Cocinar a vuelapluma


redacción / la voz

Esta vez no fue el «león come gamba», sino «un pájaro muerto en lo alto de un plato» lo que se ha servido en Masterchef. Una perdiz sin desplumar que le ha dado a su autora, Saray, una tarjeta roja directa del programa. Aunque esa cocina a vuelapluma de la concursante ha levantado el apestoso tufillo de estos talents que cada vez tienen menos talento y más show. Saray ni sabía cocinar ni en su vida se había puesto un delantal, y así lo ha confirmado en una entrevista después de la bronca impostada del jurado y su expulsión. La chica no había cogido jamás una sartén y ni siquiera se había presentado al casting, sino que fue una redactora del show la que acudió en su búsqueda para darle esa pincelada de color al programa. El currículo de Saray se resume en «gitana y transexual», unos ingredientes que le van de rechupete a cualquier espacio de entretenimiento que quiera encender la llama, aunque no sea de los fogones precisamente. Saray ni pincha ni corta el bacalao, pero le ha dado el salseo que en cada edición se espera de un espacio que se ha estirado sin mucha gracia en la edición de anónimos. Porque, en cambio, allí donde un famoso se pone a la faena de freír un huevo, la audiencia acude con la misma voracidad con la que se come cualquier tipo de comida basura. Con esa ansia de llenar el buche. Pero que Masterchef nos desplume con pájaros muertos es un desperdizio.

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