¿A qué destinará Educación 4.000 horas más de intérpretes de lengua de signos?

Familias y profesionales denuncian que los servicios de Orientación no estná concediendo el servicio a todos los alumnos sordos que lo solicitan


Redacción

Una de cal y otra de arena. Eso es lo que han recibido los padres asturianos de hijos con discapacidad auditiva y los intérpretes de lengua de signos en los colegios en las últimas semanas. La Consejería de Educación ya ha publicado los pliegos del concurso para adjudicar el servicio del próximo curso. La buena noticia es que contempla 4.000 horas más, lo que supone recuperar las 2.000 que habían recortado hace justo un año y conceder otras 2.000 extra más. La parte negativa es que han hecho el cálculo antes de que se cierre el plazo en el que las familias solicitan intérpretes, por lo que siguen planificando sin tener en cuenta las necesidades reales de las aulas. Aún peor están resultado los informes de los Servicios de Orientación, que son los que tienen que recomendar -o no- el apoyo. Fuentes consultadas por LA VOZ reconocen que están recibiendo dictámenes en contra.

El colectivo que aglutina a los intérpretes cree que la Administración asturiana está a tiempo de planificación un buen servicio para el curso que viene. Pero para conseguirlo tiene que modificar algunos aspectos de la gestión. No puede dejar a niños sordos sin intérprete y tiene que controlar aspectos básicos de la calidad de la empresa adjudicataria del servicio y no atender sólo al criterio económico. Los intérpretes ponen algunos ejemplos. La actual concesionaria es el grupo Adecco. Entre los incumplimientos que denuncian están la falta de cursos de formación o el hecho de que no hayan abierto sede estable en Asturias, tal y como se les exigía en las bases. «Hemos llegado a firmar los contratos en el hall de un hotel y así siguen», lamentan.

El próximo curso

Esas 4.000 horas más son una buena noticia si se reparten de manera adecuada. Sin embargo, los primeros dictámenes no parecen demasiado esperanzadores. El colectivo profesional cita un caso concreto. Habla de una familia con dos hijos con una discapacidad auditiva diagnosticada. Al que está matriculado en Infantil, el dictamen de Orientación aconseja asignarle un intérprete. Al que empieza Primaria, en cambio, no. Y el que contará con apoyo será solo 10 horas a la semana. Los trabajadores dicen que no se entienden estas diferencias.

Reclaman, por tanto, que se reconsideren estos dictámenes de los orientadores y que traten de dar respuesta a las reivindicaciones de los padres y de los propios colegios. Recuerdan un caso registrado a principios de este curso, cuando un niño se quedó todo el primer trimestre sin intérprete por un error administrativo. «Lo más curioso es que querían dejarlo pasar y no asignarle uno hasta el curso que viene. Si no llega a ser por la presión de las familias y del colegio se hubieran salido con la suya», denuncian.

Así que la planificación se convierte en la clave para conseguir un servicio de calidad. Los intérpretes reclaman un cambio en el modelo. Creen que lo lógico es tener todas las previsiones de las horas que son necesarias, tomando como base los dictámenes de los orientadores, antes de sacar los pliegos del concurso para el curso siguiente. Porque lo que se hace ahora es sacarlos sin conocer las necesidades reales. Otra forma de mejorar la atención es permitir la itinerancia de los propios profesionales. Ahora mismo tienen concedidas 10, 15 ó 20 horas semanales con un alumno en un centro pero no se le permite completar la jornada con la atención a otro alumno, si los horarios cuadran. Esto les sitúa en una grave situación de precariedad que les empuja a tener que buscar otros empleos complementarios.

Ejemplo de precariedad

La política pone sobre el tablero curiosas piruetas. Esto es lo que ha pasado con el servicio de interpretación de lengua de signos en Asturias y Castilla y León. Los socialistas, en la oposición en la comunidad vecina, presentaron una proposición no de ley en el parlamento para reclamar una jornada de 35 horas para los profesionales, 30 horas semanales de clase  y una hora diaria para la coordinación con el resto de profesores, la atención a las familias o la preparación de materiales. El colectivo de profesionales indica que el PP no solo rechazó la medida sino que contraatacó. Echó en cara a los socialistas la situación de Asturias y dijo que era, con diferencia, la comunidad con peor servicio.

Asistir a clase sin entender ni una sola palabra

Susana D. Machargo
Los intérpretes de lengua de signos David González. Ledicia Fernández y Conchi Fuertes con Gisela Ramos, en el centro, madre de una niña con discapacidad auditiva.Los intérpretes de lengua de signos David González. Ledicia Fernández y Conchi Fuertes con Gisela Ramos, en el centro, madre de una niña con discapacidad auditiva
Los intérpretes de lengua de signos David González. Ledicia Fernández y Conchi Fuertes con Gisela Ramos, en el centro, madre de una niña con discapacidad auditiva

El recorte de las horas de los intérpretes de lengua de signos en las escuelas condena a la incomunicación a los alumnos con discapacidad auditiva. Intérpretes y padres cuentan la realidad de las aulas

Suena el timbre y todos los alumnos recogen menos uno. Hasta que no ve los gestos de sus compañeros no se mueve. Tiene una discapacidad auditiva y su intérprete de lengua de signos solo lo acompaña en clase algunas horas a la semana. Muchas veces no está con él cuando se acaba la jornada. No es el único caso que cuenta los profesionales. Hablan de alumnos que no se enteran de la fecha de los exámenes y no los preparan. Otros creen que se ríen de ellos cuando hay un ataque de risa generalizado en el aula y nadie le explica qué es lo que ha pasado. Solo una intérprete de lengua de signos en las escuelas públicas asturianas tiene jornada completa. El resto oscila entre las 15 y las 20 horas. ¿Qué hacen los estudiantes en el resto de las asignaturas, cuando no tienen este apoyo? Se tienen que conformar con el aislamiento, con la barrera de la incomunicación y con la buena voluntad de cada profesor o de los compañeros. Aunque la lengua de signos es un derecho aprobado por ley, el recorte horario aplicado por la Consejería de Educación en el último concurso ha puesto en peligro la equidad de alumnos con necesidades educativas especiales. No solo lo dicen los trabajadores, que defienden su empleo y la calidad del servicio público que prestan, lo denuncian las familias que ven cómo sus hijos se enfrentan a dificultades añadidas.

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