Estos son los empleos con fecha de caducidad en Asturias

La temporada veraniega es sinónimo de trabajo temporal para muchos jóvenes. En Asturias la previsión es que se firmen más de 12.700 contratos de los que apenas 3.000 se convertirán en indefinidos

camarero, cerveza, Asturias, Oviedo, hostelería

Es la primera vez que se pone detrás de una barra. Lucía Gila tiene 19 años y este verano acaba de acceder a su primer empleo. Durará lo que dura la temporada estival. Es un clásico. En verano, se reduce el desempleo en la región y aumentan las contrataciones, aunque, en parte, es ficticio. Es decir, no son trabajos a largo plazo. En realidad, tienen fecha de caducidad. En el caso de Gila será el 15 de septiembre, el día que cierra la piscina municipal en la que trabaja en Oviedo. Quería trabajar estos meses y su primera opción era la de socorrista pero ya no había plazas, así que le propusieron atender el bar.  «Estoy muy contenta. Trabajo ocho horas y tengo el salario que yo considero que es bueno, así que no me quejo», relata. En cuanto acabe, comenzarán sus vacaciones antes de que continúe preparando las oposiciones para Policía Nacional y que comience a estudiar el módulo de TAFAD. Lucía Gilda es una de las jóvenes que aprovecha la temporada estival para buscar un trabajo y compaginarlo con sus estudios. En Asturias se calcula que durante los meses de verano se firmen 12.700 contratos temporales. De ellos, apenas 3.000 acabarán siendo indefinidos. Como ya es habitual, el sector turístico y comercial copan la mayor parte de los empleos que se generan durante estos meses. ¿Cuáles son los puestos más demandados? Camareros de barra y sala, cocineros y ayudantes de cocina, recepcionistas, teleoperadores, vigilantes de seguridad, monitores de tiempo libre, socorristas, dependientes y manipuladores de alimentos, entre otros.

Cuando se aproxima la temporada de playa y piscina, los ayuntamientos y las empresas privadas comienzan a buscar socorristas. Lucía Gila llegó cuando ya estaban cubiertos los puestos de salvamento en la piscina, así que su idea es probar suerte el próximo verano. Indalecio García pudo en un mes cambiar de trabajo. Comenzó el verano en el club de Tenis de Oviedo para incorporarse más tarde a la piscina de San Lázaro en Oviedo.  A sus 23 años, finalizó su formación en octubre del año pasado así que es su primer empleo como socorrista, pero no de verano. Ha trabajado como relaciones públicas en pubs y como camarero en distintos bares. «Me quedo con diferencia con el empleo de socorrista», explica.

En un verano atípico donde las piscinas de la capital asturiana son gratuitas, la afluencia es mayor. «A partir de las cuatro de la tarde hay mucha gente y te exige mucha atención. No puedes quitar la vista. Debes controlar a todas horas», relata. Le gusta su trabajo y así, a diferencia de otras ocupaciones cuenta que «es cansado pero no como otros que son mucho más». Lo peor son «los dolores de cabeza que te sobrevienen al no quitar ojo de la piscina», recalca. En general, está siendo un verano tranquilo y sus actuaciones se han limitado a «atender cortes o a llamar la atención a bañistas que incumplen las normas». Le queda menos de un mes de trabajo y algo más de cinco semanas para comenzar sus estudios del master de Formación del Profesorado. «Ya tengo la matrícula y lo voy a hacer a distancia», cuenta entusiasmado.

La formación continua o incluso compatibilizar dos empleos es algo habitual entre los jóvenes que buscan un trabajo de verano. Este año Sara Fernández compatibilizó su empleo como monitora de tiempo libre dentro del programa educativo de apertura de centros educativos en verano en Oviedo con las dos semanas de la Feria Internacional de Muestras en Gijón. Por la mañana trabajaba hasta las dos de la tarde en el colegio Veneranda Manzano, tenía el tiempo justo para comer e ir hasta Gijón donde comenzaba su jornada laboral desde las cuatro de la tarde a las nueve. En Gijón también estaba con niños, atendía el Disney Chanel de Telecable, «Me encantó. Ha sido una gran experiencia tanto por el empleo como por los compañeros y el ambiente de la feria», detalla. Durante estos más de 15 días fue un «no parar» pero muy gratificante. Le gusta estar con niños y eso es lo que hace durante el verano como monitora. «Estoy muy muy contenta con el trabajo», explica. Es un contrato temporal de 20 horas que finaliza ahora el 30 de agosto. Será entonces cuando aprovechará para tomarse un respiro. Su primer plan es viajar al sur, ir a Murcia a visitar a amigos. Se tomará un descanso no muy largo. A su vuelta, retomará los estudios (está preparando una oposición para auxiliar de Bibliotecas) y volverá a trabajar con niños. «Imparto clases extraescolares», añade.

El curso pasado estuvo en el colegio Meres, Santo Domingo de Guzmán y Escuelas Blancas impartiendo ballet y danza. Aunque estudió Conservación y Restauración de Bienes Culturales, enseguida comenzó con las particulares y a trabajar con niños. Le apasiona. Tanto como a su compañera Aleksandrina Kolarova que hace muy suya la frase de Confucio: Busca un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un solo día de tu vida. «Mis amigos alucinan conmigo. Estoy de vacaciones y estoy desenado volver a trabajar. Es que  me encanta estar con ellos, me lo paso genial. Es maravilloso este trabajo». Kolarova llegó a España hace más de 17 años con su familia. Primero vivieron en Andalucía unos años y cuando tenía ocho años se asentaron en Oviedo. «Aquí he estudiado y aquí trabajo». En menos de dos semanas el programa de apertura de colegios en verano cerrará sus puertas hasta el próximo verano. Pero no dejará de trabajar con niños. Estudió Magisterio, así que ya sabe que con la empresa con la que ha trabajado temporalmente este verano tendrá una continuidad. Enlazará su trabajo temporal con el inicio del curso escolar. «Estoy pendiente de la fecha para comenzar».

Los «sisis» asturianos: estudiar y trabajar a la vez y no morir en el intento

ANA COSME
Los entrevistados de izquierda a derecha: Fede Puente, Irene Fernández y Celia García
Los entrevistados de izquierda a derecha: Fede Puente, Irene Fernández y Celia García

Tres jóvenes explican cómo se arreglan para conciliar estudio y trabajo

Son jóvenes que compaginan sus estudios y el trabajo: son los «sisis». Tienen edades entre los 16 y los 29 años y aunque reciben la ayuda económica de sus padres, el alto precio de las matrículas universitarias así como de los libros de texto o las clases particulares necesarias les obligan a tomar la decisión de buscar un método alternativo para cubrir ese gasto tan elevado.  El mayor reto que les supone esta decisión es la conciliación entre estudio y trabajo. Deben organizarse muy bien para no dejar de lado ninguna de las dos actividades. El estudio es una obligación, por eso estudian por las mañanas y emplean las tardes para realizar sus respectivos trabajos o viceversa. Eso intentan estos tres jóvenes, cada uno estudiante de una disciplina distinta, pero todos de acuerdo en lo mismo, trabajar les ha brindado grandes oportunidades, además de tener sus propios ahorros para algún capricho que otro.  

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