Comilonas navideñas: vigilar las vacas gordas y las vacas flacas

Ovidio vidal

OPINIÓN

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29 dic 2023 . Actualizado a las 09:00 h.

En fechas tan significativas como estas, vienen a la memoria recuerdos de pasajes bíblicos, como la Natividad, el pesebre de Belén, los Magos de Oriente que tradicionalmente, como nuestros ancestros, celebramos con comidas copiosas y dudosamente sanas; cenas de empresa, Nochebuena, Navidad, Fin de Año, Reyes, etcétera, que desequilibran energéticamente y favorecen el aumento de peso. En otro pasaje bíblico, José, en Egipto, interpretando el sueño del Faraón, en el que las vacas flacas se comían a las vacas gordas, presentó al propio faraón una hoja de ruta para compensar los ciclos de abundancia con los de escasez. No hay duda de que los ciclos actuales de exceso, Navidades, carnavales, vacaciones, fiestas familiares y demás, se repiten con demasiada frecuencia, y perjudican la salud. No estaría de más recordar aquel otro pasaje del hijo prodigo que retorna a la normalidad de su casa. Pues bien, antes de que vuelvan las vacas gordas quienes tengan facilidad de engordar o tengan ya sobrepeso u obesidad (IMC mayor de 25 o 30) deben pensar en presentar un plan de ruta dirigido a subsanar los desaguisados festivos; un presupuesto similar al de la economía normal de la casa, que distribuya las partidas adecuadas destinadas a alimentación, casa, salud, colegios, ocio… es decir, aquellos, tendrían que diseñar una alimentación preventiva, con las calorías adecuadas «normales» mínimas (metabolismo basal) para sus necesidades y distribuirlas adecuadamente en hidratos de carbono, proteínas, grasas... etcétera. A veces solo con eso ya se adelgaza, y si es necesario, reducir ese presupuesto un 20 %. Tampoco hay que exagerar; una pérdida de solo el 10 % del peso en un obeso reduce su mortalidad general, en un 25 %. Es ya un buen negocio. Las fórmulas para calcular el metabolismo basal y el IMC son complicadas, pero aprovechando que los niños tienen que dejar el móvil en casa, es fácil pedirle a Google o al Chat GPT, que nos los calcule. Sin embargo, distribuir el presupuesto nutricional según el metabolismo basal individual y que sea sano es más complicado y necesita a veces ayuda profesional, pero, igual que en un comercio, una prenda determinada la tenemos ya confeccionada en varios tamaños, S, M, L, XL, etcétera, siendo todas igual de correctas y proporcionadas, solo hay que escoger la talla adecuada, con ayuda o no del personal, ya que, a veces, hay que subir o bajar la bastilla o soltar cintura. En dietética hay también tallas de «dietas» estándar correctas, que se adaptan a las necesidades de cada uno: 1.500, 1.750… 3.000 calorías y en el plan dietético, a veces, también hay que hacer arreglos, corregir colesterol, hipertensión, tolerancias…. y ¡cuidado! Así como a uno no se le ocurre comprar una prenda de origen o de estilo dudoso, no hay que fiarse de una dieta no acreditada. Tampoco hay que pasarse de frenada, el humano está preparado para el hambre, no para la abundancia, y una dieta excesivamente estricta y continuada puede ser peligrosa e incluso contraproducente al activar los mecanismos de ahorro energético y dificultar la pérdida de peso... Y no nos olvidemos del ejercicio: disminuye el apetito (sí, de verdad), mejora los factores de riesgo cardio vascular y el estado general. Pero para ser efectivo necesita una cantidad (30-60 minutos al día es suficiente) y una intensidad, que requiera un cierto esfuerzo. Por ejemplo, el jadeo o que la frecuencia cardíaca llegue al 70-90 % de la máxima aconsejable (frecuencia cardíaca máxima: 220-edad) es decir, si tiene 50 años puede alcanzar 110-150 pulsaciones/minuto ( siempre que se esté en las condiciones adecuadas). Por lo demás no hay que ser radical. Mi padre (endocrinólogo) decía y no le faltaba razón: «Estoy cansado de acudir a los funerales de mis amigos deportistas».