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Un Martes de Campo completamente diferente. Ni aglomeraciones en parques ni música y gaiteros por las calles. Así vive Oviedo la que será, sin duda, una festividad para el recuerdo de los vecinos de la capital que, tras años disfrutando del bollo y la botella de vino, este año han sido víctimas, al igual que casi todas las fiestas, de la pandemia del covid-19. En plena fase 2, con restricciones y limitaciones en las reuniones en grupos (sin poder superar las 15 personas), y con distancia de seguridad, la realidad difiere mucho de la de otros años. Sin un programa festivo, la mayoría de la gente se ha mostrado reacia a acudir al parque San Francisco, como el resto de años, a vivir allí el día de manera especial. Apenas se contaban con los dedos de una mano a aquellos que han acudido al céntrico campo para pasar allí la jornada. Muchos han optado por convertir sus casas en el lugar de encuentro con sus familiares y amigos para celebrarlo.

Pese a la suspensión del reparto del bollo por parte de la Sociedad Protectora de La Balesquida, algunos carbayones han querido disfrutar del Martes de Campo comprando sus propios bollos y acudiendo al parque San Francisco para degustarlos junto a sus más allegados. Es el caso de Eloy Alonso que ha pasado el día con su familia en el césped del parque. «Es un día un tanto atípico porque falta ambiente, falta gente, y falta música y gaiteros, pero lo estamos pasando muy bien», cuenta Alonso. Aunque las previsiones alertaban de chubascos y tormentas, al mediodía, la capital asturiana disfrutaba de temperaturas y cielos despejados nada habituales en la región. «El tiempo es estupendo, muy agradable», asegura el ovetense.

Además, la escasez de vecinos que han decidido visitar el San Francisco es una ventaja para los que sí lo han hecho. «No tenemos que cuadricular el campo para no contagiarnos», comenta Eloy Alonso. Al igual que esta familia ovetense, el avilesino Mario Pedreira disfrutaba de un bocadillo junto a su hijo en otra zona del parque. «Estábamos en casa y con el día que hace decidimos acercarnos hasta aquí para comer en el prao», cuenta el padre. «Estoy asombrada de la poca gente que hay», contaba otra vecina de Oviedo que, bollo y botella en mano, decidió pasar junto a su marido por el parque para ver «cómo era la situación este año». Pero no se quedaban a comerlo. «Solo pasamos por la curiosidad, pero vamos a comerlo a casa», explicaban.

Parece que la petición del alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, a los carbayones de disfrutar del día «con responsabilidad y sin grandes aglomeraciones» se ha cumplido a rajatabla, al menos en el tradicional parque San Francisco. Otros jóvenes decidieron acudir a otros parques, como el parque de Invierno o el Purificación Tomás, e incluso aprovechar para ir a la playa en un día festivo que difiere mucho a lo que acostumbra a vivir Oviedo en su Martes de Campo.

Martes de Campo, pero no de playa

Carmen Fernández

Los chubascos deslucen el día festivo ovetense. La Balesquida ha repartido más de 4.000 bollos

Ese refrán que dice que hasta el 40 de mayo no debes quitarte el sayo es uno de los consejos que más presente tienen los asturianos. Hoy, a 41 de mayo, o lo que es lo mismo, a 11 de junio, los paraguas seguían siendo los protagonistas de uno de los días festivos ovetenses por excelencia, el Martes de Campo. Las nubes, amenazantes desde primera hora de la mañana, no hicieron que los socios de la Asociación la Balesquida, encargada de repartir los más de 4.000 bollos en esta fecha tan señalada, se acercasen hasta el campo de San Francisco a intentar pasar el día aunque fuese con un plan B: «Vinimos a dar una vuelta a ver qué pasa, si hace bueno nos quedamos a comer el bollu aquí y si no para casa», afirmaba Miriam Rodríguez que había acudido con su familia. Y así, entre las intensas lluvias y algún que otro claro que confundía a los asistentes con unos tímidos rayos de sol continuó el día, las gaitas siguieron sonando (haciendo parones entre chubascos) y los carbayones proseguían con su tradición. 

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