La historiadora mira hacia los preceptos «prácticos» en religiones de China y la India como fundamento de «hábitos» políticos que fomenten una política global «más justa e igualitaria» basada en «la parte divina del hombre»
La destrucción de viviendas, ganado, reservas de alimentos, cultivos y hasta árboles en las aldeas que habitaban muestran la intención de hacer imposible su retorno