Las tres grandes ciudades asturianas no son sostenibles

Oviedo, Gijón y Avilés suspenden en un informe que analiza las metas que deben cumplir antes del año 2030 en medio ambiente, igualdad de género o justicia y solidaridad

Gijón vende el mar en su último vídeo turístico
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Redacción

Oviedo, Gijón y Avilés no son sostenibles. Al menos, no cumplen los parámetros básicos que les permitirían lucir esa denominación. Esos baremos abarcan aspectos tan variados como el medio ambiente, la igualdad de género, el trabajo decente, el fin de la pobreza, el consumo responsable o la justicia y la solidaridad. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) considera que son una serie de aspectos que tanto los Estados como las autonomías y los ayuntamientos deberían cumplir en el horizonte del año 2030. Aunque solo quedan 15 años para alcanzarlos, Asturias está aún prácticamente en el punto de partida. No es una carencia únicamente de las urbes del Principado. El suspenso lo comparte con todas las grandes ciudades españolas. Ninguna aprueba. Ninguna cumple los 17 objetivos de desarrollo sostenible. 

Así consta en el último estudio realizado por la Red Española para el Desarrollo Sostenible (REDS), rama española que trabaja estrechamente con la ONU, y que por primera vez mide a nivel local si están cumpliendo estas metas exigidas a los estados. En España analiza la situación de un centenar de núcleos urbanos, que son los que suman la mitad de la población residente en España. Se trata de las capitales de provincia y las localidad con más de 80.000 habitantes. También ha incluido 12 áreas metropolitanas, las de mayor tamaño. Los autores -Inés Sánchez de Madariaga, Javier García López y Rafaele Sisto- han analizado 85 indicadores a través de estadísticas oficiales publicadas.

El resultado es bastante desolador y muy gráfico. El estudio ha asignado a cada uno de los 17 indicadores analizados cuatro gamas de color, del verde; que supone el máximo cumplimiento; al rojo que supone el punto más alejado de la meta. En el medio naranja y amarillo marcan los puntos intermedios del camino. El cuadrante muestra una sequía absoluta de éxitos. El verde brilla por su ausencia. 

Lo que pasa en Asturias es un claro ejemplo de lo que sucede en el resto del país. Oviedo y Gijón cumplen con dos parámetros de 17 y Gijón, solamente con uno. Las tres ciudades aprueban en paz, justicia e instituciones sólidas. La mayor parte de las entidades locales españoles alcanzan el mínimo en esta clasificación. Avilés, por su parte, logra unos estándares aceptables en vida submarina y Oviedo, en la firma de alianza para lograr los objetivos. El resto es un auténtico erial. Ni una sola ciudad española alcanza los objetivos internacionales en dos apartados: ciudades y comunidades sostenibles es uno y el otro se trata industria, innovación e infraestructuras. 

¿En qué están peor los núcleos urbanos del Principado? ¿Dónde el suspenso en más rotundo? Solo Oviedo tiene uno de sus indicadores en el rojo que activa la alarma y es el que marca la denominada «acción por el clima». Los propios autores reconocen que el dato más relevante es el de emisiones de gases de efecto invernadero, que se concreta en el cálculo de CO2 en toneladas equivalentes, pero que, en general, no está disponible a nivel municipal. Por esa razón, han tenido que utilizar indicadores alternativos «cuyos resultados presentan una gran heterogeneidad». Este es, precisamente, el que peor balance obtiene. Hay 15 ciudades en la categoría más baja. «Esto es coherente con la situación de la mayor parte de los países ricos», señalan los autores. Resulta curioso que Avilés, que siempre aparece en cabeza cuando se habla de mediciones de polución, aparezca mejor considerada.

Las mayores deficiencias en Avilés, según estos objetivos radican en el apartado de salud y bienestar, igualdad de género, trabajo decente, producción y consumo responsable y vidas y ecosistemas terrestres. Coincide básicamente con Gijón, que añade energía no contaminante pero que tiene mejores perspectivas en su actuaciones en favor del clima.   

Las conclusiones del trabajo son claras. Apuntan a la necesidad de hacer un mayor esfuerzo en políticas de apoyo a la innovación y de infraestructura, como medios para la reducción de las desigualdades. «También llama a insistir en un modelo urbano de ciudad compacta, con mezcla de usos, apoyo al transporte público, y menor consumo de suelos y de recursos naturales, que es precisamente el impulsado desde la Nueva Agenda Urbana Española», explican. También llaman la atención con que el objetivo de igualdad de género sea el segundo con peor puntuación entre las ciudades y que se haya producido un retroceso con respecto a investigaciones anteriores.

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