España, el país europeo que ha ejecutado con más rigidez el cierre de minas

Alemania, Polonia, República Checa o Rumanía continuarán explotando sus combustibles fósiles saltándose el mandato de la Decisión 787

Concentración minera delante del pozo Nicolasa
Concentración minera delante del pozo Nicolasa

Redacción

España ha cumplido casi al pie de la letra la Decisión 787/2010 de la Unión Europea y a finales de diciembre se cerraban prácticamente todas las minas de las que todavía se extraía carbón. En Asturias, en concreto, se cesaba la actividad en los pozos Carrio y Santiago, quedando Nicolasa en activo como último reducto de Hunosa tras el acuerdo alcanzado entre los sindicatos y la dirección de la empresa in extremis. El Gobierno español, por tanto, aplicaba con rigidez el mandato de la UE de cerrar las minas no competitivas antes del 31 de diciembre de 2018.

Una rigidez que no se ha dado en los otros países europeos con minería, como Alemania, Polonia, República Checa o Rumanía, que todavía continuarán explotando sus combustibles fósiles durante un tiempo indeterminado y mientras les haga falta el mineral para la generación eléctrica. La severa e inflexible posición del Ejecutivo de Pedro Sánchez para con el carbón nacional cuando los otros países de Europa «no son tan cumplidores» ha sido valorada de forma crítica por Carbunión o Euracom, colectivos que aseguran que otros gobiernos «han mirado por sus intereses» para propiciar la transición justa que no consideran que se vaya a dar en España tras haber arrasado con la minería sin tener un tejido económico alternativo para los territorios y sus habitantes.

Así, mientras en nuestro país tendrá continuidad a corto plazo sólo el pozo Nicolasa de la hullera pública y las empresas privadas que quieren continuar buscan la forma de salvar alguna explotación tras el Acuerdo Marco para una Transición Justa firmado en Madrid entre representantes del gobierno y de los sindicatos, en Europa se seguirá sacando mineral en los países en los que la generación eléctrica todavía depende en gran medida de los combustibles fósiles. Si bien es cierto que Alemania, por ejemplo, también cerraba a finales de diciembre su último pozo de interior en la cuenca del Ruhr, también lo es que este país seguirá explotando los cielos abiertos, de los que en 2017 extrajo la importante cantidad de 140 millones de toneladas de lignito pardo, un carbón considerado de calidad inferior a la antracita o hulla que se extraía en los pozos asturianos por su bajo poder calorífico y por ser más contaminante. Polonia, de igual modo, mantendrá sus explotaciones mineras en tanto que el 80% de la energía que produce proviene de la quema de carbón en las centrales térmicas. República Checa, Ucrania o Rumanía son otros países que aún tienen mucha dependencia de la minería.

«Ha habido países donde los gobiernos han considerado que la Decisión 787 es muy importante, pero no son tan cumplidores de las normativas o preferencias de Europa», señala el presidente de Carbunión, Pedro Iglesia, con tono crítico por la rigidez con la que el Gobierno de España (PSOE) ha ejecutado el mandato europeo. Iglesia señala que «evidentemente alguna explotación ha cerrado», por ejemplo en Alemania, de acuerdo con dicha Decisión, «pero parece que nos olvidamos que siguen explotando sus cielos abiertos, de los que sacan 140 millones de toneladas de carbón. Y lo mismo en Grecia, Rumanía, Polonia o República Checa, donde estiman con el apoyo de sus gobiernos que el carbón es un elemento fundamental y que van a seguir explotándolo» porque cada país gestionó el sistema de ayudas a partir de 2010 «de la forma que consideró más adecuada».

El presidente de Carbunión ironiza con que aquí en España «somos más verdes que el pasto», a lo que apostilla que «así nos va», y lamenta la falta de flexibilidad en la negociación por parte del Gobierno «cuando otras cosas si se negocian». Así, Pedro Iglesia reprocha que el Ejecutivo de Pedro Sánchez «no apoya al sector energético nacional y que le guste más el carbón de importación», porque si algo aclara el mismo es que el que no vaya a sacar carbón en España no quiere decir que no se vaya a quemar carbón en las térmicas, ya que el carbón de importación que entró en nuestro país en los últimos tres años rondó los 17 u 18 millones de toneladas. «Nos hemos cargado sólo lo que se producía en España, se ha cerrado la minería de carbón española, pero las térmicas siguen en funcionamiento con el carbón que viene en barcos», manifiesta Iglesia, que considera que «se han cargado lo fácil, que era quitar una producción de dos millones de toneladas para sacar pecho, pero sin decir que se queman otros 18 millones de toneladas».

En su opinión, en los últimos ocho años se han hecho «todos los esfuerzos posibles a todos los niveles para tratar de llegar a un proceso de transición justa», pero apostilla que «de repente llegó un tsunami verde que quería cargarse el carbón y así ha sido», criticando que «nos ha tocado una ministra dispuesta a llevárselo todo por delante» y sin tener en cuenta que en Europa «cada gobierno ha mirado por sus intereses». En la misma línea que el presidente de Carbunión se ha manifestado respecto al cierre de las minas españolas la presidenta de Euracom, Ana Luisa Durán, confirma que «en otros países están haciendo las cosas totalmente diferente» y que los principales que tienen minería seguirán explotándola y quemando carbón en sus térmicas. Como ejemplo significativo, Durán pone a Irlanda, «un paraíso verde que va a seguir quemando turba, que es el peor mineral de todos, porque lo necesita según han trasladado en las últimas reuniones a las que he asistido». Y la misma matiza que esos países «también están vinculados a la Decisión 787, pero se organizaron de forma diferentes para no cerrar sus minas y han decidido mantenerlas mientras les haga falta el carbón». Con esto, la representante de Euracom deja claro que la rigidez de España «no es la tónica general en Europa» y que otras regiones «no se han dado esta prisa» que ha tenido el Gobierno español porque han asumido «que hay margen hasta el 2030 para hacer muchas cosas». «Pero aquí hemos acabado con todo», dice con enfado Ana Luisa Durán, cuando en Alemania se va a mantener la extracción de lignito pardo y en Irlanda de la turba pese a ser peores combustibles para las centrales de generación de energía.

«¿Qué pasa en Europa? Pues que la gente hace las cosas de acuerdo con lo que tiene, y nadie va cerrando sus recursos cuando los necesita. Nadie toma esas decisiones tan drásticas, pero aquí nos ha asolado la tormenta», comenta de forma crítica con la medida «innecesaria» tomada por el Gobierno de cerrar las minas. De igual modo, reprocha al Ejecutivo de Sánchez que no esté arbitrando las medidas y las condiciones para que los la empresa Hijos de Baldomero García pueda continuar con la actividad cuando estima que puede ser competitiva. «No entiendo nada. ¿Acaso nos van a dar una medalla por acelerar el proceso en un sector que ya estaba perjudicado por el PP? No lo sé. De lo que sé mucho es de que Villablino tenía 17.000 habitantes y ahora tiene 9.000», manifiesta con pesar y cabreo Ana Luis Durán, antes de señalar que «en Polonia, por ejemplo, van a tardar mucho en dar el paso de cerrar las minas, porque de acuerdo a las condiciones que tienen protegen el trabajo y la generación de energía». Así, concluye que, en su opinión, «es absurdo que tengamos que ser los más verdes, y vamos a ver lo que nos cuesta y si hay dinero para ello».

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