Difteria, fiebre, diarrea: los peligros detrás de la moda de la leche cruda

Científicos asturianos alertan de los riegos de este consumo tras la promoción en redes de Miguel Ángel Revilla

Miguel Ángel Revilla bebiendo leche en el festival concurso de ordeño en Trasierra
Miguel Ángel Revilla bebiendo leche en el festival concurso de ordeño en Trasierra

Redacción

Miguel Ángel Revilla ha vuelto a incendiar las redes sociales tras publicar una imagen en la que se mostraba extasiado tras beber leche recién ordeñada en una feria de ganado en Cantabria. La polémica ha corrido como la pólvora, levantando de nuevo un debate muy recurrente en los últimos tiempos, ¿es bueno tomar leche cruda? Científicos y médicos se han echado las manos en la cabeza alertando sobre los numerosos peligros que conlleva esta moda. Ana Rodríguez González, doctora e investigadora en el Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA) reitera la importancia de la pasteurización como un proceso fundamental para no contraer enfermedades. Además, desde su punto de vista gracias a su implicación  en proyectos de investigación enmarcados en el área de microbiología, cuyo objetivo es la mejora de la calidad y seguridad de los productos lácteos, espera que las autoridades sanitarias nacionales pongan un poco de orden en las Consejerías de Sanidad autonómicas. Se debe luchar contra la promoción, tanto de figuras públicas como el presidente de Cantabria como de otros, del consumo de leche cruda, ya que esta práctica va en contra del sistema sanitario y de la higiene de los alimentos.

«De la ubre a la panza», posteaba Revilla en Twitter sin darse cuenta de la multitud de peligros que conlleva esta moda. Principalmente porque puede ser portadora de multitud de gérmenes, entre ellos la salmonella, que pueden causar enfermedades muy graves como la listeriosis, la difteria y la fiebre Q. Según la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) pueden ocasionar desde una diarrea hasta provocar la muerte, sobretodo para los grupos de población especialmente sensibles al consumo de leche cruda, potencialmente contaminada, es decir, niños, ancianos y mujeres embarazadas, así como personas con el sistema inmune debilitado (pacientes trasplantados y personas con SIDA, cáncer y diabetes). «Es sorprendente la creciente moda de alentar al consumo de leche cruda y de quesos de corto periodo de maduración elaborados con leche cruda, a pesar de estar suficientemente probados los beneficios que desde el punto de vista higiénico-sanitario supuso la implantación de la pasteurización», admite asombrada la doctora Ana Rodríguez.

La pasteurización de la leche consiste en el tratamiento térmico del producto. Desarrollada gracias a su inventor Luis Pasteur en el siglo XIX, disminuyó enormemente los casos de tuberculosis y brucelosis en la población, especialmente en la época previa al saneamiento generalizado del ganado productor de leche. Aún conociendo este procedimiento son muchos los que siguen apostando por la «naturalidad», tal y como afirma Rodríguez: «Los promotores del consumo de leche cruda, con el argumento de que tiene mayores propiedades nutritivas y mejor sabor, están atentando contra los pilares de la seguridad alimentaria, y es especialmente grave que entre ellos figuren representantes políticos, quienes deberían ser los primeros interesados en velar por la salud de los consumidores». Pero Miguel Ángel Revilla no ha sido el primero en apoyar esta iniciativa. 

La moda de la leche cruda traspasa fronteras

En Cataluña ya se ha autorizado la venta de leche cruda, sometida a un reglamento de estrictos controles sanitarios. «La paradoja del asunto es que el reglamento exige la inclusión en la etiqueta de la necesidad de hervir la leche antes de consumirla. En todo caso, conviene tener presente el informe de AECOSAN, publicado en 2015, en el que se advierte de que la leche cruda puede ser fuente de microorganismos patógenos, y que este riesgo puede ser reducido, pero no eliminado, por la aplicación de prácticas higiénicas estrictas», explica. Ana añade el ejemplo de Estados Unidos, donde el consumo de este producto está causando problemas sanitarios que están documentados, debido a que su venta es legal en varios estados como Nueva York, Washington o Pensilvania. «De hecho, en el período 2007-2012, el Centro de Control de Enfermedades (CDC) ha registrado 81 brotes alimentarios asociados al consumo de leche cruda en 26 estados, con 919 enfermos y 73 hospitalizaciones», afirma.

Más recientemente, el CDC (2017-2018) se ha hecho eco de 3 casos de brucelosis por consumo de leche cruda en tres estados distintos (Texas, Nueva Jersey y Nueva York). Además, el CDC cree que puede haber personas afectadas en 19 estados en los que se vendió leche de la granja Miller’s Biodiversity Farm (Quarryville, Pensilvania), que ha sido identificada como la causante del caso de brucelosis ocurrido en Nueva York. Por todo ello la doctora Rodríguez, entre otros investigadores esperan que se frene la promoción de esta moda que encierra un alto riesgo.

¿Consumir leche cruda? El debate llega a Asturias

Juan M. Arribas
Explotación láctea
Explotación láctea

Podemos apuesta por venderla directamente en la finca. La industria lo tilda de «disparate». El ministerio admite que está trabajando en una normativa, pero con todas las garantías sanitarias

El debate sobre el consumo y la venta de leche cruda también ha llegado a Asturias, desde diferentes puntos de vista. Así, mientras Podemos es partidario de poder vender la leche cruda directamente en la finca, la industria se echa las manos a la cabeza y lo tilda de disparate. Por su parte, el Gobierno admite que está trabajando en una normativa para regular esas ventas directas al consumidor, pero pensando más en la carne.

La diputada autonómica de Podemos Paula Valero propone flexibilizar la normativa del paquete higiénico-sanitario de venta de leche de forma que sea posible venderla cruda directamente en la finca «como ya se permite en el País Vasco y en otros países de Europa». Esta medida, según señala Valero, favorecerá la viabilidad de las explotaciones lácteas que desaparecen a un ritmo de cien por año, una situación «que pone en riesgo el propio modelo agrario asturiano basado en un sector lechero vinculado a los pastos».

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