Estos son los 17 nombres franquistas de la «guerra de las calles»

El Principado decide defender la memoria histórica y encarga un informe a la Universidad de Oviedo que detalla el origen de las nominaciones

El coronel Aranda paseando por la calle San Francisco de Oviedo dese la plaza Porlier y en dirección a La Escandalera, hacia el año 1938. Al fondo a la izquierda se ve el palacio de Camposagrado, actual sede del TSJA.
El coronel Aranda paseando por la calle San Francisco de Oviedo dese la plaza Porlier y en dirección a La Escandalera, hacia el año 1938. Al fondo a la izquierda se ve el palacio de Camposagrado, actual sede del TSJA.

Decidido a no tirar la toalla (histórica), el Principado ha tomado cartas en la polémica en torno a los nombres franquistas de las calles de Oviedo. Más de 40 años después de la Transición y 82 del fin de la Guerra Civil, la capital asturiana sigue ostentando homenajes a militares y hechos de la contienda ensalzados por el bando sublevado.

El anterior gobierno municipal (tripartito PSOE-Somos-IU) decidió cambiar por fin esos nombres atendiendo a las distintas normativas sobre memoria histórica, y así lo hizo. Pero el asunto acabó en tribunales y estos obligaron a reponer las anteriores denominaciones. Aunque el juez no entraba en el fondo del asunto, sí apuntaba que faltaba la documentación necesaria que requiere la ley. Por lo tanto, 17 nombres debían volver a ser los que fueron durante la dictadura.

El Ayuntamiento de Oviedo, ahora gobernado por el PP, se limitó a declarar que cumpliría siempre la legislación, tanto las leyes de Memoria Histórica como lo dictado por los tribunales, de modo que por segunda vez los operarios subieron las escaleras para cambiar las placas. No obstante, el consistorio ni alegó ni hizo, hasta el momento, movimiento alguno por cumplir con la memoria histórica. Y la ley del Principado es clara en este aspecto.

Por ese motivo, recientemente la Dirección General de Emigración y Memoria Histórica que dirige Begoña Serrano encargó a la Universidad de Oviedo un informe sobre «Orígenes y procedencia de los nombres de algunas calles y plazas de la ciudad de Oviedo». Con ello pretende empujar al ayuntamiento a que se atenga a la ley.

La investigación la firman todos los profesores del área de Histórica Contemporánea del departamento de Historia, encabezados por los catedráticos Francisco Erice y Jorge Uría.

Los docentes quieren dejar claro que el informe en sí no se suma al litigio; esto queda en manos de lo que decida el Principado. Sin embargo, sí apuntan la importancia del hecho de que «la calle, como espacio público, es un foco emisor de mensajes y los nombres de las calles perpetúan el recuerdo», son «lugares donde se deposita la memoria».

También señalan que el franquismo erradicó abruptamente los nombres que recordaran al régimen democrático de la II República, poniendo en marcha «una renovación sistemática del callejero» incluso antes del fin de la guerra.Para Rubén Vega, uno de los profesores que participaron en el informe, éste «acredita que todos los nombres están vinculados al franquismo, conmemoran elementos de la guerra» desde la óptica franquista. Muchos de ellos, añade, «ni siquiera son de Oviedo, su única vinculación con la ciudad es que participaron en el golpe de estado o la Guerra Civil», en especial los ocurridos durante el llamado cerco a Oviedo (1936-1937).

«En Alemania serían absolutamente inviables estos homenajes»

En otros países europeos, añade Vega, un hecho similar es impensable. «En Alemania serían absolutamente inviables estos homenajes. En Berlín, por ejemplo, hay una clara memoria de las víctimas. Delante de muchos portales hay placas con nombres de personas desaparecidas que vivían en aquellos sitios».

Además, a su juicio es sorprendente «el retraso con que estos debates se dan; estamos sosteniendo los mismos debates que en América Latina se tuvieron sobre las dictaduras del cono sur hace muchos años y que dieron lugar a procesos de memoria democrática anteriores a los nuestros con hechos que son posteriores».

Ni el Gobierno central, ni siquiera en los años en que gobernó el PSOE, ni los sucesivos ayuntamientos democráticos se han preocupado de eliminar esos homenajes desde el fin de la dictadura.

El documento explica que, en Oviedo, ya en 1937 la gestora municipal aprobó la remodelación de la toponimia en tres bloques: En el primero se incorporaron nueve apelativos «que homenajeaban a mártires y connotados dirigentes de la rebelión»: Franco, Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera y Sanjurjo; la conmemoración de la sublevación de Oviedo (19 de Julio); la dedicada a Galicia, de donde provinieron las columnas franquistas y tres avenidas del Campo San Francisco a las naciones aliadas del golpe: Portugal, Alemania e Italia.

En el segundo y tercer bloques se restablecían nombres tradicionales sin connotaciones políticas y se restituían denominaciones de siete calles que se cambiaron durante la República.

Comandante Caballero, jefe de los Guardias de Asalto en Oviedo durante la Guerra Civil, en una imagen de 1937
Comandante Caballero, jefe de los Guardias de Asalto en Oviedo durante la Guerra Civil, en una imagen de 1937

Los nombres de las calles y plazas que se analizan en el informe, explican, fueron asentándose en el callejero urbano en momentos distintos, sin un plan conjunto detallado, «pero con un espíritu común de evocación y apología de la sublevación militar del levantamiento de julio de 1936 y de legitimación del régimen franquista al que dio origen. En virtud de esta voluntad, el callejero de las ciudades, entre ellos el ovetense, se convertía en lugar de memoria franquista», añaden.

De los nombres sometidos a escrutinio, la mayoría corresponden a militares responsables del levantamiento o que lo secundaron. En los casos de Janáriz, Vallespín, Capalleja y Gallego, «su única relación con la ciudad se refiere a su participación en la Guerra civil como parte del bando sublevado y ningún vínculo significativo más los liga a Oviedo». En dos casos se trata de recordar a categorías o colectivos genéricos del bando sublevado (Alférez Provisional, Sargento Provisional), y en tres más, de conmemorar acontecimientos (Diecinueve de Julio) o el hecho mismo de la sublevación (plazas de la Liberación y de la Gesta de Oviedo).

Un último caso (Calvo Sotelo) glosa la figura de un personaje de la trama civil de la conspiración, asesinado en vísperas del estallido de la guerra y que, «por tanto, no pudo vivirlo, pero que fue utilizado por los militares rebeldes como pretexto para su acción y, como protomártir de la Cruzada dio nombre a muchas calles en diversas localidades del país».

Los 17 nombres de la discordia

Este es un resumen de cómo documenta la Universidad de Oviedo los nombres objeto de polémica:

Plaza de la Gesta. Conmemora el mito heroico de la resistencia de Oviedo frente a las tropas republicanas. El 21 de octubre de 1961 se proyectó el monumento a la Gesta de Oviedo en esta plaza, adosado al templo de San Francisco de Asís.

Plaza de la Liberación. En esta plaza fue colocado en 1952 un retrato en bronce de Teijeiro y una placa con la siguiente inscripción: «Oviedo a Teijeiro, año MCMXXXVI Día XVII-X. En este día de triunfo para las fuerzas de Galicia los heroicos defensores de Oviedo recibieron aquí, con un abrazo fraterno, la ventura de su liberación». Conmemoraba la ocupación de Oviedo por las columnas gallegas.

Comandante Vallespín. Benito Vallespín Cobián, de origen santanderino, era militar y estaba de permiso en Oviedo al estallar la guerra. Se presentó a Aranda, que le encomendó el mando de un batallón. Murió en combate en la Loma del Canto. Fue propuesto para la Cruz Laureada de San Fernando. Recibió varias condecoraciones.

Fernández Capalleja. Juan Fernández-Capalleja, militar fogueado en África, formaba parte de la columna gallega que rompió el cerco de Oviedo en octubre de 1936. Permaneció en la ciudad hasta febrero de 1937 y participó en ese tiempo en diversos combates. Tomó parte luego en la toma de Bilbao y en otros combates fuera de Asturias. En el franquismo llegó a dirigir la Academia Militar de Zaragoza y alcanzó el rango de teniente general.

Teniente Alfonso Martínez. Alfonso Martínez Alonso intervino en la llamada defensa de Oviedo. El 18 de julio de 1936 se encontraba en situación de licencia ilimitada y se reincorporó al servicio activo con motivo de la sublevación militar. Participó en diversos combates en la zona de La Cadellada, Buenavista y finalmente el Naranco, donde murió en acción de guerra el 7 de octubre de 1937. Le fue concedida a título póstumo la Cruz Laureada de San Fernando.

Sargento Provisional. Los sargentos provisionales eran, a semejanza de los alféreces profesionales, un cuerpo de suboficiales creados en el seno del ejército sublevado.

Rodríguez Cabezas. Militar de origen gaditano afincado en Asturias, Joaquín Rodríguez Cabezas, junto con el comandante Caballero, por orden de Aranda, ocupó el 19 de julio de 1936 el cuartel de Santa Clara. En esta ocupación, fueron tiroteados grupos de obreros que pedían armas y de guardias de asalto que defendían la legalidad republicana, lo que produjo, tanto en combate como en ejecuciones sobre el terreno, un elevado número de bajas que no ha podido ser precisado por quedar buena parte de los cuerpos sin identificar y las muertes sin inscribir en el Registro Civil. Luego tomó parte en otros combates en Oviedo y en diversos hechos de armas. Durante el franquismo ocupó varios cargos, entre otros director general de Protección Civil.

Comandante Janáriz. Juan Janáriz era militar formado en Marruecos. Se unió a los sublevados del cuartel del Milán y participó en diversos combates en torno a Oviedo. Murió en Guadalajara, en febrero de 1938.

Alférez Provisional. En 1958 se constituye la Hermandad de Alféreces Provisionales, que sería quizás la organización de excombatientes franquistas que mayor influencia llegó a tener, siendo considerados -y considerándose a sí mismos- «los más firmes defensores de las esencias del régimen franquista». Formó parte de la Hermandad Nacional de Excombatientes, componente activo del denominado búnker, por su oposición primero a las medidas de reforma política del régimen franquista y por su abierto apoyo luego al golpismo durante la Transición.

Rafael Gallego Sainz. Teniente coronel formado en Marruecos, que llegó a Oviedo con las columnas gallegas, murió en el frente asturiano en acción de guerra el 1 de marzo de 1937. En el alto del Naranco, al este del Pico del Paisano, hubo un pequeño monumento con una inscripción en la que se leía: «En memoria del heroico Teniente Coronel D. Rafael Gallego Sainz, como homenaje a las bravas fuerzas de Marruecos que encumbradas en el Naranco fueron para Oviedo el mensajero glorioso de su liberación el 17-10-1936».

Comandante Caballero. Gerardo Caballero Olabézar fue, con Aranda, el principal protagonista del golpe militar en Oviedo. Era muy popular entre los sublevados porque había participado en 1932 en el intento de golpe de estado encabezado por el general Sanjurjo y en 1934 en la tarea de sofocar la insurrección obrera. Apartado del mando de la Guardia de Asalto meses antes, regresó clandestinamente a la ciudad en vísperas de la sublevación y el día 19 de julio se apoderó, por orden de Aranda, del cuartel de Santa Clara. En la toma de dicho cuartel se llevaron a cabo ejecuciones de uniformados y civiles y murió defendiendo la legalidad republicana el comandante de Guardias de Asalto Alfonso Ros Hernández. En el Oviedo cercado, fue delegado de Orden Público, responsable de la represión llevada a cabo en la ciudad. Tras la guerra, fue Gobernador Civil de Asturias hasta 1938. Posteriormente ocupó los cargos de gobernador civil de Guipúzcoa, en cuyo ejercicio formó parte del comité de recepción del dirigente nazi Heinrich Himmler, y director general de Seguridad, un puesto de máxima responsabilidad en materia de represión política. Hijo adoptivo de Oviedo, llegó a alcanzar el rango de teniente general. Murió en Madrid en 1980.

Comandante Bruzo. Pedro Bruzo era un militar de origen cordobés que había servido en Marruecos y, al estallar la Guerra civil, tuvo una destacada participación en la defensa del Oviedo cercado. Dirigió tropas, incluyendo grupos de voluntarios, desde los primeros combates en torno a la ciudad. Murió en combate, en febrero de 1938, en el frente de Teruel.

Diecinueve de Julio. Conmemoraba la fecha en que Oviedo se sumó al levantamiento militar. En el antiguo convento de Santa Clara, cuartel de la Guardia de Asalto, tuvieron lugar ese día las primeras escaramuzas.

Calvo Sotelo. Ministro de Hacienda en la dictadura de Primo de Rivera y dirigente de la extrema derecha monárquica en la República (Renovación Española, Bloque Nacional). Alentó públicamente a la intervención y se implicó en las tramas conspirativas que condujeron a la guerra, entre otras cosas, gestionando ayudas del régimen fascista italiano. Los contactos mantenidos desde 1934 por él con Mussolini culminaron el 1 de julio de 1936 con la compra de aviones de combate con vistas a prepararse para una guerra civil en caso de que fracasara el golpe militar en cuya trama estaban activamente involucrados. Fue asesinado el 13 de julio de 1936 a manos de un grupo de Guardias de Asalto en venganza o represalia por el atentado mortal contra el teniente socialista José Castillo. Pasó a ser considerado «protomártir de la Cruzada».

Coronel Aranda. Antonio Aranda y Mata se había formado como militar en Marruecos. Apartado temporalmente del servicio en 1931, reanudó su carrera tras el triunfo electoral de la derecha. En 1934, participó en el sofocamiento de la insurrección de octubre y, en agosto de 1935, fue puesto al mando de la Comandancia Militar Exenta de Asturias. Encabezó en Oviedo la sublevación militar, tras fingir fidelidad a la República ante las autoridades y fuerzas del Frente Popular. Fue el militar de mayor graduación en unirse a la sublevación en Asturias en julio de 1936 y la pieza clave en ganar la plaza de Oviedo para los sublevados. En octubre de 1937, durante los últimos días del Frente Norte, Aranda está al mando de las tropas que toman el puerto de Pajares tras vencer la resistencia republicana en la zona de Villamanín y Peña Lasa, donde se producen numerosas ejecuciones de prisioneros. Condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando, en 1939 fue nombrado capitán general de Valencia. Por enfrentarse luego a Franco desde posiciones monárquicas, fue apartado del servicio activo y temporalmente confinado en Mallorca. En 1976 se le reconocería el ascenso a teniente general. Falleció en 1979.

Celestino Mendizábal. Era estudiante de izquierdas, cambió de ideología en 1936 y se incorporó al bando sublevado. Fue alférez provisional, después de luchar en el Oviedo cercado, y murió en acción de guerra en agosto de 1938 en el frente del Ebro. Poseía la Laureada colectiva y, tras su muerte, le fue otorgada la Medalla Militar individual.

Mariano Flórez. Mariano Flórez y López-Villamil, nacido en Oviedo, era oficial de Artillería y sirvió en 1936 a las órdenes de Aranda. Murió en combate en agosto de dicho año en la Loma de Pando.

Por qué Oviedo no se pudo librar de un militar pronazi en su callejero

GUILLERMO GUITER
El general Juan Yagüe saluda a Adolf Hitler durante una visita del militar español a Berlín a 1939. Yagüe quedó deslumbrado por la Luftwaffe nazi y quiso imitar su organización en España
El general Juan Yagüe saluda a Adolf Hitler durante una visita del militar español a Berlín a 1939. Yagüe quedó deslumbrado por la Luftwaffe nazi y quiso imitar su organización en España

El motivo por el que los tribunales tumbaron la «destitución» de la calle del general Yagüe, admirador del jerarca alemán Hermann Göring

La postura de Juan Yagüe respecto a Franco fue, al igual que la de otros militares del bando sublevado, cuando menos cambiante. De apoyar con entusiasmo (real o fingido) al dictador, compañero de promoción en África, a conspirar una vez que sus aspiraciones no se veían colmadas. Sin embargo, su nombre se mantuvo en una calle ovetense tanto en la República como durante la guerra, la posguerra, en el franquismo, la transición y la democracia. Hasta la actualidad, durante 85 años, menos un breve periodo de tiempo.

El anterior gobierno municipal del alcalde socialista Wenceslao López quiso aplicar la Ley de Memoria Histórica para eliminar el homenaje a Yagüe y lo hizo, pero había un problema: el nombre se asignó antes de la Guerra Civil. Tras una denuncia y un largo periplo judicial, el TSJA obligó a devolver la nominación del general. Dura lex, sed lex. Es curioso, sin embargo, que un monumento que lo homenajeaba en su pueblo natal sí fue demolido en 2009.

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