Victoria y las consecuencias del retraso en diagnóstico de TEA: «Le causó una enfermedad mental y también un trastorno neurológico»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

LA VOZ DE OVIEDO

Vicky González tiene 14 años y va en silla de ruedas por los síntomas incapacitantes de la enfermedad neurológica que padece
Vicky González tiene 14 años y va en silla de ruedas por los síntomas incapacitantes de la enfermedad neurológica que padece

Esta joven de Oviedo ha visto cómo su calidad de vida se ha deteriorado hasta el punto de necesitar, con 14 años, desplazarse en silla de ruedas. Está a la espera de que el SESPA acepte su traslado a la Clínica Ruber, de Madrid, para ser tratada multidisciplinarmente

19 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El autismo es una neurocondición que acompaña a la persona durante toda su vida e influye en cómo se comunica, se relaciona con los demás y se comporta. Pese a su elevada prevalencia, se calcula que más de medio millón de españoles padecen TEA, su diagnóstico sigue demorándose. De media, pasan entre cinco y siete años hasta que se identifica. En el caso de Victoria González, una joven de Oviedo, fueron diez. Este retraso tuvo graves consecuencias en su salud. «No solo le causó una enfermedad mental, sino también un trastorno neurológico funcional», asegura Maica Morán, su madre, quien ha visto cómo su calidad de vida se ha deteriorado hasta el punto de necesitar desplazarse en silla de ruedas.

Al existir, en general, poco conocimiento sobre cómo puede manifestarse el Trastorno del Espectro Autista, es frecuente que sus síntomas pasen inadvertidos. Por esta razón, Maica no le daba especial importancia a que su hija, cuando tenía tres años, no estableciera contacto visual con personas con las que no tenía relación. «Le decíamos que, por educación, tenía que mirar a la gente cuando hablaba y, a base de insistir, empezó a hacerlo», admite, antes de señalar que el hecho de ser padres primerizos hizo también que dieran por sentadas ciertas conductas que, en realidad, eran señales. «Nosotros le pedíamos cosas sin saber que eran contraproducentes para ella, pero como es perfeccionista y autoexigente, las hacía», confiesa.

Como consecuencia, la pequeña Vicky —así es como la llama cariñosamente su entorno— creció sintiendo que su forma de pensar y entender el mundo no estaba bien. Tenía, por tanto, que fingir ser de otra manera para encajar en la sociedad, incluso, en su familia. «Ese sufrimiento emocional por haber enmascarado sus síntomas durante tanto tiempo, sumado a una época de problemas de salud fisicos, derivaron en un problema de salud mental. Y ahí ya llegó el diagnóstico del autismo», cuenta su madre, todavía con rabia por no haberse dado cuenta de su neurocondición, ya que de haberlo sabido hubiese puesto cartas en el asunto. «Ella, en cambio, siempre se notó distinta», confiesa.

Vicky González, junto con su madre y mayor apoyo, Maica Morán
Vicky González, junto con su madre y mayor apoyo, Maica Morán

Cuando comenzaron a abordar sus problemas de salud mentales, los médicos se dieron cuenta de que su forma de ser y de comportarse era debido al TEA. El diagnóstico, aunque llegó tarde, permitió a la ovetense, que por aquel entonces tenía 10 años, entenderse a si misma. «A nosotros nos permitió darle las herramientas y los apoyos que necesitaba para salir de aquella situación tan mala», admite. Con ayuda psicológica y la comprensión de su entorno, la pequeña superó sus problemas de salud mental. «Pasó de rechazarse a aceptarse, y finalmente a estar orgullosa», dice su madre, antes de señalar, que una de las terapias que más la ayuda en todo este proceso ha sido la equitación. «Estar con caballos es algo que a ella le hace sentirse en paz», destaca. Dada su situación actual, recibe sesiones de equinoterapia en el centro ovetense de Equitación Positiva.

El autismo que padece Vicky es de grado uno. Esto quiere decir que, a nivel de lenguaje y autonomía no presenta dificultades, aunque sí necesita apoyo para desenvolverse plenamente en el ámbito social, adaptarse a los cambios y gestionar la sobrecarga sensorial. «A simple vista puede parecer que no tenga nada pero esas pequeñas cosas que a los demás no nos afectan como, por ejemplo, los imprevistos o los ruidos altos, le generan ansiedad y esto hace que se intensifiquen las rasgos típicos del TEA, como la rigidez mental o la literalidad, haciendo que sea mucho menos funcional», detalla. «Le cuesta también relacionarse con los de su edad porque no es capaz de entender las dinámicas de grupo y tampoco tiene sus mismos intereses», apunta.

Tras ser consciente de que su manera de ser y de actuar eran consecuencia del trastorno del espectro autista que padece y que no es algo por lo que tenga que avergonzarse, todo lo contrario, la joven ovetense, que ahora tiene 14 años, ha programado un vídeojuego basado en su experiencia para dar visibilidad a algunas de las dificultades que tienen pacientes con TEA, especialmente con autismo. Un proyecto que le ha llevado a ser una de las ganadoras españolas de la cuarta edición de las Olimpiadas Internacionales de Tecnología organizadas por la Fundación NTT DATA. Está aplicación de entretenimiento interactivo está disponible en la plataforma Scratch a la que se puede acceder a través del siguiente enlace.

Estas con los caballos a Vicky le proporciona bienestar
Estas con los caballos a Vicky le proporciona bienestar

Además de provocarle problemas psicológicos, el malestar emocional mantenido en el tiempo por la falta de un diagnóstico temprano de su autismo le ha generado un trastorno neurológico funcional. Una patología con la que convive desde hace cuatro años sin ser consciente de ella. «Aunque se la diagnosticaran hace poco, sabemos que los frecuentes desmayos que presenta desde los 10 años y otros síntomas que nos parecían muy extraños, como la pérdida de sensibilidad en distintas partes del cuerpo, se debían al TNF, no al autismo ni a la enfermedad mental, como se pensaba en un principio», señala su madre.

La enfermedad se vuelve incapacitante

Al igual que con el autismo, el diagnóstico del trastorno neurológico funcional se demoró en el tiempo. Las alarmas saltaron realmente cuando este pasado invierno los desmayos se convirtieron en crisis convulsivas, comenzó a tener taquicardias, pérdida de equilibrio e incluso serias dificultades para tragar alimentos e incluso su propia saliva. «Lo peor de todo es que las piernas empezaron a temblarle y a responder cada vez menos, hasta que terminó en silla de ruedas», apunta su madre, antes de aclarar que su estado de salud fue empeorando progresivamente.

Debido a su cuadro clínico, Vicky tuvo que ser ingresada en el HUCA. «Después de diez días en el hospital nos dieron el alta sin un diagnóstico. Los médicos nos dijeron que no tenía nada y la derivaron a otras especialidades para seguir con estudios ambulatorios», cuenta. Pasaban las semanas y, lejos de mejorar, la joven empeoraba. «El 8 de marzo ya no podía sostenerse de pie, así que volvimos al HUCA con la maleta hecha, pensando en un ingreso. Sin embargo, nos dijeron que no la iban a ingresar porque ya la habían valorado y no presentaba patología orgánica», relata su madre.

El diagnóstico certero

Por suerte, ese día había en urgencias una médica que conocía el caso, ya que trataba a Vicky por otros problemas de salud, y les recomendó acudir a la Clínica Ruber Internacional. «Me dijo que el Sespa podría derivarla, pero que sería un proceso muy lento, y que, si podíamos, fuésemos por nuestra cuenta. Así que eso hicimos», asegura. Cuando llegaron a la clínica de Madrid, la neuróloga les confirmó que Vicky padecía un TNF, una enfermedad neurológica causada por un funcionamiento incorrecto del sistema nervioso. Aunque no existe lesión orgánica, explicó que, con el abordaje adecuado, el potencial de recuperación es muy alto.

«El abordaje del TNF se realiza mediante un equipo multidisciplinar formado por distintos profesionales —neurólogos, fisioterapeutas, psiquiatras y terapeutas ocupacionales— con experiencia en el tratamiento de esta enfermedad», explica su madre, quien a solicitado al SESPA apruebe su traslado a la Clínica Ruber Internacional para que pueda ser tratada de este trastorno neurológico funcional, que la limita en todos los sentidos.

Vicky González, con su padre, antes de que los síntomas de la enfermedad neurológica que padece se volvieran incapacitantes
Vicky González, con su padre, antes de que los síntomas de la enfermedad neurológica que padece se volvieran incapacitantes

«Antes tenía una vida muy activa y ahora necesita ayuda para todo. Cuenta con una asistente personal para que no esté sola, porque en su estado no puede ir al colegio y nosotros hemos reducido jornada, pero también tenemos otra hija y no podemos con todo. Además de la debilidad en las piernas, también sufre dolor, no duerme bien, está muy cansada, le cuesta tragar, le molesta la luz y, lógicamente, todo esto le afecta también a nivel psicológico», añade su madre, Maica, quien no soporta verla sufrir de esa manera.

Con la vista puesta en recuperarse plenamente para cumplir su sueño de ingresar en la Policía Nacional, Vicky lanza un mensaje de paciencia y resistencia a quienes pasan por situaciones difíciles. «Llegará un día en el que harás cosas que antes veías imposibles», afirma convencida. Además, aconseja a los jóvenes con un perfil de TEA leve que visibilicen su situación en las aulas con total naturalidad: «Si lo cuentas, tus compañeros lo entenderán mejor y será más fácil recibir los apoyos necesarios». Su receta ante los baches de la vida es clara: persistir y mirar siempre hacia adelante.