¿Cuáles son las cifras reales del coronavirus en España y en Asturias?

La Voz

ASTURIAS

Técnicos sanitarios del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), trabajan en el interior de la cabina de seguridad del laboratorio de virología de este centro de referencia del Principado
Técnicos sanitarios del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), trabajan en el interior de la cabina de seguridad del laboratorio de virología de este centro de referencia del Principado J.L. Cereijido

El contraste entre los datos que facilitan las comunidades y las del Ministerio de Sanidad provocan un gran desconcierto. Barbón defiende el rigor de las estadísticas asturianas

04 jun 2020 . Actualizado a las 13:46 h.

Desde hace unos días, las cifras diarias de la epidemia de coronavirus están levantando un gran desconcierto por el contraste existente entre las que da el Ministerio de Sanidad y las que facilitan por su parte las comunidades autónomas. ¿A qué se deben estas discrepancias? ¿Qué recorrido hacen esos datos? El pasado 11 de mayo entró en vigor la nueva estrategia de diagnóstico, vigilancia y control en la fase de transición de la pandemia de COVID-19, con la que ha cambiado el sistema con el que Sanidad venía recopilando y trasladando los datos de las distintas comunidades para adaptarlo a la evolución epidemiológica. Hasta hoy, el número de fallecidos asciende a 27.128, según el cálculo del Ministerio de Sanidad. Una serie histórica que será actualizada dentro de unos días, cuando las autonomías concluyan la validación de los datos de la peor parte de la pandemia. Las discordancias no se dan solo en el número de defunciones, sino que se extienden al de hospitalizaciones e ingresos en ucis. Pero las cifras de muertos son, como dice el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, las que más «duelen». Son los fallecidos por coronavirus con un diagnóstico positivo confirmado.

El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha defendido el rigor con el que trabajar Salud Pública y el Servicio de Epidemiología en la región. Ha señalado que los datos facilitados coinciden prácticamente de manera exacta con otros indicadores externos que se comparan como el el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) y el Instituto Nacional de Estadística (INE) y ha insistido en la actuación transparente de la administración.

Dos cifras han disparado también las alarmas en España. La información que aporta el MoMo a partir de los datos de registros civiles, que indica que, entre el 17 de marzo y el 25 de mayo, se han producido 43.000 muertes más de las esperadas estadísticamente para esta época del año, lo que supone un incremento de un 42 por ciento. Y el INE, según el cual las defunciones estimadas en España durante las 21 primeras semanas de 2020 (hasta el 24 de mayo) ascienden a 225.930, un 24,1 % (43.945) más respecto al mismo periodo de 2019.

Series históricas y datos al día

Simón ha explicado una y otra vez que la cifra no es ni de lejos definitiva, que hay que esperar a la validación de las comunidades y que ya habrá tiempo -cuando se estudien los certificados de defunción con la causa de la muerte- para limpiar y definir la serie histórica. A Sanidad le preocupa ahora, por encima de todo, la evolución de la pandemia y el control rápido y efectivo de los brotes que se produzcan y son esos datos -los nuevos contagios y su vigilancia- los que centran la atención de los técnicos de salud pública.

El nuevo sistema se estrenó dos semanas después para dar tiempo a las autonomías a aclimatarse a los nuevos indicadores exigidos con el objetivo de obtener una información individualizada de cada caso, ahora que pueden verificar y validar mejor los datos al haber rebajado la presión asistencial. Así, desde el lunes 25 de mayo, el Ministerio informa como novedad de los casos diagnosticados el día previo y en los últimos 7 y 14 días, los confirmados con inicio de síntomas una semana y dos semanas antes, así como las hospitalizaciones, ucis y defunciones en 7 días; las comunidades deben reportar esta información, entre otras, antes de las 12:00 horas. Pero el estreno coincidió con la «desaparición» de casi 2.000 muertos del cómputo global, algo que Fernando Simón achacó a que se habían eliminado casos que estaban duplicados o que no cumplían con la definición de caso, entre otros criterios. Desde entonces, no han hecho más que sucederse las discrepancias.

¿Cómo es posible, por ejemplo, que durante más de una semana el ministerio no haya cambiado el global de fallecidos de la Comunidad de Madrid cuando ella misma informó de 12 muertos de un día para otro? ¿O que durante dos estadísticas seguidas Sanidad mantuviera la misma cifra de decesos totales cuando Castilla y León le había trasladado dos nuevos que no se incluyeron? ¿O cómo es posible que Asturias esté notificando hasta seis fallecimientos el mismo día que el Gobierno asegura que no se ha producido ni un solo deceso en toda España?  

Tal y como ha precisado varias veces el responsable del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, las series van a permanecer congeladas y solo van a modificarse cuando se produzca un fallecimiento el día anterior; y así va a ser hasta que todas las comunidades consigan actualizar sus series, algo que confía que sea «cuestión de días». El Ministerio de Sanidad aclara a Efe que son las comunidades las que introducen los datos, individualizados, a través de la herramienta de vigilancia SiViEs que gestiona el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III; y son esos los que usa el centro de coordinaión para mostrar la evolución a través de las actualizaciones diarias. Con lo que puede ocurrir que si una comunidad notifica un nuevo número de muertes pero no asigna ninguna al día previo, no constará en el balance diario de Sanidad. El mecanismo de registro de las defunciones ha sido parecido a lo largo de toda la epidemia, pero con el nuevo sistema «han cambiado mucho los tiempos que se tarda en realizar el proceso», ha admitido Simón.

Un caso práctico

Ayer lo explicaba así: cuando una persona identificada como caso es hospitalizada «hay que volver de nuevo a su historia clínica, a su ficha de notificación, e incluir la fecha. Es un acto que se tiene que hacer en cada uno de los servicios de salud pública de las comunidades». Y si posteriormente es ingresada en una UCI, «de nuevo hay que volver a su ficha y anotar la fecha en la que se realiza el ingreso». En algunos lugares este proceso está prácticamente automatizado, pero la fecha hay que introducirla «de todas maneras, ya sea buscando la ficha, ya sea combinando bases de datos». Si no se hace, no va a constar en la estadística. De producirse el fallecimiento, hay que volver a acudir a la ficha del paciente, bien sea en la base de datos del hospital, de primaria o de salud pública, según esté establecido en cada una de las comunidades, o simplemente en la historia clínica, y anotar la fecha del deceso.

Son los casos previos al 11 de mayo los que pueden implicar más retrasos, ya que lo que hay que actualizar son los datos anteriores a ese día, que es cuando las comunidades estaban más sobrecargadas. Puede suceder además que algunas tengan problemas para actualizar esas fichas anteriores al nuevo sistema de vigilancia y den una cifra de fallecidos sin la fecha de defunción. «Lo harán, se sabrá. Los fallecidos se van a conocer todos, pero en algunos momentos podemos tener un pequeño retraso», justificó.

Tres comunidades

Hay otros obstáculos que pueden entorpecer la recopilación diaria de los datos; desde la Consejería de Sanidad canaria cuentan que la plataforma utilizada también incluye otras enfermedades de declaración obligatoria, lo que a su juicio puede suponer un problema porque estas patologías, que ya se notificaban antes, suelen tener un número relativamente bajo de casos, pero con la irrupción del COVID-19 se manejan decenas de miles. Algunos retrasos en el volcado de la información podrían derivarse también del gran volumen de datos y el detalle con el que tienen que proporcionarlos ahora, aunque Canarias insiste en que lo hace a tiempo real. Y a ello se une que el método actual está basado en el número de la tarjeta sanitaria, y no todas las comunidades tienen desarrollado el sistema de la misma manera.

Los fallecidos, ilustran a EFE en la Comunidad Valenciana, se identifican a través de la información que consta en la encuesta epidemiológica. Para cada persona se rellena un formulario, que entre sus variables incluye el deceso y la fecha del mismo. Las variables solicitadas por el ministerio se envían diariamente, junto con una actualización de datos atrasados. Su notificación puede producirse de varias formas: con información de los centros hospitalarios públicos, la de los privados -que comunican directamente los casos de personas fallecidas, pero no siempre en el día mismo del deceso-; y la elaboración y seguimiento de las encuestas epidemiológicas, una vía con la que sucede a veces que se notifican casos de personas fallecidas que murieron días atrás. En el sistema utilizado allí, la aplicación AVE (Análisis de la Vigilancia Epidemiológica), todas las encuestas están identificadas con nombre y apellidos, número SIP (el número de tarjeta sanitaria), el de historia clínica (si procede), fecha de nacimiento y domicilio. Pero estos datos no son los que se comunican diariamente, sino que este sistema utiliza un código de encuesta unívoco (que pertenece a una sola persona), que es el que se traslada.

Ante esta situación, Castilla y León, que siempre ha mostrado sus reticencias sobre la manera de contabilizar, cree que debería ser el Registro Civil la referencia a la hora de calcular las muertes, de ahí que haya pedido que esta institución pública agilice sus trabajos.

Barbón y el rigor

El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha defendido en el parlamento asturiano el rigor de la contabilidad de fallecidos en Asturias por la pandemia de la COVID-19 que, ha subrayado, coincide «casi exactamente» con la que refleja el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo), obtenido a partir de datos obtenidos de los registros civiles. En su respuesta a Foro en el turno de preguntas de los grupos de oposición durante el pleno de la Junta General del Principado, Barbón ha recordado que dicho sistema, gestionado por el Instituto de Salud Carlos III, refleja el exceso de mortalidad en un periodo de tiempo y que, en el caso de otras comunidades, constata diferencias de «miles de personas» fallecidas.

Tras recordar el carácter descentralizado del Estado español y que ha pedido que se cree un centro de coordinación de Salud Pública a nivel nacional, el jefe del Ejecutivo ha incidido en que son las comunidades quienes facilitan los datos y que, a veces, se producen errores. En este sentido, ha asegurado que Asturias «protestó» cuando el ministerio modificó sus criterios de recuentos y adjudicó al Principado un número inferior de fallecidos al computado por la administración autonómica, lo que llevó al departamento que dirige Salvador Illa a rectificar. En cuanto a las residencias de ancianos, Barbón ha incidido en que se han realizado ya casi 20.000 pruebas a usuarios y profesionales de estos centros y ha garantizado que se cumplen los protocolos a la vez que ha advertido de que el control resulta más sencillo en los geriátricos públicos y que los privados «tienen una responsabilidad de la que no se pueden escapar».

Para el portavoz de Foro Asturias, Adrián Pumares, los protocolos en las residencias han sido «cambiantes en función del material disponible» y que constituyen «el talón de Aquiles» de la crisis del coronavirus en Asturias tras pasar una situación «pavorosa» que no se puede analizar desde la «complacencia» de limitarse a compararla con la de otros sitios «donde ha ido peor». «Deje de ver la situación de Asturias en perspectiva con otras comunidades. Le toca a su gobierno empezar a asumir los errores cometidos, a hacer autocrítica, a abandonar el optimismo y a tratar a la sociedad como adultos, sin azucarar la realidad», ha añadido tras calificar de «caóticas» las discrepancias entre los datos del Ministerio y de las comunidades.