Adiós a Celia Pinto, uno de los templos gastronómicos de Oviedo: «Es muy triste tener que cerrar»
LA VOZ DE OVIEDO
El restaurante se convirtió en un lugar de referencia para los amantes de la cocina portuguesa en Asturias
17 sep 2025 . Actualizado a las 09:45 h.Cuesta todavía creer que uno de los restaurantes más emblemático de Oviedo haya cerrado sus puertas de manera definitiva. Aún no se sabe si el local que albergaba este templo del buen comer va a volver a subir sus persianas, pero lo que sí está claro es que Celia Pinto no estará al frente de sus fogones. La cocinera lusa ha decidido dar por concluido el proyecto gastronómico que llevaba su nombre. La afamada chef termina así un capítulo después de llevar más de una década conquistando el paladar de cientos de asturianos con su cocina portuguesa.
Lo cierto es que a Celia no le ha resultado nada fácil decir adiós para siempre al restaurante que abrió con tanta ilusión hace trece años en el bajo número 14 de la calle Alfonso III el Magno, en Oviedo. No es de extrañar que le haya costado un triunfo poner punto final a esta aventura gastronómica. Y es que en este espacio ovetense era donde podía dar rienda suelta a su creatividad y a su pasión por la gastronomía de su país natal. Algo que realmente le hace feliz y le llena el alma.
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Por estas razones, entre otras muchas, le ha costado «mucho» tomar la decisión de acabar con su primer emprendimiento. Pero no le ha quedado más remedio que hacerlo. «Mi marido, que era el responsable de la sala, se ha jubilado y, por más que busqué un sustituto, no encontré a nadie que pudiera ocupar ese puesto», explica Celia, quien, al estar centrada en la cocina, no puede hacerse cargo al mismo tiempo de ambas áreas del negocio. «Yo sola no soy capaz», reconoce.
Haber tenido que bajar para siempre las persianas del restaurante por este motivo, después de haber logrado situarlo en el mapa gastronómico no solo de la ciudad, sino también de toda Asturias, le duele en el alma. Han pasado ya unas semanas de este hecho, pero todavía no lo asimila. «Es muy triste tener que cerrar, después de todo lo que hemos luchado, superando incluso la pandemia del coronavirus... y además tener que cerrar por falta de personal es más triste aún», reconoce con un nudo en el pecho.
A pesar de ser un restaurante pequeño, con un aforo máximo de 18 comensales, Celia había conseguido consolidar a lo largo de este tiempo una fiel cartera de clientes. Había incluso conquistado a los paladares más exigentes, hasta situar su establecimiento entre los recomendados de la Guía Repsol. Entre sus comensales habituales figuraban nombres como los de los chefs asturianos Nacho Manzano, de Casa Marcial, o Luis Alberto Martínez, de Casa Fermín.
Además de estas dos personalidades, eran muchos los asturianos que se dejaban ver por el restaurante para degustar los platos de la cocina portuguesa que Celia preparaba con mimo y cariño. La carta era «inmensa», con la gastronomía lusa como protagonista y el bacalao como producto estrella. El restaurante contaba, además, con una cuidada bodega de vinos portugueses y una selección de postres tradicionales que completaban una experiencia capaz de trasladar al comensal directamente a Portugal.
Como ofrecía de esta manera una experiencia gastronómica única, el restaurante se convirtió en un lugar de referencia para los amantes de la cocina portuguesa en Asturias. Tal era la demanda que, debido también a su reducido aforo, había lista de espera para conseguir una mesa y poder disfrutar de los platos de Celia Pinto. «El negocio funcionaba muy bien», reconoce la cocinera, quien lamenta haber tenido que cerrar justo cuando el restaurante atravesaba uno de sus mejores momentos.
La noticia del cierre cayó como un jarro de agua fría entre sus clientes. «Algunos pensaban que era broma y que cerraba por vacaciones porque no se podían creer que un negocio que funcionaba bien tuviese que cerrar», asegura. Pero, muy a su pesar, y aunque contaba con el respaldo de una fiel clientela, Celia se ha visto obligada a poner punto final a la historia del restaurante que llevaba su nombre. Ahora solo le queda dar las gracias por el apoyo y el cariño recibidos a lo largo de estos años.
«Sentimos la necesidad de dar las gracias a todos los clientes que, durante estos años, nos han acompañado. Algunos de paso, otros haciéndose casi huéspedes estables. Gracias, por tanto, porque podemos llamaros amigos. Porque estos trece años solo encuentran explicación en vuestra fidelidad y en vuestro cariño», dice orgullosa de la buena acogida que ha tenido su restaurante. «Desde que abrí las puertas siempre me recibieron muy bien, a la gente le gustaba mucho mi casa y mi comida», asegura con nostalgia.
Tras cerrar esta etapa, Celia ahora piensa en su futuro. Por su mente ronda la idea de abrir una tienda de alimentación en la que los productos portugueses tengan todo el protagonismo. También contempla la posibilidad de abrir un nuevo restaurante. En caso de hacerlo, tiene claro que la cocina estará a la vista y que el aforo será aún más reducido que el que tuvo anteriormente. Mientras que estudia las posibilidad, aprovecha para tomarse un merecido descanso y disfrutar del tiempo con los suyos. Lo que sí tiene claro es que espera culminar su carrera profesional en Oviedo. «Todavía me quedan 17 años, pero espero poder jubilarme aquí», dice con confianza.