poco hecha, pero hay una amplia gama de alimentos que podremos usar para nuestras recetas. Las ensaladas de legumbres y fruta son opciones muy buenas para meter en un táper y conservar adecuadamente en nuestra nevera portátil. Los sándwiches y bocadillos son también alternativas simples y rápidas de preparar que pueden saciar nuestro apetito a orillas del mar.

Pero no debemos olvidar que lo más importante en cualquier época del año, pero sobre todo en la estival, es estar bien hidratado.

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¿Qué puede tomar y qué no un bebé en su primer año de vida?

La Voz

La experiencia de ser padres provoca infinitas sensaciones nuevas desde el nacimiento del bebé. Lactancia materna, cuidados… las primeras semanas en casa son una montaña rusa de emociones, desconocimiento e incertidumbre que se ve aumentada cuando llega el momento de empezar con la alimentación complementaria. Dependiendo del ritmo de crecimiento del bebé, el momento de empezar a introducir alimentos puede comenzar a los cuatro meses de vida, aunque se recomienda empezar a los seis meses, momento en que se considera que existe suficiente madurez intestinal, gastrointestinal y renal. Si hay algo a tener en cuenta es que el comienzo de la alimentación complementaria es, como su propio nombre indica, un complemento a la leche materna o de fórmula, que seguirá siendo su fuente principal de alimento.

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