«Muchas mujeres no saben que están siendo maltratadas; cuando se duda, hay que actuar»

María, víctima de la violencia machista durante 30 años, ejemplifica el dolor del acoso pero también la capacidad de reaccionar y de tomar conciencia de las raíces de una lacra que no remite


Gijón

«No puedo decir mi nombre. Aún temo represalias del maltratador, y sigo con medidas de seguridad. Puedes llamarme "María". Es un nombre que representa a muchas mujeres». María es una de las asturianas que, muy a su pesar, puede representar con el relato de su tormento el de un número incierto de conciudadanas; aquellas por las que hoy el mundo celebra -también con actos en Asturias- el Día Internacional por la Eliminación de las Violencias hacia las Mujeres. El suyo es ejemplar en muchos sentidos: en el negativo, por la dureza y la duración de su padecimiento, pero también en el positivo porque ejemplifica la actitud de una mujer que no solo se decidió a romper el círculo de la violencia sino que también se ha esforzado por tomar plena conciencia de lo que esa violencia significa, de dónde procede y del modo en que se debe afrontar. María lo tiene claro. Cualquier análisis que prescinda del factor de género, yerra.

Tiene 50 años, tiene hijos y trabaja. «Una suerte, porque hay muchas mujeres víctimas de violencia que no trabajan, aunque la violencia sea transversal y se dé en todos los estratos sociales, no solo en la gente por debajo de ciertos límites de pobreza o con niveles de formación más bajos, como dicen algunos de los muchos mitos que hay sobre la violencia de género», añade. Para ella, el acoso empezó en el entorno doméstico. Merece la pena dejar que María hable y relate, tal cual, su historia y sus reflexiones.

«Mi relación ha sido de maltrato psicológico; físico, puntualmente. En una familia donde existe violencia de género sufren también otros, como sufrieron mis hijos, que ahora son mayores. La violencia psicológica fue total y absoluta. Duró mucho: treinta años. Fue desde el noviazgo. Una vida entera. Pero estamos socializados de una forma en que nos cuesta verlo. Cuando te das cuenta, ya estás metida de lleno. La violencia tiene muchas caras. No empieza el primer día. Va creciendo sutilmente. El problema es que la gente no entiende lo que es en género, lo que es la violencia en sí, cómo se produce y perdura en el tiempo. Hay que saber un poco de género para saber lo que conlleva.

Es muy duro porque cuesta mucho salir de ahí y hay muchos factores que contribuyen a que sigas dentro. La violencia es un ciclo: hay una acumulación de tensión que pasa a una segunda fase, una explosión de violencia en la que puede ejercerse la violencia de muchas formas, y luego está el arrepentimiento. Ahí vuelves a ver la mejor cara del agresor y te convences de que puede cambiar. Esas fases pueden dilatarse mucho en el tiempo; pero hay un momento en el que la fase de arrepentimiento empieza a no existir y empiezas a vivir solo con la acumulación de tensión y la explosión violenta, y llega un momento en el que tienes que empezar a tomar decisiones. Había amenazas de todo tipo. En ese momento llegas a un hartazgo absoluto de la situación, ya no hay nada que creas que se puede cambiar. Es como vivir en el frente, en primera línea. Lo único que quieres es salir de ahí. En ese momento, en el que mis hijos ya no estaban conmigo, empecé a empoderarme un poco. Mi situación era intolerable.

Yo no denuncié. Me fui a una casa de acogida y sigo llevando conmigo el dispositivo de seguridad que te proporciona la Cruz Roja; había un riesgo aún bastante alto de que pudiera atentar contra mi integridad física. Lo sigo llevando porque aún hay temas pendientes, asuntos de juicios, gananciales... Pero es igual. Aunque se termine con todo eso siempre queda algo. He visto en la televisión lo del caso de hoy mismo: vino desde Alemania y la mató. Han podido pasar ocho años, y tú empiezas una relación nueva y él vuelve y te pega un tiro o te mete una puñalada. No te lo quitas nunca de encima. Las mujeres que hemos sufrido violencia de género no sabemos nunca cuál va a ser la relación de nuestro maltratador. Siempre estás mirando hacia atrás por si lo ves. Te salta la alarma con cualquier cosa. Es como vivir continuamente en un shock postraumático.

Desgraciadamente, las mujeres no conocen todos los recursos que existen. Este es un tema que no es fácil de comunicar. Se siente vergüenza, aparte de miedo y otras muchas cosas. No te gusta comentar lo que pasa en casa, socialmente es complicado. Por eso digo a las mujeres que si se encuentran en una situación de violencia, si las están maltratando -aunque sea psicológicamente, porque todo empieza así- les digo que se informen. Que vayan al Instituto de la Mujer y se informe de los recursos que pueden encontrar. Hay mucha gente que no sabe que existe la Casa Malva, un centro integral increíble para los hijos y para las mujeres.

Cuando te empiecen a desvalorizar, cuando te empiecen a intimidar, cuando empiecen a pasar esas cosas que no entiendes y si tienes simplemente la duda sobre si estás siendo maltratada hay que actuar, que se informen. Porque hay muchas mujeres que no saben que están siendo maltratadas por su supeditación al hombre, es todo educacional. El Instituto de la Mujer les va a ofrecer la ayuda de profesionales que saben ante todo sobre género.

Todo esto es la punta del iceberg. Hay muchísimas mujeres que están sufriendo mal trato de una forma u otra, aunque sea más suave. No están en relaciones igualitarias. Debería hablarse del género. Debería darse en las escuelas. Debería enseñarse a los profesores o a quienes entienden a mujeres. Es fundamental que se sepa lo que es el género: es una construcción cultural de una diferencia por el simple hecho de tener un sexo anatómico diferente. A las mujeres nos educan en un ámbito privado en un rol de cuidadoras, de madres. En el ámbito público se busca más la individualización de la persona; pero la mujer está asignada a los demás. Ahí empiezan unas relaciones que no son igualitarias; el hombre tiene siempre un poder sobre la mujer.

Si no se sabe todo esto seguiremos sin identificar la raíz y sin encontrar una solución a todo esto. Mientras tanto, lo más importante es que sepan que hay sitios donde pueden acudir y saber que no están solas».

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