El ruido, la furia y los españoles de bien y de mal


A cinco semanas para las generales, los tambores de guerra de la precampaña suenan con fuerza en las redes públicas (Twitter, Facebook o Instagram) y en las privadas (las aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Telegram).

De momento no emergen cuestiones de calado sobre modelos económicos, sociales o políticos que puedan acabar afectando a la vida de la gente. En su lugar tenemos polémica y ruido, mucho ruido. Tanto que hasta la cañera candidata del PP por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, ha llamado la atención sobre la estrategia «elemental» de Vox, protagonista con sus fichajes de generales a granel, con su petición de ilegalización de Podemos o con la gran provocación de Abascal: reivindicar el uso de armas de fuego de «los españoles de bien».

Se formó un alboroto. Y un debate público. Pero no sobre la necesidad de que los ciudadanos lleven pistola o sobre la inverosímil división entre los españoles de bien y de mal, sino sobre la conveniencia o no de replicar y, en consecuencia, amplificar, esas propuestas maximalistas. Se enfrentan dos posturas, dos estrategias. Unos dicen que hay que responder con el silencio, para no hacerles la campaña gratis. Otros defienden que es necesario escandalizarse cuando como en el célebre editorial de Pravda que pudo haberle costado la vida al compositor Dimitri Shostakovich, «hay caos en lugar de música».

Si descartamos (al menos por un momento) que alguien tenga la verdad absoluta. ¿Quien acierta más? A la hora de pronunciarse, conviene tener en cuenta un factor: los partidos ya no solo compiten en la tele, en los medios o en las redes clásicas, también en WhatsApp. Y ahí, donde circulan mensajes difundidos por gente próxima (amigos, compañeros, vecinos, cuñados, etcétera), si no respondes, puedes estar perdido. 

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