El cabreo monumental de los autónomos: «Muchos nos vemos abocados al cierre»

Dicen que las medidas anunciadas, con demasiada letra pequeña que no todos pueden cumplir, les dejan completamente abandonados y, tras la negativa a suspender la inminente cuota de la Seguridad Social, les abocan «a seguir empufándose»


Redaccion

Bajo el paraguas de los autónomos, antes de la crisis sanitaria del coronavirus, existían muchas realidades diferentes que, en España, siempre han sido tratadas con la misma vara de medir. No importa que el beneficio que saca en limpio un autónomo al mes, que podría equivaler al sueldo neto de un trabajador por cuenta ajena, ni se acerque de lejos al salario mínimo profesional. Tiene una serie de obligaciones que pagar religiosamente cada mes por la cuenta que le trae. Y parece ser que ni siquiera durante este estado de alarma, en el que la gran mayoría han tenido que cerrar sus negocios o han visto mermada la prestación de sus servicios, se van a librar de seguir pagando mínimo 286 euros al mes a la Seguridad Social.

En Asturias, que en 2019 perdió más de mil autónomos, el número total ronda los 74.000. Febrero ya había sido un mes en el que el Principado era una de las pocas comunidades autónomas en las que se perdían autónomos mientras en el resto todo lo contrario. «Son muchos los autónomos que viven al día y que consiguen un dinero que no llega ni de lejos al salario mínimo profesional después de impuestos», asegura Tomás Vallina, coordinador de la asociación Autónomos Unidos para Actuar (AUPA) en Asturias.

«Si estamos ingresando cero euros ¿cómo quieren que paguemos? Esa esa la gran pregunta de la mayoría de los autónomos. Hay quien dice que no la va a pagar, pero tampoco puedes hacerlo porque, aparte de que te llegará con recargo, no te podrás acoger a ninguna ayuda que puedan sacar. Estar al corriente del pago es una obligación», dice Mónica Blanco, presidenta de la Asociación Unida de Autónomos (AUNA). Las dos asociaciones representan a los autónomos de a pie, que son la mayoría pese a que bajo el mismo paraguas también haya grandes fortunas.

«La mayoría estamos sumidos en un abandono total. Cuando dan una rueda de prensa apenas se nos tienen en consideración. Como si no existiéramos. Ves las medidas y te da la risa. Son poco concretas y, cuando te pones a mirar, no tienes a quién llamar, nadie sabe muy bien la manera de aplicarlas. Según qué negocios, no sabes si te puedes o no te puedes acoger a ellas. Es un sindiós, por decirlo de alguna manera», añade Blanco.

En ambas asociaciones explican que muchos autónomos no han podido acogerse al cese de actividad y otros no tienen manera de demostrar el 75% de la reducción de sus ingresos, por lo que no pueden acogerse a las medidas anunciadas para los autónomos por el Gobierno que, además, califican de «insuficientes y poco claras». Y con excesiva letra pequeña. «No son suficientes porque a muchos autónomos los dejan fuera. Muchísimos negocios van a tener que cerrar por culpa de esta situación en la que no tienen ayudas ni nada. Muchísimos negocios se van a ver abocados al cierre. A lo mejor con deudas, empufados y, si tienen créditos ICO o subvenciones de cuando abrieron, no podrán cerrar porque tendrán que aguantar. Va a ser muy complicado recuperar todo lo que se va a perder ahora», dice Vallina, que recuerda que los más de tres millones de autónomos que hay en España, con sus cuotas a la Seguridad Social, aportan entre el 20% y el 25% de lo que ingresan cada mes las arcas del Estado.

En este estado de alarma se consideran los grandes olvidados después de que durante estos últimos años gobiernos y partidos políticos hayan ido posponiendo llevar a la práctica de alguna manera la principal reivindicación de la mayoría de los autónomos: que las cuotas a la Seguridad Social tengan en cuenta los ingresos reales como ocurre en buena parte de los países miembros de la Unión Europea. Este Gobierno lo había anunciado antes de que el coronavirus provocara esta situación tan excepcional, aunque sin explicar cómo iba a llevar a cabo que no se aplique la misma vara de medir a todos los autónomos, ganen lo que ganen. Y pese a que limita a quienes empiezan como se demuestra con el abandono de nuevos autónomos una vez que se incrementa rápidamente esa tarifa plana de 50 euros sin que les haya dado a tiempo a consolidar nada.

Vallina explica que, en su caso, pertenece al sector de la construcción, que de momento no aparece en los epígrafes que tienen que cerrar. Y eso ocurre en otros gremios. «Están con el negocio cerrado y en casa, sin poder facturar ni hacer ingresos. En la construcción, por ejemplo, te dicen que puedes trabajar pero que es decisión tuya si cierras. Estamos pendientes de un borrador en el que van a incluir más negocios que van a tener que cerrar y ya podríamos acogernos a ciertas ayudas, pero mientras no nos obliguen no podemos acogernos a ellas. No puedes hacer un ERTE porque no tienes fuerza mayor y porque los distribuidores, aunque estén cerrados, siguen sirviendo materiales», indica.

Materiales que son los que están en el almacén, que no significa que sean todos los que se necesitan en una obra que, si es en donde vive un cliente, no se puede llevar a cabo porque se prohíbe estar en grupo y, aunque se tomen medidas de protección, «es muy complicado». Los autónomos están acostumbrados a las trabas burocráticas y, en este estado de alarma, siguen ahí. «A mucho pequeño comercio con uno o dos trabajadores no les valen las medidas porque, por ejemplo, para sacar un crédito ICO tienes que tener un aval. O el cese de actividad a algunos se lo gestiona la mutua y, aunque han quitado muchos requisitos para acceder al paro, se pide que no tengas deudas con la Seguridad Social o Hacienda y, claro, muchos las tienen pendientes». Y, encima tienen un plazo de 30 días para pagarlas en un momento en el que no tienen ingresos. La pescadilla que se muerde la cola.

«Continuamente hay letra pequeña en todo y, al final, estás vendido. Es horrible», se lamenta Mónica Blanco. «Luego ves que no se concretan las medidas -añade-, el Principado ayer (por anteayer) lanzaba unas medidas que a día de hoy ni siquiera aparecen en el BOPA. No sabemos si el teletrabajo tampoco les funciona a ellos». La Administración electrónica, por increíble que parezca en pleno siglo XXI y con una crisis tan tremenda en la que tanta falta hacía, sigue sin ser una realidad del todo. El sistema no sólo está obsoleto, por ser poco intuitivo y farragoso, sino que encima ahora se ha saturado.

«Luego hablas con funcionarios y te dicen que es que están trabajando desde sus casas tres horas al día y que se les va a hacer un mundo cuando tengan que volver a trabajar 36 horas a la semana. ¿Hola? Yo llevo trabajando desde que empezó esta crisis entre 14 y 15 horas para darles soluciones a mis clientes y no te encuentras más que trabas, trabas y más trabas en la Administración pública. No consigues acceder a nadie, nadie te da soluciones y estamos en manos de asesorías y gestorías que están desbordadísimas de trabajo viendo que son medidas que hoy sacan una y mañana sale la rectificación con otra. Están continuamente rectificando cosas: lo que es válido hoy mañana ya no lo es».

Blanco tiene una agencia de viajes, un sector que sabe que tardará en recuperarse cuando la cuarentena se levante y en el que la situación es sencillamente desesperante. Acaba de plantear un ERTE, que está pendiente de aprobación y que garantizaría que sus empleados cobren el paro y ella asuma mínimo mantener seis meses más su trabajo le vaya bien o mal, «cuando a día de hoy no sé si voy a tener ni para comer este mes». «No te quiero ni contar la situación en la que estamos metidos. Trabajando para devolver dinero a los clientes desde el minuto uno y peleándonos con compañías y proveedores de servicios para devolver beneficios de hace cinco o seis meses que ya eran expedientes cerrados y empleados en gastos. Es horrible».

Describe la situación con esta descripción gráfica: «Estás en un metro cuadrado rodeado de espinos y, por más que intentes salir por donde sea, te lo van a clavar. Es tremendo». El enfado entre el colectivo también es tremendo. «Este hubiera sido un buen momento para haber arreglado la situación de los autónomos y nada. La gente está muy cabreada, viendo que no tienen ingresos y tienen que seguir pagando. Si no cambia la cosa, en el momento que esto se tranquilice, volveremos a protestar en las calles», dice Tomás Vallina, que recuerda que el colectivo de autónomos, con esa diversidad que hasta ahora beneficiaba a quienes les interesa que la unión no haga fuerza, cada vez está más concienciado de que unidos tienen más peso.

«Hay angustia, enfado, desesperación. Estás viendo que, aparte de la salud que sería lo más gordo que te puede pasar, que caigas enfermo, hay una incertidumbre total en todos los sectores. No sabemos muy bien cómo va a acabar esto. Algunos sectores, si el 15 de abril esta situación se acabara, podrían abrir y a lo mejor su actividad continúa con normalidad pero va a haber otros que no sabemos cuándo acabará esta incertidumbre», señala Blanco, que no pasa por alto que las medidas anunciadas por el Gobierno de España conducen a los autónomos a solicitar créditos ICO.

«O sea, a seguir empufándonos. Ya tienes una situación pendiente de un hilo y esto te acaba de dar la puntilla por completo», indica. Además, añade, quienes han ido a solicitar en estos momentos esos créditos, en muchos casos, se han encontrado con que ya no están disponibles. «Han ido por ir adelantando la situación, para poder lidiar con los gastos, y les dicen que ya no hay crédito. Entonces que nos expliquen quién se lo ha llevado, cómo puede ser que acaben de sacar esta medida y en 15 días ya no haya crédito. No lo puedo entender. Será lo de siempre: que los créditos se van a las grandes empresas que facturan muchísimos millones y que viven de subvenciones, bien protegidas y amparadas por nuestros gobiernos, que hacen los ERTES y se los conceden automáticamente, que piden ayudas y se las conceden automáticamente y, como siempre, los autónomos, al final de la escalera, que cuando llegamos arriba ya nunca queda nada».

En ambas asociaciones se han pedido que se exonere a los autónomos de pagar la inminente cuota a la Seguridad Social mientras dure el estado de alarma y que, además, esta medida se prolongue dos meses para permitir la reactivación económica que, visto lo visto, muchos no podrán ni siquiera plantearse. En AUPA, por ello, piden que después se establezca una tarifa plana de 50 euros cuya duración se module en función de los ingresos y, en AUNA, que se establezcan ayudas realmente ágiles para el pago de alquileres y luz, agua y telefonía. Algunos ayuntamientos asturianos, como Langreo o Lugones, no van a cobrar las tasas de agua ni basura.

«Si estamos en un estado de alarma donde se paralizan los plazos de todo, no podemos entender que nuestros plazos de pagar las cuotas y el trimestre no se paralicen», dice Blanco. Cuando esta cuarentena termine, añade Vallina, su asociación ya ha pedido reunirse con responsables del Principado para evaluar la situación: «Si ya estaba mal antes, ahora peor».

El campo asturiano, indignado: «Debería ser absolutamente fiable la palabra de quien sufre un accidente»

Carla Vega

El caso de David Puertas, el agricultor al que su mutua se negó a asistir, ha irritado a las asociaciones y sindicatos

El caso de David Puertas, el agricultor que no fue atendido por su mutua tras sufrir un accidente mientras trabajaba en su huerta, ha indignado pero no sorprendido a asociaciones y sindicatos de trabajadores ganaderos, agrarios, y autónomos en general. No ha causado sorpresa ya que no es la primera vez que tienen constancia de situaciones similares que han vivido autónomos de diferentes ramas, y un problema que se une a otros más que dificultan el desarrollo de su actividad laboral diaria.

Los miembros de asociaciones y sindicatos consultados por La Voz se cuestionan los orígenes de esta situación, en la que la mutua Fremap le niega la atención médica a Puertas por no poseer un informe de empresa o un testigo que corrobore que dicho accidente ha tenido lugar en el entorno laboral del herido. «Hay cosas tan ilógicas y sin dos dedos de frente. A nadie se le ocurren la mitad de estas historias. Es decir, «oye, yo estaba así y me paso esto, y por eso vengo a que me atiendas», no sé qué más explicaciones quieren», reflexiona Mercedes Cruzado, del sindicato agrario COAG.

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