Cordero: «Saqué la ESO y me puse a trabajar para ayudar a mi familia»

La Voz de Asturias entrevista a Carlos Cordero, uno de los jugadores que destaca en el mejor filial de la historia

Carlos Cordero
Carlos Cordero

Gijón

Terminan los entrenamientos de primer equipo y filial en Mareo. Pasan las doce de la mañana y ya no hay ni rastro del orbayu que asomó a primera hora por la Escuela de Fútbol. Luce, de forma tímida, el sol. En la puerta, de uno de los emblemáticos edificios de las instalaciones rojiblancas, espera un chico de sonrisa tímida pero convincente. Es Carlos Cordero, una de las revelaciones del mejor filial de la historia del Sporting.

Cordero, ataviado de arriba a abajo con un chandal del club, es insultantemente educado. Natural de Almendralejo, una pequeña ciudad de la provincia de Badajoz, esquiva el prototipo de futbolista moderno, «no soy mucho de redes sociales. Ni de subir fotos; a mí salir bien o mal en una foto no me importa mucho», explica sin darse demasiada importancia.

Nos adentramos en la planta inferior del edificio, donde hay tres sofás. Carlos Cordero selecciona uno y, con una mirada, me pide, sin decirlo, que me sitúe en el que está más cerca de él. Empezamos así una conversación por espacio de quince minutos. Suficiente tiempo para calibrar el carácter humilde de un jugador llamado a ser futbolista del primer equipo.

¿Cómo te va la vida en Gijón?

Bien, estoy muy contento la verdad. Me estoy adaptando al clima. No es lo mismo venir del Sur, del «solito». Aquí por el día hace sol y por la tarde ya está lloviendo. Pero lo que más me ha impresionado de esta ciudad es como come la gente, «¡es una locura!» (risas). Allí, en Extremadura, no se come tanto.

«Lo que más me sorprende de Gijón es lo que come la gente: ¡es una locura!»

Eres de Almendralejo, cerca de Badajoz

Sí, es un pueblo amplío o una ciudad chiquitita. Es un pueblo muy futbolero.  De allí han salido muy buenos futbolistas.

Y, ¿cómo empiezas a jugar a fútbol en Almendralejo?

Empecé muy «chiquitino», con cuatro años. Ah y también me gustaba el billar... (risas). Comencé a jugar en la Escuela Municipal del Ayuntamiento, después pasé al Atlético San José Promesas y luego estuve hasta juveniles en Club Deportivo Almendralejo. Cuando terminé mi etapa en el juvenil, ya fiché en Tercera por el Fuente de Cantos.

Toda la vida jugando a fútbol...

Sí, sí. Estaba todo el día jugando a fútbol. Mi madre tenía allí un bar en el pueblo y siempre jugaba en el patio con los colegas desde las siete de la tarde hasta las doce de la noche. Todo el día con el balón. 

¿Tienes más hermanos?

Sí, dos chicas y un hermano mayor. Él, también, jugaba a fútbol. Es conocido allí, tiene diez años más que yo. Siempre me ayuda y me aconseja. Llegó a Tercera, se llama Rafa Carvajal.

Decías que tu madre tenía un bar en el pueblo...

Mi madre siempre ha tenido una vida dura. Se separó de su antigua pareja y tuvo otro novio pero falleció hace unos diez años. Mi madre siempre nos ha cuidado a mí y a mis hermanos. Bueno, ella y mi abuela paterna, que era como si fuera mi padre. He pasado muchas horas ayudando a mi madre en el bar. Me acuerdo que me metía en la cámara donde sacaba la coca - cola; era un espacio pequeñito y solo podía entrar yo por la altura. 

Cuando terminaste en el juvenil, fichas por el Fuente del Cantos

Sí, el Fuente del Cantos es un club que está por el sur de Badajoz. Me fui a jugar allí con 18 años. Tenía que ir a entrenar y volvíamos a casa a las once y media o las doce. Por las mañanas trabajaba para ayudar en casa, en el Ayuntamiento en señalización de tráfico.

Saqué la ESO. y rápidamente me tuve que poner a trabajar para ayudar a mi familia. Pero no solo yo, también todos mis hermanos. Éramos una familia, siempre estábamos para ayudarnos, para poder tener en casa para comer y pagar la luz. Tenía la suerte de poder compaginar el trabajo con el equipo pero llegaba a casa reventado. En el equipo ganaba poquito, pero me venía bien para mis gastos y para mis cosas.

«Mi madre tuvo una vida muy dura. En mi familia todos nos ayudábamos para comer y pagar la luz»

Parece una historia dura...

Bueno ahora esto (en referencia a Mareo y al Sporting) me ha dado la vida. Me ha cambiado la vida radicalmente.

«El Sporting me ha dado la vida»

¿Cómo es tu fichaje por el Sporting?

A base de trabajo en el Fuente del Cantos pude sobresalir un poco y salir, de vez en cuando, en las noticias. Me llevaban siguiendo desde febrero pero mis representantes no me lo dicen, solo me avisan cuando ya se firma. Si me lo llegan a decir pues igual me hubiera puesto un poco más nervioso.

¿Cómo fue venir de Almendralejo a Gijón?

Se me hizo muy duro. Era la primera vez que salía de casa y, encima, solo. Los primeros seis meses estaba solo porque mi pareja estaba trabajando y no podía venir. Ella es mi principal apoyo en Gijón; siempre está en las buenas y en las malas. Empecé viviendo con Juan Rodríguez en Roces y así compartíamos el piso y el día a día, eso me ayudó mucho. Al principio me pasaba las noches llorando pero bueno es lo que tocaba.

«Cuando llegué a Gijón fue muy duro; me pasaba las noches llorando»

¿Se llega a replantear uno incluso dejar el fútbol?

No, eso no. Llevo desde pequeño peleando por mi sueño y los trenes solo pasan una vez en la vida.

Ahora dices que estás con tu pareja, ¿dónde vives?

Estoy con mi pareja en el barrio de La Calzada, es muy tranquilo. Además, ahora, tenemos un perrino y vamos con él al centro dando un paseo. 

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