Claves para entender por qué la xarda ha minado el Cantábrico

La flota pesquera asturiana, que tiene una gran dependencia de la caballa, cree que sale perdiendo con el actual sistema de reparto. Está basado en una distribución por comunidades que ha enfrentado a todos contra todos

Imagen de archivo de descarga de pesca de caballa y sardina en O Berbés
Imagen de archivo de descarga de pesca de caballa y sardina en O Berbés

El profano que mira al Cantábrico puede encontrarse con un mar bravío y fascinante, de tempestades temibles y acantilados de extraordinaria belleza. El profesional, a esa visión romántica, suma la dureza de su profesión, la sabiduría que el sector requiere y también una serie de fórmulas matemáticas que son las que dividen las cuotas pesqueras y las que dictaminan su sustento. El criterio de estabilidad relativa y el total admisible de capturas (TACs) son dos términos que manejan con la misma soltura que sus aparejos. Desde el año 1983, los organismos internacionales marcan repartos de cuotas para la pesca de determinadas especies en peligro para no llegar a los límites de la sobrepesca. La pelea se ha dirigido básicamente hacia Europa, para que España consiga más toneladas a repartir entre sus profesionales, ya sea de merluza, de anchoa o de jurel. Pero ahora en el Cantábrico la guerra está en casa. La culpa es de la xarda, en Asturias; la caballa o el verdel, en función del territorio en el que se hable. El problema radica en la fórmula de reparto que el Gobierno central ha fijado. Por primera vez, ha establecido una cuota por comunidades que ha dividido a una flota que hasta ahora trabajaba codo con codo. La solución es complicada. Los beneficiados por este sistema no quieren ceder. Asturias, la más perjudicada, reclama la parte que cree que le corresponde.

El próximo día 11, el ministerio ha citado a sentarse a la mesa a todos los implicados. Se trata de una reunión sectorial en la que estarán representadas desde las federaciones de cofradías a través de sus presidentes -que han reconsiderado la decisión inicial de dimitir- a los Gobiernos regionales. En ese encuentro tratarán de sentar las bases para lograr un reparto que todas las partes consideren justo y equilibrado. El Principado no va con una fórmula determinada, cerrada. Lo que expondrá es su situación. Durante los cuatro años anteriores a la entrada en vigor de este nuevo sistema de reparto de la cuota, en 2014, pescaba aproximadamente el 26,5%. Tras el cambio de criterio se ha quedado con el 14,74%. Ha perdido casi la mitad. Esas cifras, que forman parte de un estudio de la Universidad de Oviedo, encargado por la Dirección General de Pesca y titulado Efecto económico sobre la flota asturiana distinta de arrastre y cerco del cambio de criterio en el reparto de la cuota de Caballa, serán las que ponga sobre la mesa el director general, Francisco González.

González reconoce el esfuerzo del Gobierno central para conseguir una cuota anual aceptable de caballa dentro de las negociaciones con la Unión Europea (UE). Tanto es así que para este 2019 se especulaba con una reducción del 40 a 50% del total y la rebaja final ha sido muy inferior. Inicialmente, fue del 20% pero en un intercambio posterior de cuotas de otras especies con otros estado se arrancó un 11% más, por lo que finalmente ha quedado minimizada en el -9%. Sin embargo, esta gestión ha quedado diluida por la batalla posterior entre comunidades. El problema del reparto de la caballa está, esta vez, en esa normativa nacional que ha sembrado de minas el Cantábrico.

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¿Cómo funciona el sistema de reparto pesquero? El TACs se actualiza cada año. Los meses de diciembre son intensos porque los Estados de la UE se sientan a negociar cómo distribuir una cifra total. Hasta el 2010 todas las especies estaban sometidas a un reparto global, lineal, de esa cuota anual. Eso suponía que la pesca empezaba para todos a la vez y que se agotaba cuando se había llegado al límite máximo de capturas fijados. Así sigue siendo para la gran mayoría de los peces, entre ellos el bonito o la anchoa. Pueden existir acuerdos sectoriales regulatorios, que decidan que el 85% sea para el primer semestre y el 15% para el segundo. El bonito, por su parte, tiene un condicionante, que funciona por costeras. Es decir, que los bancos se mueven a lo largo del litoral y son los pesqueros los que salen a su encuentro en una zona determinada, en función de la fecha. Eso también sucede con la caballa.

A partir del 2010, sin embargo, se introdujo una modificación en la norma. Ya no todas las especies están sometidas a un método global sino que hay un reparto en función de la modalidad de pesca que utilicen los barcos. Este sistema se aplica a determinados ejemplares, por su importancia o por su escasez. No responde a unos criterios objetivos sino a una serie de fórmulas que se establecen, cada una de ellas diferente. En ese nuevo saco está la caballa y otras muchas más con gran importancia en el Principado.

La merluza puede servir como ejemplo. Los armadores que pescan a palangre -una modalidad de bajura- están sometidos a un reparto lineal por buques, en función del buque censado. Pero aquellos que pescan a volanta -otra de las modalidades de bajura- responden a una fórmula matemática mucho más compleja. Tienen que sumar el 50% lineal por buque, más un 25% en función del número de tripulantes y otro 25% de los históricos, que son las capturas totales recogidas en una horquilla de años determinada. Al resultado se le introduce un índice corrector para que ningún pesquero pueda llevarse más de cuatro toneladas más que el resto. 

La fórmula de la caballa

La fórmula de la caballa/xarda es aún más compleja y, por tanto, menos argumentable con base a criterios objetivos. Para los barcos de arrastre -otra de las artes de bajura, la que consiste en dejar la red conectada la red y arrastrarla por el fondo o a una altura media- el reparto es lineal. Esto hace que muchos se transmitan incluso los derechos, es decir, que un barco se los compre a otros, que invierta en la adquisición de cuota. En el caso del cerco -un arte en el que se lanza una red en la que se rodea al banco de peces y se cierra por su parte inferior-, cada barco tiene que aplicar una fórmula de la que no se conoce exactamente el origen. Tiene que dividir el resultado de sumar el 70% de sus históricos de pesca más el 30% del GTS -el volumen del barco- entre el resultado de sumar nuevamente el 70% de sus históricos, con el 10% del número de tripulantes, el 10% lineal y el 10% de su GTS. Esto solo se está exigiendo a la xarda. El jurel a cerco le vale con el 70% de sus históricos más el 30% del GTS.

Sin embargo, donde realmente está el conflicto ahora es en el resto de las artes pesqueras dedicadas a la caballa. Para ellos el ministerio ha creado otra fórmula única, en vigor desde 2014. Ha repartido la cuota que les queda a ellos, del total de cuota de la xarda, entre las comunidades autónomas y luego les ha asignado un método de reparto entre sus propios barcos, basado fundamentalmente en las capturas y con ajustes por barcos y por su tamaño. La división territorial es la que ha encendido los ánimos. El estudio de la de Universidad de Oviedo encargado por el Principado señala, sin lugar a dudas, que Asturias venía consumiendo en los años previos al cambio de criterios una cuota bastante superior a ese 14,74% que se le asignó en el nuevo reparto. Lo mismo ha sucedido con Galicia. Salieron ganando Cantabria y País Vasco. 

No se trata solo de una cuestión de porcentaje. Hay también explicaciones económicas y sociales que explican el cabreo de los pescadores asturianos. El Principado es la autonomía con más barcos de otras artes que pescan caballa de manera dirigida, que salen a la xarda en época de costera y que, por tanto, tienen una dependencia económica importante de esta especie. En el periodo de 2010 a 2012, frente a los 64 del País Vasco y los 75 de Cantabria, Galicia tenía 103  y 104, Asturias. No obstante, la flota gallega es más grande que la asturiana y su dependencia porcentual de este pez es menor.

Otro motivo de indignación es las fechas que se han elegido para considerar los históricos de pesca, estos son los años que se utilizan de referencia para calcular el volumen de capturas. Nuevamente, la investigación de la Universidad de Oviedo es relevante. El peso de la caballa en el valor de las capturas se mantuvo estable en la recta final del siglo XX, creció ligeramente tras el cambio de siglo, volvió a descender y ha tenido un incremento sostenido desde el 2011, tocando techado en 2017. De hecho, en 2017, la caballa fue la especie que más valor aportó a los barcos de esa flota. Se pesca más y sus precios han tenido una evolución favorable en el mercado. Pues bien, el histórico toma como referencia la horquilla es de 2002 a 2011, justo antes del año clave para Asturias.   

 ¿Por qué estalla ahora?

Este modelo de reparto se estableció en el 2014. Desde entonces, el malestar no ha parado de crecer y definitivamente ha estallado ahora, cinco costeras después. «Ya existía un debate de origen pero se ha ido enconando con el tiempo», admite el director general de Pesca del Principado, en el cargo desde el pasado verano. La reducción en las capturas de especies principales, el incremento del precio de la xarda o la sensación de que no existe una justificación biológica real han encendido los ánimos. «Los barcos salen y se tropiezan con la caballa», cuenta de una manera muy gráfica Francisco González. 

En primer lugar, esos barcos dedicados a otras artes acaban pronto su cupo y prácticamente tienen que escapar porque se la encuentran, relatan. Además, al tratarse de una especie que funciona, como el bonito, por costeras, y que se mueve desde el este, así que los vascos pueden venir a desembarcar al Principado cuando en la región todavía no ha empezado. Así que no creen que existan razones de sostenibilidad. «Hubo una moratoria de cinco años con la anchoa y nadie se quejó. Todo el mundo entendió que había que parar. Pero esto es diferente», insiste el director, que cree que lo fundamental es encontrar un entendimiento y alcanzar un reparto justo.

No será para este año. Las negociaciones se están realizando más bien para la costera de 2020, ya que la de 2019 está a más del 50%. La apertura tuvo lugar en febrero y los meses más fuertes son los de marzo a abril, al menos, en el Principado. Se trata de una pesquería estacional, muy explosiva, que se realiza cerca del litoral regional, con barcos de apenas uno o dos tripulantes, que no requiere de demasiada inversión en tecnología -lo contrario de lo que sucede con el bonito- y que resulta muy rentable. 

«La situación no es la misma que en 2014 y esto también es algo que el ministerio debe tener en cuenta», argumenta Francisco González. Ese puede ser un punto de partida para abrir la negociación el próximo 11 de abril. No se trata sólo de que unas regiones cedan cuota a otras, algo que parece poco probable, sino de que se analice la realidad actual para ver si tiene vigencia. No parece demasiado probable que Cantabria o País Vasco lleguen con ese planteamiento. Las declaraciones realizadas en las últimas semanas, además en pleno periodo electoral llevaban más bien el camino contrario, el del encastillamiento.

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