«Jamás premiaría a mis hijos con un billete de cinco euros»

Lucía, mi pediatra, acaba de publicar un cuento para educar a los niños en la ciencia. Hace tiempo que esta asturiana cambió su apellido por su profesión, aAlgo que siempre quiso desde muy pequeña


Redacción

Cada equis meses recalcula ruta y actualiza sus prioridades, porque si no, no podría con todos los proyectos en los que se embarca. La pasión que siente Lucía Galán (Oviedo, 1978) por su profesión y por la maternidad la han llevado a embarcarse en esta aventura literaria, de la que acaba de escribir un nuevo capítulo: Los cuentos de Lucía, mi pediatra. 

-Estuviste toda la Semana Santa firmando libros. No habrás descansado mucho, pero una alegría, ¿no?

-Cada varios meses hacemos una campaña de libros dedicados, porque es algo que a los lectores les encanta y les hace muchísima ilusión, y esta vez se nos fue de las manos, tuvimos muchos pedidos, lo que me obligó a estar toda la semana firmando.

-Esta vez son para los niños, había cosas, que a su manera, querías que entendieran: por qué se ponen enfermos, la fiebre, las vacunas...

-Pensándolo a futuro, se me ocurrió la idea de que si educamos a los niños en la ciencia y en la divulgación, probablemente nos encontremos con padres dentro de 20 años mucho más tranquilos, más comprometidos con la ciencia, y más seguros de sí mismos. A través de los cuentos, los padres también pueden sacar muchos aprendizajes con la intención de quitarles el miedo a la fiebre, a las vacunas, por qué son tan importantes, educarlos en la diversidad, en la alimentación infantil... Hay tanto por hacer que espero que de aquí a 30 años haya una generación de padres que digan: ‘Yo me eduqué con los cuentos de Lucía mi pediatra’.

-¿Y qué es lo que más llama la atención de los niños?

-Les encanta todo el tema de los virus, las bacterias, las vacunas, el funcionamiento de su cuerpo... Es muy bonito recibir emails, vídeos o mensajes con los que ellos se quedan. Hace poco recibí uno de un niño que me decía: ’Hoy me tocan vacunas, pero ya no tengo miedo, porque sé que son buenas’. Esto me llena de satisfacción, o cuando los niños empiezan a corregir a sus abuelos cuando les ponen el plato de comida y no hay plato de Harvard, porque los cuentos dicen... 

-Escribes libros, participas en compromisos solidarios, das conferencias, atiendes una consulta y eres madre de dos niños... Esto es conciliar y lo demás son tonterías...

-Es difícil, lo hago como puedo, creo que todos en nuestro pequeño universo vamos de cabeza. Es como tener un coche y echar a andar, no puedes pretender meter todo en el coche, cosas y cosas que vas encontrando, porque llegará un momento que como no saques nada, parará y no volverá a arrancar. Yo mi vida profesional la he tomado como un viaje, tengo mi coche, y a medida que voy metiendo cosas que me estimulan, a veces tengo que dejar otras, porque a todo no llegamos. No soy ninguna superwoman, ni una máquina, necesito dormir mis 7 horitas al día y me encanta pasar tiempo con mis hijos como a todos los padres. Se trata de tener muy claro lo que te gusta, dónde quieres estar, qué proyectos te motivan, qué legado puedes dejar, y lo que no cumpla con esas características dejarlo en un segundo lugar. Cada equis meses tengo que recalcular ruta, volver a hacer mi lista de prioridades. Intento no perder nunca la ilusión, que es lo que mantiene la energía de Lucía, mi pediatra.

-La OMS ha publicado una lista de recomendaciones para niños de 0 a 5 años. En resumen, dicen: jugar, dormir y olvidarse de las pantallas. ¿Estás de acuerdo?

-Sí, la Academia Americana de Pediatría recomienda no exponer a las pantallas a menores de 2 años, estoy completamente de acuerdo. Hay infinidad de actividades que podemos hacer con nuestros bebés sin necesidad de poner una pantalla por medio, de hecho, su cerebro lo que necesita es jugar, correr, saltar, gatear, hacer cubos... chutar el balón. Pasear con sus papás. Y subirse a los columpios y el tobogán. Cuanto más tiempo tardemos en exponerlos a las pantallas mejor, indudablemente. Ahora bien, tampoco podemos vivir de espaldas a las nuevas tecnologías, porque nuestros hijos nos ven trabajar con móviles, tablets, ordenador... así que tampoco soy partidaria de cero pantallas hasta que los críos tengan 15 años.

-¿Entonces?

-La primera infancia sin ninguna duda. Yo a mis hijos no los expuse hasta los 6-7 años, es verdad que ni siquiera yo tenía una tablet en casa, pero a partir de esa edad, que los niños de su entorno ya hacen actividades en tablets, ven cosas en los móviles de los padres... bueno. La clave está en educar a los niños desde que son pequeños en las nuevas tecnologías, no pueden descubrirlas así de sopetón, igual que educamos en todo lo demás, tenemos que hacer una educación saludable en Internet, en las nuevas tecnologías y en el uso de este tipo de dispositivos desde los 5-6 años, una introducción paulatina y controlada

-Hasta los 5 años no serías partidaria.

-Cuanto menos mejor, sin duda. No hay necesidad, no hay nada en una pantalla que sustituya a actividades que son más saludables para los niños: jugar al balón es más saludable que al FIFA, a las muñecas, vestirlas, desvestirlas, los recortables... Es mejor para su desarrollo cognitivo que hacerlo en la tablet.

-¿Crees que los niños de hoy en día no juegan lo suficiente?

-Juegan un montón, el niño que no juega es por algo grave: que no le dejan jugar o vive en un entorno tan hostil que no se permite el juego, los niños juegan, pero con lo que tienen a su alcance, y si son pantallas, pues con las pantallas...

-Me refiero al aire libre, en la calle....

-Juegan diferente a cómo lo hacíamos nosotros, sin duda. Nosotros no teníamos ordenadores ni tabletas. Juegan menos al aire libre, pasan menos tiempo en el parque, pasan menos tiempo con otros amiguitos, o en casas de otros amiguitos, cuando nosotros esto lo hacíamos mucho, hacen juegos más solitarios y más tecnológicos, esto es verdad, da pena, pero qué hacemos. Tenemos que buscar el equilibrio entre una cosa y otra, ¿no?

-De todas las mentiras que tienes que desmentir en la consulta ¿cuál es la que más se repite? ¿En qué estamos más equivocados los padres?

-Hay muchas leyendas urbanas. Empezando por el frío, porque los niños descalzos se enfrían, y no, los virus no entran por lo pies, las infecciones se cogen por el contacto directo; en el tema de la alimentación, hay algunos padres que pierden un poco el sentido común, y consideran que no darles gluten va a ser más saludable, pues no, solo en los intolerantes, o si le quitamos la lactosa durante una diarrea se va a recuperar antes, pues no, no está indicado; hay muchas leyendas urbanas sobre las vacunas, con el autismo, el mercurio, el aluminio...

-Hablando de vacunas, la Xunta de Galicia, por ejemplo, ha cambiado las normas para exigir que los niños de 0-3 que entren el año que viene en las escuelas infantiles tengan las vacunas del calendario. ¿Qué opinas de que lleguemos a este punto?

-Esta medida se ha tomado en las escuelas infantiles, que no es educación obligatoria. Porque poner esa medida en mayores de 6 años es complicado porque la educación sí que es obligatoria pero las vacunas no, y entraríamos en un conflicto importante. Como primera medida, hacerlo en las guarderías, a mí no me parece mal. El niño vacunado tiene todo el derecho del mundo a estar completamente protegido y lo que no puede ser es que niños, que por diversos motivos no pueden recibir las vacunas, porque están en tratamiento oncológico, tienen enfermedades del sistema inmunológico o crónicas que les bajan las defensas, que encima tengan que pagar las consecuencias de que otros padres no hayan vacunado a sus niños y les contagien una enfermedad, que en su caso sí puede ser grave e incluso mortal. Por encima del derecho individual de unos padres que se alejan de las recomendaciones científicas y oficiales, están los derechos del resto de los niños y la salud pública. Ahora bien, la mayoría de los pediatras opinamos que obligar no es una buena medida actualmente en nuestro país, porque nuestras tasas de vacunación son de las más altas de Europa, lo estamos haciendo bien, la inmensa mayoría de las familias vacuna y la experiencia previa que tenemos en otros países en los que se obligó a vacunar, como puede ser el Reino Unido o California, hace ya varias décadas, desencadenó un movimiento antivacunas mucho peor del que ya había antes. Ahora mismo, como las tasas son tan buenas, no es necesario obligar a vacunar a todos los niños, pero si en algún momento esto se convierte en un problema de salud pública, tendremos que tomar las medidas que han tomado en Francia o Italia.

-Y en el caso de que exigieran las que están fuera del calendario, ¿cómo lo verías?

-Ahí sí que ya no podemos entrar, porque no todas las familias se pueden costear estas vacunas. De hecho, hay familias que las quieren poner, pero no pueden porque no tienen ingresos para hacer la pauta completa, entonces eso generaría unas desigualdades terribles... Yo pienso que todas las vacunas deberían estar financiadas.

-¿Vamos demasiado al pediatra? ¿Unos mocos o un poco de fiebre nos encienden las alarmas?

-Bueno, un poco quizá. Cuando son primerizos sí, pero es normal, yo no puedo reñir a unos padres que vienen mucho a la consulta cuando su hijo es pequeñito. Nadie nos prepara para ser padres ni para la enfermedad de nuestros hijos o para qué hay que hacer cuando amanece con fiebre. Hasta que aprenden a identificar cuáles son los signos de alarma es normal que consulten, distinto es cuando ya tienen unos cuantos hijos o unos cuantos años y ves que siguen hiperfrecuentando las urgencias, ahí sí que dices: ‘Una cosa es uso y otra abuso’.

-El otro día te escuchaba en una entrevista que hay que dejar que los niños se equivoquen, fracasen, se frustren... ¿Es parte del aprendizaje, no?

-Sí, los verdaderos aprendizajes de la vida no nos los dan ni los éxitos, ni los triunfos, ahí obtienes muy poquito aprendizaje, y el que obtienes no es real, los verdaderos están en las equivocaciones, en las caídas, en los fracasos. Pero cuando te caes en el agujero, si hay alguien ahí, quién se asoma, quién te tiende la mano, quién está ahí... ese es el verdadero aprendizaje. No podemos pretender que nuestros hijos no se caigan, es que se van a caer, todos nos caímos y nos seguiremos cayendo, lo que tenemos que intentar es que se levanten de cada vez y quitarles esa idea de la cabeza a padres y madres de que la vida es un camino de rosas. No lo es, hay momentos maravillosos que hay que disfrutar a tope, pero hay momentos difíciles en los que hay que echar el freno y reflexionar, cambiar el rumbo, verte, igual estar un ratito ahí, pero luego levantarte y reponerte. A los niños se les educa muchísimo en ser el primero, en tener premio, en los reconocimientos, en los aplausos, y en ser el mejor. Premio hay uno y los 29 compañeros restantes se sienten perdedores y no debe ser así. Se debe premiar el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo personal, el trabajo de hormiguita, no me gusta cuando se educa en obtener cosas a corto plazo y somos muy cortoplacistas...

-¿Eres partidaria de los premios?

-Soy partidaria de reconocer el esfuerzo, el sacrificio y el buen hacer. Se puede premiar de muchas maneras, con un billete de 5 euros, cosa que jamás haría yo con mis hijos, o diciéndoles: ‘Que te sientes muy orgullosa, que nunca me había imaginado tener un hijo como tú, que ha superado todas mis expectativas...’. Se les ponen los ojitos del revés, recibir eso genera más impacto que un billete de 5 euros para que se lo funda en pipas. De premios en forma de reconocimiento, de «me cojo la tarde y vamos al cine», de palabras, sí.

-Uno de los errores que cometemos al educar es gritarles, pero a veces es inevitable.

-Es inevitable. Quién no ha levantado la voz en casa, que levante la mano. Si todos los días está escuchando gritos, pues no, parad, reflexionad, y pedid ayuda si la necesitáis. Ahora si tenemos un niño al que le marcamos unos límites de forma respetuosa, donde las cosas funcionan, pero de vez en cuando tenemos un mal día, él o nosotros, y por las circunstancias que sea se nos va la voz, -esto a mí me ha pasado y a todo el mundo- lo importante es frenar; saber identificar que has traspasado la línea y saber pedir disculpas a tus hijos.

-Reconforta saber que después de varios años, duermes a pierna suelta...

-Todo llega, yo ahora tengo que suplicarle a mis hijos que duerman conmigo en la cama, no quieren, es tremendo. Es verdad que los primeros años son difíciles, pero de repente una noche por otra y cuando te paras a pensar, dices: ‘Ostras, que llevo cinco noches durmiendo del tirón’. Yo estuve tres años sin dormir nada, han dormido fatal los dos, me iba al trabajo llorando en el coche porque no pillaba la cama entre uno y otro, y no veía salida.

-¿Te pareces a tu madre como madre?

-Sí, sí, creo que conectamos con nuestras madres cuando nos convertimos en madres, surge una energía que te une más aún. Me gustaría que mis hijos vieran en mí lo que yo veo en ella. Me veo identificada en su fuerza, su perseverancia, su honestidad y su compromiso por las cosas en las que cree. Es una mujer de rompe y rasga, ya fue una mujer revolucionaria en su tiempo y ahora con los años, aunque es más sosegada, tiene una determinación que da mucha paz escucharla y estar a su lado.

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