Carta de un sportinguista a Torrecilla

Artículo de opinión

Carta Sporting
Carta Sporting

Ser aficionado del Sporting no es ni mucho menos tarea fácil. El fútbol, que muchas veces sirve de válvula de escape a nuestras situaciones cotidianas, en nuestro caso, por desgracia, nos tiene más habituados a sufrir que a disfrutar en los últimos años. Es más, algunos de los aficionados más jóvenes, cercanos a la veintena, han visto más veces a su Sporting en Segunda División que en Primera. Una situación que nos hace ser una afición especial, diferente; curtida en el fracaso. Una afición que vive acostumbrada a la derrota pero que cada verano responde fielmente a la hora de renovar sus abonos.

Resulta por ello complejo etiquetarnos. Somos la misma afición que vive hasta el extremo un simple resultado, que pasa en poco tiempo de la euforia del ‘EuroSporting’ al drama de ‘estar en Segunda B’. Curiosa la coexistencia de la paciencia -e incluso docilidad- que tenemos hacia un club que nos ha dado más penas que alegrías en el último cuarto de siglo con la impaciencia sobre el resultado, sobre las expectativas que prácticamente actualizamos cada fin de semana.

Sin embargo, por muchas cuestiones que nos indeterminen, si hay algo que tenemos claro es que a la grada nunca se la debe señalar. El Sporting atraviesa una etapa convulsa, más cerca de los puestos de descenso que del Playoff en un proyecto que sí, nos había ilusionado a todos y con un entrenador que sí, El Molinón en su día, hastiado de la mala dinámica de su equipo, pidió como revulsivo. Pero no se deben confundir las cosas; quienes toman todas y cada una de las decisiones no es la afición, y exigirle ahora que obre en consecuencia de lo que demandó en su momento, como declaró días atrás Miguel Torrecilla a la hora de explicar la continuidad de José Alberto, no es lo más inteligente.

Pocos hoy podrán defender la labor de José Alberto o el rendimiento de varios jugadores llamados a ser clave dados los resultados. Ahora bien, el apoyo de la afición nunca faltará, aunque la llama de la ilusión se vaya apagando. No olvidamos que su suerte será la nuestra. Y salir públicamente a desmarcarse, prácticamente exculpándose de sus responsabilidades, y señalar, no parece la mejor idea. Menos aún tras dos semanas de dudas y sombras sobre el proyecto sportinguista y su futuro. Porque al igual que la afición no nombra técnicos y no hace fichajes, tampoco los destituye, por mucha presión que pueda ejercer.

Que el aficionado rojiblanco esté apagado, desilusionado, es lógico dada la situación. Pero no es responsable de nada de lo que ocurra en los despachos o sobre el césped. Personalmente no puedo decir cuál es la solución óptima para este club, pero sea cual sea el proyecto, por suerte o por desgracia, la afición del Sporting siempre responderá. Y eso, lejos de señalarse, debería realzarse como una gran virtud.

Carta de un sportinguista a Torrecilla