Nacho Calviño retorna al futuro en el pregón del Carmín

El presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios repasa su infancia, sus vivencias y lanza su singular visión del futuro de las fiestas polesas

Nacho Calviño, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios y pregonero del Carmín de la Pola 2019
Nacho Calviño, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios y pregonero del Carmín de la Pola 2019

Redacción

Nacho Calviño, pregonero del Carmín de la Pola, y presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios, ha repasado su infancia en la localidad polesa y sus vivencias de juventud y madurez en la que considera como la «romería de Asturias con mayúsculas». En su discurso, alerta también de los riesgos que entraña la tecnología en el desarrollo y evolución de este tipo de eventos sociales, donde las relaciones personales juegan un papel fundamental en estas celebraciones. Por ello advierte del peligro de «alinearse y vivir solos, en una burbuja». Para ilustrar el desarrollo y el posible escenario futuro de esta romería, Calviño ha conducido a los presentes en una «nave espacial» donde han podido contemplar el triste escenario que el dirigente de los jóvenes empresarios contempla para el Carmín en 2050. «En 2050 se emitirá por streaming desde casa, y cada uno se conectará desde su tablet o televisión», afirma. 

La primera parada de este viaje en el tiempo lleva a la infancia del poleso, que recuerda con cariño su primera década de vida y las ansias de crecer para disfrutar del ambiente de la Pola. «Deseaba crecer rápido, para poder disfrutar de la movida de la Pola de los domingos. Recuerdo asomarme a la ventana de mi casa y ver la cantidad de gente que llegaba a La Isla en tren y se dirigía a la zona de la movida», comenta.

Además, recuerda con especial viveza lo arreglada que iba entonces la gente y la elegancia de las mujeres polesas. «Llegaba el Carmín, y la peluquería de mi madre se llenaba de clientas como si toda la Pola estuviera de boda; cortes, tintes, mechas, uñas. Las polesas, mujeres con fama de guapas, siempre con la imagen cuidada, elegantes, alegres, abuelas, madres, hijas y sobrinas, con el mejor ADN de toda Asturias», rememora. La comida, como no puede ser de otra forma en cualquier fiesta asturiana, es una de las protagonistas de la romería, y Calviño guarda un grato recuerdo de sus primeros años en el Carmín. «Si en Les Comadres la Pola olía a bollu, en el Carmín de los ochenta olía a empanada, aquellas empanadas caseras, rellenas de bonito o carne, cada una con el toque particular de cada casa», añade.

La siguiente parada de este viaje por el tiempo lleva a la adolesencia del pregonero, que se acuerda de los días previos al Carmín, que pasaba junto a sus amigos en el hípico, donde pasaban «tardes enteras». «Nos encantaba ver aquellos saltos, aquellos jinetes, y apostar; a la serie, gemela, incluso nos atrevíamos con alguna triple gemela. Ganábamos algunes perruques, que después gastábamos durante las fiestas», explica. Esta etapa la recuerda  por un capítulo protagonizado por «cuatro simpáticos» que la liaron en los festejos. 

«Les dio por empezar a tirar comida al aire, e incluso vasos, botellas de sidra, lo que pillaran», narra. La reacción de los participantes no se hizo esperar, y rechazaron este comportamiento, que no volvió a ocurrir en este festejo. «Los polesos, muy enfadados y fieles a nuestra tradición y a que aquello no se convirtiera en una batalla campal, conseguimos pararlo, silbando, abucheando y explicando a los forasteros que venían a reventarnos la fiesta que aquello no se permitía en nuestro Carmín», relata.

Última parada: un futuro singular

Para finalizar el recorrido histórico por esta romería, el pregonero llega a la última parada: año 2050. Un escenario casi apocalíptico caracteriza este año, donde el Carmín no es lo que es y ha sido. La música en aparatos electrónicos ha sustituido a las orquestas, ya no se sale a comer porque traen la comida a casa y hay toque de queda. Además, el pregonero da su discurso desde casa y lo retransmite por Internet, conectándose cada espectador a través de dispositivos electrónicos. «Hace ya años que no hay Reina de las Fiestas. No hay orquestas físicas, sino que cada uno en su casa pone la música que quiere en las reuniones que hace con sus amigos más íntimos para celebrar las fiestas», vaticina.

«No se puede cantar ni gritar. Se limita la comida y la bebida con la que se accede al prau. Está prohibido tirar agua desde las casas y a las doce todo el mundo se recoge a sus viviendas», augura. El pregonero invita rápido a abandonar la «nave» preocupante escenario que vislumbra. Pese a tratarse de una visión, Calviño enumera los presagios que supondrían el fin del Carmín tal y como se conoce. «Llevan años advirtiéndonos de que el comercio local, desaparecerá, es decir, las tiendas, los restaurantes, los pubs, la vida social de nuestra villa, se reducirá drásticamente», señala.

Por todo esto, el presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios advierte de las implicaciones de la tecnología en este posible desarrollo de la romería, y de la posible desaparición de las tradiciones. «Espero que esto no ocurra y podamos vernos cara a cara, que la costumbre de comunicarnos por mensajes no aumente porque, de ser así, nos alinearemos y viviremos solos, cada uno en su burbuja, y esto acabará con nuestras tradiciones, con nuestra alegría, con todo», sostiene. 

Este el único alcohol que podrás beber en El Carmín de La Pola

Carolina García
Carmín

La Sociedad de Festejos de Pola de Siero anuncia las prohibiciones para acceder al campo de La Sobatiella este año. Un equipo de 28 personas vigilará todos los accesos. «Lo que se veía era muy lamentable», lamentan los organizadores

Despejada la incógnita. El botellón no está invitado a la romería del Carmín de este año. Sidra, vino y cerveza (bebidas fermentadas) es el único alcohol que se va a permitir en el prau de la fiesta que se celebra el próximo 22 de julio. Será el que vendan las barras y el que podrá entrar al recinto. La Sociedad de Festejos de Pola de Siero barajaba varias opciones, incluso la de habilitar una parcela anexa a la romería para concentrar el botellón y resolver así un problema que traía de cabeza a los organizadores. Una medida que no salió adelante, entre otras cosas, explica el presidente de la sociedad, Jenaro Soto, «por falta de tiempo y por razones económicas». Si desterrarlo a un recinto suponía demasiadas trabas, los organizadores han decidido atajar el problema de raíz: que no entre una gota de alcohol destilado. Para ello, han contratado un servicio de seguridad (una cuadrilla de entre 28 personas) que vigilará los seis puntos de acceso al prau de La Sobatiella para prohibir que entre una sola garrafa o cualquier recipiente con bebida blanca.

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