Mi palabra contra la de La Manada

m. cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

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La polémica rodea el juicio contra los jóvenes que presuntamente violaron a una chica en San Fermín

19 nov 2017 . Actualizado a las 13:25 h.

Es su palabra contra la de ellos. El relato de cinco jóvenes sevillanos que se fueron de juerga al San Fermín en julio del año pasado, presuntamente dispuestos a darlo todo, contra el de una muchacha madrileña que, a sus 18 años, había ido a Pamplona en coche con un amigo para disfrutar de la fiesta. El juicio por violación que comenzó el lunes contra los miembros de esta pandilla, autodenominados como La Manada en su grupo de WhatsApp, ha acabado convertido en uno de los más mediáticos de los últimos años. Aunque es a puerta cerrada, la lectura de las conclusiones será pública.

Lo que ha trascendido del proceso se debe a las declaraciones realizadas por los letrados de ambas partes al salir de las vistas diarias. Lo que trata de dilucidarse ahora es si fue consentido el sexo que mantuvieron los jóvenes en un portal aquella noche. De la respuesta dependerá que los acusados continúen, o no, con sus huesos entre rejas. La pandilla ingresó en la cárcel en régimen preventivo después de que sus componentes fueran detenidos el mismo día de los hechos.

Ellos reiteran que lo fue. Solo uno se ha declarado culpable de un delito de robo. La víctima dijo en su declaración de esta semana que entró de forma voluntaria en el portal en el que supuestamente fue violada, pero no para mantener relaciones. Al parecer, pensaba que iban a fumar unos porros. Entonces, según su propio relato, quedó en estado de shock y no pudo oponer resistencia. Sobre su declaración, dice el psiquiatra Manuel Serrano que la reacción relatada por la joven «es de libro, porque normalmente la respuesta ante un hecho de esa gravedad es de perplejidad y embotamiento derivados de un temor inmenso. La persona está confusa, no sabe cómo actuar». Los que corroboraron también el estado en el que estaba la joven fue la pareja que la atendió llamando al 112 cuando la hallaron acurrucada en un banco después de lo ocurrido y los policías que acudieron al lugar tras recibir el aviso.

Con todo, la polémica ha estado servida durante la semana. Cuestiones como la admisión a trámite de un informe encargado a un detective por el letrado de uno de los acusados sobre la actividad en las redes sociales de la joven después del suceso, la aceptación también de una foto subida por ella a una red social en la que se veía a una tercera persona con una camiseta con el lema «Hagas lo que hagas, quítate las bragas», popularizado por la concursante de un reality show, o el hecho de que no fueran admitidos los mensajes de WhatsApp que enviaron los miembros de La Manada durante los días anteriores al suceso -solo se aceptaron los del día de autos- prendieron la mecha de las redes.

En la Audiencia de Navarra, donde es juzgado el caso, deberán hilvanar todos los detalles que vayan surgiendo en las vistas, por mínimos que parezcan. El objetivo es discernir quién dice la verdad. De lo que no cabe duda, a juicio del letrado Rafael Arangüena, es de que, independientemente del resultado de la sentencia, la Fiscalía quiere dar ejemplo. Opina que al pedir para los acusados una de las penas más elevadas para un delito de estas características muestra que no va a ser indulgente con sucesos de este tipo. Concretamente, reclama para cada uno 18 años de cárcel por un delito de agresión sexual; dos por otro de robo con intimidación; otros dos y diez meses por un delito contra la intimidad, además de diez años de libertad vigilada después de cumplir la pena, y veinte en los que no podrán acercarse a la denunciante. 

Prueba clave

Las grabaciones que los jóvenes realizaron aquella noche del 7 de julio en Pamplona son una prueba fundamental en el caso. Son 96 segundos de los poco menos de veinte minutos que transcurrieron desde que entraron en el portal donde ocurrieron los hechos hasta que ellos lo abandonaron.

Uno de los argumentos a los que se ha querido agarrar la defensa es al comportamiento posterior de la joven. Pero Serrano recuerda algo: «Cuando sufres algo como esto la culpa es tal, lo mismo que la pérdida de autoestima, que tratas de ocultar lo que ocurrió comportándote de un modo de lo más normal. Además, hacer vida normal puede ser una prescripción terapéutica».

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