Seleccionamos cinco productos que son un fondo de armario gastronómico. ¡Ojo! Se podrían incluir muchos más en la lista pero empezamos con estos para ir abriendo boca

Hacer la compra es una de las tareas más importantes del hogar. Siempre tendríamos que tener en nuestra despensa unos alimentos básicos que nos permitan combinar unos con otros para poder abarcar todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita. Si lo comparamos con ir de compras, es como tener unas prendas de fondo de armario que te permitan crear varios outfits básicos pero, en este caso, la ropa serían alimentos que nos visten por dentro. La lista de productos que deberíamos tener siempre en stock en casa es más larga, pero esta semana seleccionamos cinco de ellos. 

Aceite de oliva

Se trata de uno de los productos indispensables de nuestra dieta. Tiene un alto contenido en ácido graso monoinsaturado denominado ácido oleico. Otras propiedades del llamado oro líquido son la vitamina E, de alto poder antioxidante, y los polifenoles, que ayudan a reducir -entre otras cosas- el envejecimiento celular. El aceite de oliva debe estar presente en nuestra dieta pero no debemos olvidar que también tiene un alto valor calórico. Más piropos del aceite: su consumo habitual reduce los riesgos de padecer problemas cardiovasculares o el desarrollo de ciertos tumores. Hay tantas recetas con aceite de oliva… pero hoy te recomendamos una de salmón asado con crema de guisantes.

Tomate

Más de un 90% del tomate es agua y su aporte calórico es bajísimo debido a su reducido contenido en hidratos de carbono, grasas y proteínas. Eso sí, vitaminas y minerales tiene muchas. El tomate es fuente de vitamina C y también de tipo B y E, además de ácido fólico. En cuanto a minerales, tiene mucho potasio, fósforo y magnesio. Introduce más el tomate en tu vida, ya desde el desayuno con una buena tostada de tomate con aceite de oliva o en una ensalada de tomate, cerezas y almendras.

Yogur

El yogur es un derivado lácteo de la leche de vaca pero que, a diferencia de la leche, ha fermentado por acción de bacterias y levaduras. Es precisamente este proceso el que permite que el yogur sea una buena fuente de probióticos. Un yogur natural aporta tan solo 60 calorías por cada 100 gramos, dato que varía a la baja si hablamos de un yogur desnatado o al alza si nos pasamos a los yogures de sabores.

Lo que más destaca del yogur son sus bacterias, que ayudan al buen funcionamiento del intestino. Por si fuera poco, su calcio ayuda a nuestros huesos. Y no solo pega como postre o desayuno, sino como aderezo. Un ejemplo de receta: brócoli picante con salsa de yogur.

Plátano

El plátano tiene un aporte energético tremendo. Es una fuente potente de minerales como el potasio, pero también de fósforo y magnesio. También vitaminas y antioxidantes como la vitaminas C y la A. Y, cómo no, también aporta fibra e hidratos de carbono. A lo largo de la historia ha sido símbolo de fecundidad y prosperidad. Y no solo reina en los platos dulces. Pruébalo en este formato y te sorprenderás: crema helada de plátano y espinacas.

Pavo

El pavo es la carne por excelencia con menos grasa y con el nivel de colesterol más bajo. De hecho, la mayor parte de la poca grasa que tiene se concentra en la piel, por lo que si la descartamos más saludable aún será esta carne blanca. También aporta potasio, magnesio y vitaminas variadas como la B3. Combinarlo con verduras y legumbres lo convierten en un plato completísimo. En este caso, te recomendamos una elaboración de pavo con alcachofas en salsa de uvas. ¡Maravilla saludable y sabrosa!

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Por clásicos como «no te levantas de la mesa hasta que te comas las judías» o «si te portas bien te dejo tomar helado de postre», los españoles llevamos años estableciendo asociaciones de lo más confusas y erróneas con la alimentación. Siguiendo la teoría del perro de Pavlov, hemos asociado que ultraprocesados y productos plagados de azúcares, al ser tratados como una recompensa, son aspiraciones alimenticias y, por tanto, riquísimos alimentos (por llamarles algo) que desear. Lo mismo pasa, a la inversa, con verduras, frutas o pescados a los que de forma cotidiana les hemos colgado la etiqueta de aburridos, sosos o insípidos.

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