La Iglesia asturiana se inscribió la titularidad de Santa Cristina de Lena hace solo diez años

ASTURIAS

José María Rosell, portavoz del Grupo de Inmatriculaciones Asturias, atiende a los medios delante de la fuente de La Foncalada
José María Rosell, portavoz del Grupo de Inmatriculaciones Asturias, atiende a los medios delante de la fuente de La Foncalada

El Grupo de Inmatriculaciones aporta una nota registral para demostrarlo. El Arzobispado dice que es el propietario «desde que se construyó» y que el registro es «una formalidad»

09 mar 2020 . Actualizado a las 21:21 h.

El 9 de enero de 2010. Desde ese día, la Iglesia asturiana es la propietaria de Santa Cristina de Lena, uno de los edificios del prerrománico asturiano reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Una nota informativa simple del Registro de la Propiedad de Pola de Lena confirma que inscribió a su nombre una finca de 1.844 metros cuadrados y la capilla de Santa cristina, que ocupa una superficie de 106 metros cuadrados. Esa documentación obra ahora en manos del Grupo de Inmatriculaciones Asturias, que lleva más de dos años exigiendo que se abra una investigación sobre todos los bienes que la Diócesis de Oviedo se ha podido apropiar y, especialmente, sobre el prerrománico asturiano. El Libro Blanco del Prerrománico publicado el año pasado, que ofrece un completo diagnóstico de la situación actual de este conjunto patrimonial, ya reconoce que todos estos edificios de incalculable valor arquitectónico son de la Iglesia. Lo que no aclara es las circunstancias.

La versión de la Iglesia

El Arzobispado de Oviedo, a preguntas de La Voz de Asturias, ha reconocido que Santa Cristina de Lena es propiedad de la Iglesia «desde que se construyó» y que el hecho de haberlo inscrito en el registro en el año 2010 es «una formalidad». Ha insistido en que esta esta capilla «siempre ha sido de la iglesia». Según su versión, sería desde el siglo IX, que fue cuando se levantó. 

El Grupo de Inmatriculaciones tenía sospechas de que la diócesis podría haber utilizado el sistema de inmatriculaciones -que permite a las autoridades eclesiásticas inscribir a su nombre la titularidad de un bien sin necesidad de aportar pruebas concretas, tan solo con una declaración jurada- para registrar multitud de propiedades, entre ellas todo el prerrománico asturiano, con la excepción de la fuente de La Foncalada, la única que no cuenta con una vinculación religiosa. El portavoz del colectivo, José María Rosell, considera que se ha conseguido demostrar la existencia de «una apropiación del patrimonio público» que ha continuado con el paso de los años, porque la diócesis puso a su nombre los edificios y luego reclamó a las administraciones públicas -el Gobierno del Principado, los ayuntamientos y el Ejecutivo central- dinero para mantenerlos y restaurarlos.