La familia de Oviedo que lucha contra el cáncer infantil: «El problema es que el tumor de Martina no se puede operar»
LA VOZ DE OVIEDO
La benjamina de la casa, con tan solo 10 años, forma parte de un ensayo clínico experimental en el Niño Jesús, destinado a combatir el tipo de cáncer que padece
11 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Cuando ciertas células del cuerpo empiezan a crecer y multiplicarse sin control en cualquier parte del organismo, puede ser consecuencia de un cáncer. Existen varios tipos de esta enfermedad, en función de la célula o el tejido que se originan, pero todos comparte un rasgo común: su gravedad, ya que la mayoría tienen altas tasas de mortalidad. Su incidencia es también elevada y, preocupantemente, cada vez son más los jóvenes que se ven afectados. Entre ellos se encuentra Martina Köpke, una niña asturiana de 10 años, cuyo caso recuerda que los tumores malignos no entienden de edades.
Esta pequeña ovetense lleva casi la mitad de su vida batallando contra un tumor cerebral que amenaza su desarrollo y pone en jaque su calidad de vida. Para ser más exactos, fue hace cuatro años cuando los médicos detectaron que tenía una masa blanca en el que es considerado como el motor y centro de control del cuerpo humano. Este descubrimiento permitió al personal sanitario descartar el diagnóstico inicial de epilepsia, después de que su madre la llevara de urgencias al HUCA, tras observar que no podía mantenerse de pie y parecía desorientada. «Nunca antes le había pasado algo así, por lo que la llevé corriendo al hospital», confiesa Cristina Köpke.
Tras realizar una serie de pruebas y evaluar su estado clínico, el equipo médico determinó que la pequeña padecía un tumor cerebral. La noticia de este diagnóstico cayó como un jarro de agua fría para la mujer que daría la vida por la suya. «La verdad es que no sé cómo describir lo que sentí en ese momento. Es un dolor tan grande que no recuerdo haber sentido nada igual. Fíjate, mi familia estaba en la cafetería y yo salí riéndome, entonces pensaban que no era nada. Y todavía mi madre me pregunta que porqué me reía y es que, sinceramente, no lo sé», confiesa la ovetense, a quien todavía le cuesta asimilar que su hija esté enferma de gravedad.
A partir del 15 de marzo de 2022, día en el que cambió para siempre la vida de esta familia de Oviedo, la benjamina de la casa comenzó a recibir tratamiento para reducir esa masa blanca en el cerebro que pone en riesgo su bienestar. «El problema es que el tumor de Martina no se puede operar, por lo que tuvo que recibir 33 sesiones de radioterapia, además de estar dos años recibiendo quimioterapia oral», precisa su madre, que ha estado a su lado desde el primer minuto, entregada por completo a sus cuidados y asegurándose de que no le faltara de nada.
Contra todo pronóstico, la combinación de ambos tratamientos funcionó. «Los médicos alucinaron porque no pensaban que iba a dar muy buenos resultados», asegura. Consiguieron así frenar el avance de la enfermedad, aunque esto haya supuesto un deterioro en sus capacidades físicas y cognitivas. «Se cansa mucho. No puede correr ni practicar deporte al mismo nivel que cualquier otro niño de su edad. En el colegio también le cuesta: lo que a un niño le lleva estudiar una hora, a ella le lleva tres. Hacer operaciones combinadas le resulta muchísimo más difícil», detalla, con la confianza puesta en que su hija vuelva a tener esa agilidad mental que tanto la caracterizaba.
Para recuperar el ritmo escolar y estimular el desarrollo intelectual, Martina participa en un programa educativo de Galbán, la asociación asturiana que la asociación asturiana que centra todos sus esfuerzos en ayudar a familias con niños y adolescentes con cáncer. En su momento, cuando recibió las sesiones de radioterapia y le administraron la quimioterapia en fármacos, al pasar largas estancias en el HUCA, asistía a las aulas hospitalarias del centro para no perder el curso escolar y continuar así con su aprendizaje. Su madre recuerda con cariño a las docentes de este servicio, a quien agradece «infinitamente» toda la ayuda que le brindaron durante este proceso.
Hasta la fecha de hoy, esta familia de Oviedo sigue batallando contra el cáncer infantil. Y lo hace a caballo entre Asturias y Madrid. La pequeña desde hace dos años forma parte de un ensayo clínico experimental en el Hospital Niño Jesús, por lo que deben viajar a la capital cada 28 días. «Antes de continuar con la medicación, tienen que hacerle analíticas y asegurarse de que todo esté en orden», explica, reconociendo que cada revisión le genera cierta inquietud. «Especialmente las resonancias, porque son las que te muestran la verdad tal cual es», añade.
Por ahora, la enfermedad está bajo control. «Lleva ya cuatro años estable, con lo cual si tiene que estar con pastillas toda la vida, pues bienvenido sea», dice Cristina, quien quiere ganar así tiempo para que haya más avances científicos y aparezca un nuevo fármaco que permita acabar por completo con el tumor cerebral que padece su hija. «Sin investigación no hay vida. Ni para Martina, ni para tantas Martinas como hay, desgraciadamente. Nosotros lo que llevamos de camino aquí Martina perdió bastantes amigos de su edad y más pequeño. Y es muy duro», confiesa.
Pese a todo, esta madre ovetense mantiene la esperanza y la determinación de seguir luchando cada día junto a su hija, apoyándola en cada paso de su recuperación y celebrando cada pequeña victoria. «Por muy fastidiada que esté, que muchas veces lo estoy, a mí la sonrisa no me la quita nadie. Porque si ella está bien, ¿cómo voy a estar yo mal? La hundiría. Así que como haría cualquier madre tiro siempre para adelante», reconoce, antes de señalar que su pequeña es consciente de que está enferma y que debe continuar lidiando con «esta lotería que nos tocó».
«No se puede perder la esperanza ni un minuto»
Cristina Köpke lanza un mensaje lleno de esperanza a las familias que atraviesan situaciones similares o que acaban de recibir un diagnóstico devastador: «El camino es largo, porque lo es, pero tiene salida. Cada vez se avanza más, por lo que no pueden perder la esperanza ni un minuto. Es muy importante también que vivan al día porque sino la cabeza empieza a dar vueltas y ahí es cuando puedes estar mal. Hay que vivir el día a día con ganas y confiando en que vamos a salir de aquí», asegura y admite que esta manera de pensar es la que realmente la está ayudando.
«Hay que creer en la ciencia y apoyarse en la investigación, porque sin ella no hacemos nada», dice, recordando que los avances científicos son la esperanza de todas las familias que luchan contra estas enfermedades. Si quieres aportar tu granito de arena a la causa y colaborar en la financiación de las investigaciones sobre tumores infantiles, puedes donar directamente a la Asociación Española contra el Cáncer. Además, si deseas ofrecer tu tiempo, dedicación y compañía a los niños y niñas ingresados en el área de oncología pediátrica del HUCA, puedes hacerte voluntario en la asociación Galbán.