¿Y por qué no fabes para desayunar?

Los niños asturianos siguen la fórmula de leche, colacao y galletas en la primera comida del día, pero las opciones sanas van mucho más allá

Desayuno niños

Redacción

Leche, galletas y colacao, desayuno y merienda ideal o, mejor dicho, industrial y plagado de azúcares. La creencia social de que existen productos para el desayuno ha llevado a padres y madres a ofrecerle a sus hijos uno rápido y «típico», incidiendo en el desarrollo de hábitos alimentarios perjudiciales para el menor. Pero, ¿qué pasaría si se sale de esa rutina y se le dan garbanzos, arroz o incluso unas pocas fabes simples para desayunar? Los expertos coinciden en que, aunque pueda resultar chocante, mientras sean alimentos de verdad las opciones son tan infinitas como sanas.

Y se pueden llevar las manos a la cabeza, pero no, el desayuno no es la comida más importante del día -no hay ninguna evidencia científica que lo demuestre-. De hecho, no existe un desayuno ideal como entona la conocida canción, pero sí existen muchas formas de desayunar de manera saludable. Ramón de Cangas, dietista-nutricionista y doctor en Biología Funcional, apunta que, tradicionalmente, el que se ha presentado como desayuno ideal en el sistema cultural español está formado por un cereal, una fruta y un lácteo, que «son alimentos saludables siempre que se presenten en las opciones aptas». El problema está en que, cuando se habla de cereal, se piensa en los que invaden las estanterías de los supermercados, «pero cereal es el pan integral, los copos de avena y muchas cosas. Incluso se podrían desayunar legumbres siempre que sean alimentos reales», afirma De Cangas.

«La industria alimentaria se ha encargado de diseñar esos alimentos considerados para el desayuno». La opinión de Shafikah Khalil, educadora y asesora nutricional especializada en alimentación vegetariana, nutrición deportiva y reeducación, es una realidad factual en los países desarrollados, «donde la industria tiene un fuerte peso y se ha empeñado en que hay que desayunar de una determinada forma y con alimentos específicos, pero no es así».

Según el II Estudio Lidl-5 al día sobre los hábitos del desayuno en España, el desayuno de los asturianos es poco equilibrado, en solitario y en menos de 10 minutos. El 7% de los niños del Principado no desayuna, hasta el 20% incluye bollería como primera comida del día y 7 de cada 10 no toma fruta fresca para desayunar, a pesar de las recomendaciones de los expertos.

¿Y qué pasaría si se van al cole sin desayunar? En principio, absolutamente nada, siempre que ello responda al apetito del menor. «Antes de darle galletas o cualquier batido chocolateado, es mejor que no desayune si no tiene hambre», afirma Khalil. Del mismo modo piensa De Cangas, quien considera que el desayuno no es obligatorio, pero sí una comida interesante. Este criterio de la obligatoriedad se contrapone con la experiencia de Marta Suárez, dietista-nutricionista del equipo de gastroenterología y nutrición pediátrica del HUCA, porque «los niños que no desayunan suelen ser o pueden llegar a desarrollar obesidad, ya que después están picando durante todo el día».

La excesiva importancia que se le ha llegado a dar a esta comida ha resultado en que, si el niño se levanta sin apetito, «los padres, por miedo a que no coma, acaben metiéndole en la mochila un paquete de bollos», comenta De Cangas. Entonces, lo que hace falta -como en tantos otros aspectos- es educación.

Desde la perspectiva pediátrica, José Ignacio Pérez Candás, presidente de la Asociación Asturiana de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), revela que se está produciendo un cambio de tendencia en la alimentación de los menores: «Hemos pasado de un intervencionismo sanitario muy grande en la alimentación a dar la información para que cada individuo se regule». Asimismo, apunta a un giro en las necesidades básicas, asegurando que «una buena alimentación ha de ser principalmente vegetariana, con algo de carne y pescado, y bien repartida a lo largo del día, y si los productos son de cercanía y orgánicos, mejor imposible».

Las opciones sanas

«Si la gente supiera qué es mejor no darle a un niño, sabría que no es malo darle unos garbanzos para desayunar», afirma Khalil. Un desayuno saludable, como cualquier otra comida, debería incluir aquellos alimentos que no sean ricos en azúcares, es decir, evitar la bollería, zumos y todos esos productos empaquetados y coloridos, porque, como apunta Suárez, «cuantos más colores, peor». Lo más habitual en España, dadas las costumbres culturales y gastronómicas, será incluir un lácteo no azucarado, una pieza de fruta y un cereal. Así, se le podría dar a un niño para desayunar «unas tostadas de pan integral con humus, una naranja entera -sin exprimir para no quitarle la fibra- y unos frutos secos, que son alimentos muy ricos en proteínas y grasas saludables», sugiere Suárez.

Si el humus le pareciera un sabor muy extraño al niño, siempre se podrá recurrir a grasas de las buenas para acompañar al pan, como el aceite de oliva o el aguacate. Khalil propone la posibilidad de optar por una tortilla francesa, un plátano, una pera, unos pocos cacahuetes y una onza de chocolate del 70%. Por su parte, De Cangas se arriesga con los límites de la costumbre y apuesta por las legumbres, ya que «podrían ser buenas para desayunar, pero presentadas de forma atractiva para el niño, ya que son una fuente de proteína vegetal y de hidratos de carbono completos, y por qué no, un poco de atún o unas sardinillas -ricas en calcio-… tenemos muchísimas opciones diferentes para desayunar».

En cuanto a los lácteos, el Principado es una comunidad con un fuerte consumo de estos productos. Según Pérez Candás, se ha inducido en exceso a pensar que la leche y derivados eran esenciales, «como si no hubiera calcio en otros alimentos». En Asturias, en concreto, «sabemos que buena parte de la obesidad infantil se debe al exceso de lácteos. Lo cierto es que, a partir del primer año de vida, con limitarla a 500 ml como mucho es suficiente, lo que equivale a un vaso de leche y un yogur».

Cambiar el hábito

Cambiar la rutina alimentaria de un niño no es tarea fácil, se necesita paciencia y, ante todo, que los padres sean el mejor ejemplo. El primer error está en pensar que, como ahora es un niño, puede comer lo que quiera sin problemas porque, apunta Khalil, «cuando sea adolescente y tenga la facilidad de comprar algo optará por un donut antes que por una fruta. En cambio, si se le habitúa a las opciones saludables no tendrá tantas ganas de adquirir esos productos».

Lo mejor, según De Cangas, sería que, cuando los niños empiecen a comer sólidos, no se les ofrecieran las opciones malas. Pero si ya está acostumbrado, la clave del cambio está en ir poco a poco reduciendo la cantidad de azúcar añadida en el desayuno, «mirando que sean los cereales más básicos posibles, ir probando y cambiando el zumo azucarado por uno sin azúcar, etc. Cualquier terreno que ganemos en la reducción de azúcar o del aceite de palma traerá beneficios para su salud», sostiene.

Hay que tener en cuenta que no se trata de prohibir, «no pasa nada porque se tome un día unas galletas, pero el hábito debería ser otro y mantenerse durante todo el día», cuenta Suárez. La nutricionista confirma que los niños aprenden si se les explica bien la teoría «y, cuando ven que tienen más energía o que, en caso de obesidad, reducen sus índices, experimentan la práctica». Todo ese aprendizaje requiere de apoyo; un apoyo que no siempre está presente. Según Suárez, hace falta que la figura del dietista-nutricionista se implante en el sistema de Atención Primaria de España porque «al pediatra no siempre le da tiempo a explicar en qué consiste una alimentación saludable. También hace mucha falta educación nutricional en los colegios. Muchas veces me resulta chocante que las familias piensen que las galletas María son saludables; creen que lo están haciendo bien». A ello se defiende el presidente de AEPAP, quien asegura que «en las consultas hay tiempo; está incluido dentro del plan de nutrición infantil. Se dan una serie de recomendaciones por escrito y, además, se explican, con la idea de dar autonomía a la persona para que tome las riendas de su alimentación».

Para salir del ambiente obesogénico que se vive en la actualidad, los expertos señalan que la base de la alimentación debería regirse por el principio de más vegetales y menos animales, como apuntaba anteriormente Pérez Candás. Así lo considera también el doctor De Cangas. Con ello no están sugiriendo que haya que ser veganos, sino que «al incluir más alimentos de origen vegetal y menos de origen animal estaremos cuidando más nuestra salud. Por eso el desayuno es un buen momento para incluir frutas, pero también hortalizas. Podemos hacernos un revuelto de setas, champiñones y pimientos», comenta De Cangas.

El desayuno no será la comida más importante del día pero sí que es una buena oportunidad para comenzar a desechar, poco a poco, todos esos alimentos procesados, llamativos y en exceso azucarados. Ese cambio no se ha de sustentar en exigencias, sino en una educación nutricional que permita alzar la vista más allá de los productos empaquetados para poder apreciar los diversos colores de los alimentos de verdad.

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