El segundo debate, la derecha al ataque, Sánchez a la defensiva

Casado y Rivera pugnaron por liderar su espectro político y acosaron a Sánchez por sus pactos con los independentistas. El presidente lo negó, e Iglesias se puso de su parte, pero pidió una consulta


La segunda era de acción. No habían pasado quince minutos y la palabra «mentiroso» había salido ya una decena de veces. Casado, que abandonó la pose presidencial y mejoró respecto al debate anterior, se lanzó a la yugular de Sánchez desde el inicio. Y Rivera, igual de efectista que la víspera y disparando contra todos, tampoco dio tregua al líder del PSOE, pero provocó también constantemente al líder popular, disputándole abiertamente el papel de alternativa al Gobierno socialista.

Sánchez, obligado a actuar de nuevo a la defensiva, era consciente de por dónde le iban a venir y arrancó con una declaración taxativa. «Yo no he pactado con los independentistas. Es falso», dijo, lo que le valió ser acusado de mentir por Casado y Rivera. E Iglesias, empeñado en representar el papel de profesor y hablando casi en susurros durante todo el debate, pidió que no hubiera insultos y hasta llegó a llamar «maleducados» a sus rivales.

«Ya ha negociado y ya ha cedido», aseguró Casado, que calificó a Sánchez como «un peligro para España porque depende de los batasunos». «No se puede blanquear al golpismo y el terrorismo» añadió, y advirtió de que si gana Sánchez «España dejará de ser lo que es». Pero Rivera subió la apuesta. «Sánchez es el candidato del terrorista Otegi», afirmó, mientras el líder del PSOE musitaba por lo bajo: «qué vergüenza». Sánchez se defendió asegurando que si hay elecciones es precisamente porque los independentistas no le apoyaron. Iglesias propugnó un referendo en Cataluña ?algo que Sánchez rechazó?, aunque precisó que está a favor de que siga formando parte de España. Pero, pese a esa discrepancia, Sánchez obtuvo en muchos momentos del debate el apoyo de Iglesias, que tachó de «barbaridades» las acusaciones de Casado y Rivera y le permitió salir vivo del acoso.

Sánchez sigue sin definir pactos

El debate fue más ágil, pero Sánchez, siguió sin aclarar si está dispuesto a pactar con Ciudadanos. «No entra en mis planes», fue lo más que llegó a decir, pero sin cerrar esa puerta. «Si hay un solo escaño más que los que sumen de los socialistas e independentistas, apoyaremos este Gobierno», proclamó por el contrario Rivera. Casado trató también en vano de arrancarle a Sánchez la promesa de que no iba a indultar a los líderes del procés provocándole con el truco de preguntar si estaría dispuesto a decir que no indultará «a la manada».

En economía, el mantra de Casado fue equiparar las políticas del líder del PSOE con las de Zapatero. «Cada vez que habla Sánchez sube el pan», le espetó. Pero al presidente ayer le tocaba recibir y hasta Iglesias le reprochó no haber garantizado por ley la revalorización de las pensiones. Y Rivera, marcando de nuevo distancias con el PP y el PSOE, responsabilizó a ambos de la precariedad en el empleo. «El mercado laboral español está obsoleto», aseguró, mostrándose muy duro con Casado, al que recordó que el PP votó a favor de subir el IRPF con Rajoy, lo que provocó un intenso rifirrafe entre ambos. «Ya estamos con las primarias de la derecha», acertó a colocar Sánchez. Iglesias, ajeno a la bronca, prometía «cosas concretas», como «hacer que los bancos, que en la práctica no han pagado impuesto de sociedades, paguen». Casado reprochó a Sánchez que hablara de fraude fiscal y aseguró que tiene varios ministros con sociedades inmobiliarias interpuestas.

Rivera, que destacó en el debate previo, estuvo algo sobreactuado y trató de sacar de sus casillas a Sánchez diciendo que lo veía «nervioso». «Le he traído un libro que usted no ha leído, su tesis doctoral», le espetó esgrimiendo el tomo, aunque Sánchez, rápido, le ofreció un volumen sobre el líder de Vox.

En materia social, Casado se vio apretado por las críticas de Sánchez y Rivera por su posición sobre el aborto, a lo que solo replicó con su propuesta de crear una Ley de Maternidad. Pero, de nuevo aquí, Rivera marcó distancias con Casado defendiendo la eutanasia. Sánchez le reprochó también a Casado que rechace una reforma del Código Penal en materia de agresión sexual. «España no se merece un presidente como Sánchez, que juega con el dolor de las mujeres», atacó Rivera. Tanto Iglesias como Sánchez sacaron a colación las propuestas de Vox para adjudicárselas a Rivera y Casado por haber pactado con ese partido en Andalucía. La sensación final es que la derecha ha sacado más partido de los debates, aunque no logró tumbar a Sánchez.

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Manuel Varela

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