Un pueblo de Piloña se rebela contra la venta de una casa parroquial que la Iglesia asturiana se inmatriculó

Susana Machargo
Susana D. Machargo REDACCIÓN

ASTURIAS

Casa parroquial de Coya
Casa parroquial de Coya

Los vecinos descubrieron que estaba escriturada de 1964 cuando la diócesis dejó en la calle a una familia con dificultades económicas que estaba arreglando el edificio para alquilarlo

07 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Un acto de generosidad y solidaridad de la parroquia de Coya permitió que los vecinos de esta pequeña localidad de Piloña descubrieran que la Iglesia asturiana había puesto a su nombre la casa parroquial que ellos habían levantado y conservado con sus propias manos y con sus donativos. Lo acaban de destapar pero el Arzobispado de Oviedo ya tiene sus escrituras en regla desde el año 1964. Ahora lo que ha sucedido es una vuelta de tuerca. La Administración diocesana trata de vender la propiedad y la comunidad se ha plantado. No sabe si judicialmente va a tener margen para frenar la operación. Ha pasado mucho tiempo y está desorientada legalmente. Pero, al menos, va a hacer saber a la agencia que gestione la transacción y a los futuros propietarios que no son bienvenidos, que están ocupando una propiedad que es del pueblo. Y lo hará de la manera más visual posible. Llenarán el campo de la iglesia, los caminos y los prados de carteles de denuncia. Esta acción tendrá lugar hoy, sábado, a partir de las dos de la tarde. Aprovechará la concentración para recoger firmas de apoyo.

La sacristana de Coya ha cumplido los 90 años. Conserva en su casa una pequeña libreta con anotaciones que son un tesoro para la parroquia. Ahí están registrados todos los donativos, cuánto entregó cada uno y en qué se gastó. Aparecen las colectas para el tejado o quién aportó la mano de obra. Los más antiguos aseguran que tanto la iglesia como la casa parroquial son del pueblo desde siempre. Pero es difícil determinar desde cuándo exactamente. Sí que existe una fecha clave. Todavía hay feligreses que recuerdan que ambos edificios fueron quemados durante la Guerra Civil y posteriormente reconstruidos por los vecinos. Desde entonces, como dueños que son, han ido contribuyendo a las reparaciones y al mantenimiento. Así lo explica Aurora Hevia, vocal y portavoz de la junta parroquial.

Un gesto de solidaridad

La casa fue el domicilio del párroco hasta que Coya se quedó sin cura propio y la propiedad se cerró. Desde hace unos años, relata Aurora Hevia, la iglesia la gestionan sacerdotes de una comunidad del Lumen Dei, en Nava. Así que con ellos hablaron cuando una familia muy querida en el pueblo sufrió un revés económico, perdió su casa y se tuvo que ir a vivir a casa de una hija. Eran siete personas hacinadas en una propiedad pequeña, incluidos dos niños y una anciana de 91 años. Los vecinos de Coya pensaron que era el momento ideal para reabrir la casa parroquial.