Hacer los helados en casa supone usar ingredientes de calidad, evitar alérgenos y, cómo no, el placer de disfrutar de un manjar elaborado con tus propias manos

Cada vez es más frecuente animarse a preparar en casa elaboraciones que normalmente compramos ya hechas para evitar todo el engorro que supone hacerlas uno mismo en casa. Es el caso del pan, las masas de pizza, las conservas y, cómo no, de los helados. Que si no tengo panificadora, ni heladera, ni yogurtera, ni brazo amasador en casa… no tiene sentido comprar este tipo de máquinas para usarlas solo en momentos puntuales. Es un gasto económico y, además, son aparatos que ocupan bastante espacio en la cocina o en la despensa.

Una vez puestas las excusas llega el momento de desvelar que no siempre hace falta tirar de maquinaria costosa para elaborar ciertas recetas, sino simplemente tener en cuenta que estamos hablando de helados y estos necesitan que algunos ingredientes hayan pasado previamente por el congelador y otros necesitan de frío tras preparar la mezcla. Por lo demás, son recetas tan simples que se hacen incluso con los ojos cerrados. Y lo mejor de todo es que no hace falta recurrir al azúcar para conquistarnos con su sabor. 

Helado de plátano y crema de cacahuete

La combinación plátano y cacahuete debería estar registrada como el “maridaje perfecto”. Esa armonía de sabores que por separado ya conquista, hacen un tándem perfecto y, además, permite jugar con las texturas si coronamos la mezcla con unos cacahuetes triturados para que aporten un toque crujiente que nunca falla. Muchos están esperando a leer la dificultad que encierra esta receta de helado de plátano y crema de cacahuete. La respuesta no os la esperáis: ¡ninguna!

Y es que el mayor esfuerzo que hay que hacer es acordarse de meter con tiempo los plátanos en el congelador. Junto con la crema de cacahuete son los dos únicos ingredientes que necesitaremos. Se trituran bien hasta conseguir una pasta homogénea y cremosa y ya estaría. El truco realmente es controlar la tentación de querer comer ese sabroso helado todos los días de la semana. Bueno, y que los plátanos sean preferiblemente maduros para que aporten ese dulzor que no tienen los más verdes.

Helado de arándanos asturianos

Es época de arándanos y en Asturias los hay autóctonos, así que qué mejor manera de aprovechar este fruto antioxidante, antiinflamatorio y beneficioso para el corazón y el sistema inmune que incorporarlos a una receta veraniega. Como es un producto estacional, es recomendable hacer acopio de arándanos para poder congelarlos y hacer más recetas con ellos fuera de temporada.

Para este helado de arándanos asturianos usaremos, además del propio arándano, una tarrina de queso crema o batido -que puede ser con 0% de materia grasa- y para endulzar podemos sustituir el azúcar por miel o panela y poner la cantidad justa aunque la receta indique más. Sí que daremos un truco y es que una vez dispuesto el helado en un molde para congelarlo es recomendable batirlo bien cada 15 minutos durante las dos primeras horas de congelación para que adquiera esa textura cremosa que caracteriza a todo helado.

Mango a la plancha con helado de coco y plátano

¿Por qué no añadir un nuevo jugador en la partida del postre? Además, el helado se presta a tantas combinaciones y preparados para acompañarlo que hoy hemos seleccionado algo diferente: mango a la plancha con helado de coco y plátano. Y que sea diferente no significa que sea complicada, sino todo lo contrario ya que en 10 minutos lo tendremos listo (siempre teniendo en cuenta que la fruta para el helado habrá sido previamente congelada).

El mango se presta más a la plancha si se corta en rodajas o láminas. Para pasarlas por la plancha o el grill antes hay que untar la superficie con una cucharada de aceite de coco para que no se pegue el mango. Lo doramos por ambas caras al gusto.

Mientras, sacamos los plátanos del congelador y lo mezclamos muy bien con unas cucharadas de leche de coco hasta conseguir una mezcla homogénea y cremosa. Solo falta emplatar esta maravillosa combinación de sabores y temperaturas para poder tocar el cielo de los postres saludable.

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La Voz

Por clásicos como «no te levantas de la mesa hasta que te comas las judías» o «si te portas bien te dejo tomar helado de postre», los españoles llevamos años estableciendo asociaciones de lo más confusas y erróneas con la alimentación. Siguiendo la teoría del perro de Pavlov, hemos asociado que ultraprocesados y productos plagados de azúcares, al ser tratados como una recompensa, son aspiraciones alimenticias y, por tanto, riquísimos alimentos (por llamarles algo) que desear. Lo mismo pasa, a la inversa, con verduras, frutas o pescados a los que de forma cotidiana les hemos colgado la etiqueta de aburridos, sosos o insípidos.

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