«Una aldea que solo sea gente que viva allí y turismo rural, sin que nadie cultive nada, no es una aldea»

Jaime Izquierdo, comisionado para el reto demográfico, explica cómo y por qué por primera vez en Asturias se abre el camino para crear una nueva economía que active los territorios rurales en un momento clave: «Recuperar la memoria campesina es sencillo, pero no queda mucho tiempo»

Jaime Izquierdo, durante una videollamada con miembros de la Eusko Ikaskuntza
Jaime Izquierdo, durante una videollamada con miembros de la Eusko Ikaskuntza

Redaccion

Puede hablar durante horas de desconcentración urbana y repoblación rural, que van a ser claves en el nuevo modelo de distribución territorial que tendrá que surgir para solucionar los grandes males que, con crudeza, ha puesto de manifiesto la pandemia de coronavirus. Cuando aceptó ser comisionado para el reto demográfico de Asturias, el escritor y experto en medio rural Jaime Izquierdo (Infiesto, 1958) acababa de finalizar una reflexión de años sobre modelos territoriales que recoge La ciudad agropolitana. La aldea cosmopolita (KRK Ediciones, 2019).

A la primera la define como una ciudad responsable con el campo y, a la segunda, como una aldea que por primera vez en la historia de las aldeas se puede relacionar con el resto del mundo. «La aldea cosmopolita sobre todo es una aldea que tiene que retomar su función original, que era la gestión de la naturaleza y del territorio que tenía vinculado», explica Izquierdo, que recientemente participaba en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica de España constituida por el Congreso de los Diputados para consensuar medidas frente al coronavirus.

En su comparecencia defendió lo que lleva décadas defendiendo, que las ciudades y las aldeas deben acercarse para solucionar retos como el de su departamento y para llegar a «un sistema de poblamiento territorial más equilibrado en el que las ciudades puedan ser funcionales y saludables y las aldeas no sigan vaciándose». En esta entrevista repasa los conceptos de desarrollo territorial sobre los que reflexiona en ese libro y que constituyen su proyecto para crear una nueva economía que haga atractivas las aldeas vaciadas de Asturias. Deja claro que no existen soluciones fáciles ni concretas, pero recuerda que abrir esa vía en los territorios aldeanos, «con las dificultades que hay», se hace ahora por primera vez en Asturias. 

Si a alguien se le ocurre cuestionar su implicación con la aldea pensando que teoriza sin haber vivido en ella, en lugar de cabrearse Izquierdo podría responder entregando su ensayo sobre La gestión creativa del cabreo. Y así lo hizo en la comparecencia ante la comisión del Congreso, cuando fuera del guión, entregó a la presidenta de la comisión un ejemplar del libro «para que lo repasen de vez en cuando» en esta crisis sanitaria que tanto cabreo ha generado.

-En esa comparecencia, también dijo que, con la Covid-19, a la humanidad le ha dado un infarto y parece más que aconsejable cambiar de hábitos. Ya hay quien se ha planteado que es buen momento para irse de la ciudad al campo…

-Pero es por el susto. Son comportamientos individuales, de personas que se han marchado y otras que están pensando en irse, pero por susto, no por el diseño de una forma de vida porque todavía no les ha dado tiempo a pensar eso. Pero sí se ha planteado una reflexión de que podemos cambiar de vida. Lo que nos ha venido a decir la Covid es que esas megaciudades que empezaron a crecer a partir de la revolución industrial son una anomalía desde el punto de vista de la vida y de la racionalidad. Las ciudades son hijas de la aldea; el origen de las ciudades se produce cuando en algunas aldeas en un territorio determinado se ponen de acuerdo para generar un espacio central de reunión entre ellas. Eso produce una especie de implosión rural para generar un entorno urbano. A partir de un momento de la historia de las ciudades, empiezan a acumular otras funciones y a ser muy dinámicas. Surge la ciudad comercial, la ciudad política, la ciudad industrial y ahora estamos ya en la ciudad de servicios.

-La ciudad industrial supuso el inicio del despoblamiento rural y el consiguiente desequilibrio poblacional que nos trae al caso.

-En otro momento de la historia de la ciudad, que ocurrió recientemente, se produce una inflexión rural y urbana y, a partir de ella, la ciudad empieza a crecer de forma inusitada. Más de la mitad de la humanidad ya vive en ciudades y se sigue acumulando. Por lo tanto, hay una desaparición de la ruralidad y un incremento de la población urbana hasta llegar a la explosión. La ciudad, convertida en algunos casos en megalópolis, ha explotado y lanza sus fragmentos, su metralla, al territorio rural. En el campo, lo que tenemos son fragmentos de comportamiento urbano en forma de urbanizaciones, de pensamientos, en la manera de generar economía… pero son comportamientos urbanos.

No puedes ir a un pueblo a vivir y reproducir los modos de vida urbanos en el campo. No se trata de eso»

-¿A qué se refiere?

-Tú no puedes ir a un pueblo a vivir y comportarte como un urbanita porque entonces no estás aprovechando la verdadera dimensión que te puede dar el pueblo. Estás reproduciendo los modos de vida urbanos en el campo y no se trata de eso. Estaríamos cometiendo el error de despreciar las culturas del país. Hay que saber cuándo estás en modo urbano y cuándo estas en modo rural, y no todo el mundo lo sabe. Y en las ciudades íbamos acumulando una serie de indicadores que nos decían que la calidad de vida no iba bien y deberíamos haber hecho cambios.

-¿Por ejemplo?

-Aparece el concepto de las enfermedades urbanas y hay otra cosa muy clara: la calidad del aire que respiramos en las ciudades es muy deficiente y genera problemas importantes de salud. El espacio disponible en la ciudad es menor y la posibilidad de contacto con el campo, o con los aspectos de la naturaleza más culta y con la propia naturaleza, es menor. Eran muchos los indicadores que nos decían que nos estábamos separando y, en este sentido, conviene recurrir a a la historia para entender cómo la ciudad ha llegado a este modelo que no es agradable, y a la etimología para explicar otra cosa. Las personas somos seres humanos y etimológicamente quiere decir que somos seres del humus y el humus es la tierra. Necesitamos esa conexión con la tierra porque nos da otra dimensión y, en la medida en la que vayamos perdiendo, nosotros también nos estaremos perdiendo como lo que somos. Seres humanos. Pero ahora estamos claramente en un reconocimiento de error importante: hay ciudades que no funcionan como entorno agradable para el desarrollo de la vida y el desarrollo de la comunidad.

-Y habrá que acelerar su replanteamiento…

-Replantear la ciudad es algo que corresponde inicialmente a los ayuntamientos, a las políticas autonómicas de ordenación del territorio y al Estado. Los responsables municipales tienen que empezar a repensar sus ciudades. No vamos a decir que esto que nos ha ocurrido es algo que se veía venir, de acuerdo, pero deberíamos decirlo por lo que sabemos de la historia de la ciudad. Conviene repetirlo, porque a pesar de que para algunos es bastante obvio da la sensación de que al final no lo es tanto: las grandes ciudades se han convertido en inhóspitas y distópicas. No son lugares adecuados para el desarrollo de la vida; son lugares muy adecuados para el desarrollo de la gran economía, pero no para las personas.

Las ciudades no tienen solución en sí mismas si no son capaces de relacionarse con el campo»

-¿Por dónde deberían ir las soluciones?

-Las ciudades no tienen solución en sí mismas si no son capaces de relacionarse con el campo. La solución no va a ser que sigamos igual. No sirve poner una tirita con planteamientos como hacer edificios con balcones para que te de el aire si vuelve otra vez el confinamiento. Es un tema de densidad de población.La solución a la ciudad tampoco es exclusivamente tecnológica o urbanística, es, sobre todo, de relación con el territorio rural. Y por eso resulta tan conveniente que pensemos en una estrategia de repoblación rural hacia las pequeñas ciudades, las villas y las aldeas.

-Casi nada…

-Es el gran caballo de batalla de la historia de las ciudades y la gran diferencia entre dos civilizaciones que nos precedieron, la de los griegos y los romanos. Los griegos plantearon un modelo de ciudad que tenía que ser contenida. Cuando las ciudades griegas alcanzaban un determinado tamaño no seguían creciendo, se generaba una nueva colonia en otro territorio. En cambio, los romanos inventaron la ciudad hiperconcentrada y llegaron a crear una gran metrópolis como Roma. La revolución industrial apostó por la concentración y las economías terciarias que la sucedieron también siguieron en esa línea, llegando al punto al que hemos llegado. Por ello, conviene hacer dos reflexiones. Una primera de política pública, ¿cómo inicio un proceso de desconcentración urbana? ¿Realmente no queda otra opción? En mi opinión, hay que iniciar la desconcentración urbana, no hay otra opción. Y, una segunda de política de empresa. Las empresas ¿pueden desconcentrar algunas funciones que pueden realizarse en remoto aumentando la eficiencia empresarial y la calidad de vida y trabajo de sus empleado? Algunas empresas lo han hecho y les va bien.

[Izquierdo puntualiza que desconcentrar es mantener una unidad central y permitir el trabajo en remoto, que no tiene que ver con descentralizar.]

Esta situación ha sido la tormenta perfecta del capitalismo vinculado a la alimentación»

-Esta crisis sanitaria ha acelerado la transición al trabajo en remoto, al teletrabajo, pese a las reticencias que pudiera haber antes de la pandemia. La Covid-19 ha acelerado ciertas medidas que casan con esa estrategia de dispersión urbana y de mejora de la calidad de vida en las ciudades…

-En esa transición de desconcentración urbana que hay que hacer imagino que habrá luchas. Las economías mandan mucho e, ideológicamente, vamos a ver algunos desencuentros entre los que creemos que conviene hacer eso y los que se van a aferrar al control económico que supone tener ciudades muy poderosas económicamente, pero que son bastante incómodas para las personas…

-…y vulnerables.

-Por eso la idea del infarto. Las ciudades nos habían dado muchas pistas de que iban mal, pero es que ahora nos ha dado un infarto y, cuando te da un infarto, inevitablemente tienes que cambiar de estilo de vida. Estábamos acumulando muy mala vida en muchos aspectos. Por ejemplo, el crecimiento de enfermedades dentro de la ciudad vinculadas a los modos de vida. La obesidad, que es otra pandemia, está relacionada con un tipo de alimentación que tampoco tiene que ver con la alimentación saludable, sino con los estándares alimentarios que les interesan a las multinacionales de la alimentación, con los alimentos procesados que nos entran por los supermercados y por todas esas franquicias de comida rápida. Hay que repensar y reactivar los sistemas agroalimentarios locales de proximidad. De lo contrario todo seguirá encaminado hacia las multinacionales de la alimentación que no solo procesan los alimentos sino que tienen establecimientos de ese estilo y, es más, ya te lo llevan a casa. Las multinacionales de la alimentación ya estaban posicionadas en la gran distribución del abastecimiento de las ciudades y ahora lo están también en el menudeo a través de los servicios de comida a domicilio utilizando mano de obra barata. Es la tormenta perfecta del capitalismo vinculado a la alimentación.

Las ciudades asturianas son lo que ahora se llama ciudades del cuarto de hora; son cómodas y no ser pierde sentido de comunidad»

-¿En qué situación están las ciudades asturianas?

-Los asturianos estamos muy bien posicionados en el diseño de ciudad y en el diseño del campo. Somos afortunados. Hemos hablado muchas veces de ello y ahora sí ha cobrado su verdadera dimensidad. La estructura urbana de Asturias, desde el punto de vista de futuro, es ideal. Ya estamos en la modernidad. Las ciudades asturianas, por su tamaño, son lo que ahora se llama ciudades del cuarto de hora: puedes resolver todos los elementos de la vida urbana en un cuarto de hora. Por lo tanto, son cómodas, las puedes peatonalizar, puedes caminar en ellas y no se pierde sentido de comunidad, que era algo que preocupaba mucho a los griegos.

-Por tamaño, cumplirían con el ideal de los griegos…

-Fueron probablemente los que más reflexionaron sobre la ciudad, sobre la polis, y conviene decir que las asturianas son ciudades aristotélicas o platónicas. Son las ciudades ideales que soñaron los griegos. Estamos en ese tamaño de ciudad. Nos despistamos con la ciudad industrial porque llegamos a tener problemas en Avilés, en Gijón.. pero son ciudades ideales en el sentido de la visión platónica pero sobre todo aristotélica, que definía el tamaño ideal que, con posterioridad, se comprobó que está en torno a los 250.000 habitantes. Y estamos ahí, desde luego. Además tenemos una red de villas muy interesantes y unas pequeñas estructuras que son las aldeas que hay que activarlas para que gestionen el campo y la naturaleza. Históricamente las aldeas tenían esa función y se la quitamos precisamente por un tipo de legislación que nunca consideró el trabajo aldeano como clave para la conservación de la naturaleza. Ahí cometimos un error, pero podemos corregirlo porque tenemos la memoria del conocimiento y podemos reactivarlo.

A través de los sistemas agroecológicos locales encontraremos soluciones para solventar los problemas de cambio climático y reducir riesgos de nuevas epidemias»

-¿En qué habrá que aplicarse en Asturias, teniendo en cuenta su realidad demográfica?

-Hay cosas que sabemos que tenemos que hacer, sobre todo en la parte que tiene que ver con el reequilibrio y la cohesión territorial, pero también en la conexión telemática y la conexión con la tierra a través de los sistemas agroecológicos locales porque en ellos vamos a encontrar soluciones para solventar muchos de los problemas de cambio climático y reducir los riesgos de nuevas epidemias. En esto nos tenemos que poner las pilas desde los ayuntamientos a los gobiernos regionales, del Estado y los organismos internacionales que ahora están tan cuestionados. Es verdad que probablemente tengan muchísima burocracia y que además tengan que repensar cómo hacen las cosas, pero cuestionar de forma totalitaria a la Organización de Naciones Unidas o a sus instituciones, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una grave irresponsabilidad, porque necesitamos mecanismos de organización y gobierno de la humanidad en su conjunto para combatir, por ejemplo, el cambio climático o futuras pandemias, o para contribuir a reequilibrar el acceso a la salud y la distribución del bienestar y para que el mundo funcione de forma más solidaria. Y para eso necesitamos que funcionen bien desde las organizaciones de las Naciones Unidas a la más pequeña de las aldeas.

-¿Qué otros planteamientos funcionarían en Asturias, que pierde población hasta en sus ciudades?

-Asturias tiene una primera disponibilidad en ese sentido como región receptora de esa  desconcentración. Sería bueno que vinieran a vivir aquí personas que ahora viven muy concentradas en ciudades. Nuestros dos puntos emisores de población serían la Euskal Hiria (la ciudad vasca) y Madrid.

En Asturias tendríamos que desarrollar la soberanía alientaria, que es algo muy importante que teníamos abandonado»

-¿Y a nivel interno, qué habría que hacer?

-Tendríamos que desarrollar la soberanía alimentaria, que es algo muy importante que teníamos abandonado. Hay una nueva generación de políticos regionales que están planteando estas cosas y se está avanzando en esta idea. El consejero de Desarrollo Rural, Agroganadería y Pesca, Alejandro Calvo, ya planteó que uno de los elementos fundamentales de la nueva economía asturiana va a ser el crecimiento del sector agroalimentario, pero no vinculado a la producción agroindustrial, sino al abastecimiento interno. Y ahí volvemos a la misma idea de la relación entre el campo y la ciudad. El medio rural periurbano de Oviedo, por ejemplo, es extraordinariamente diverso e interesante. El de Gijón, también, y en Avilés está curiosamente en los concejos rurales de su periferia. Por ello, la recuperación de los sistemas agroalimentarios locales va a ser muy importante porque muchos de los problemas que tenemos en otro orden de gestión territorial, y ya no me refiero a la ciudad sino a problemas como los incendios o las plagas, son consecuencia de haberlos abandonado.

-¿Qué implicaría recuperar esa soberanía alimentaria?

-Se matan varios pájaros de un tiro: podremos mejorar nuestra dieta alimentaria, generar empleo y reducir riesgos y problemas de carácter ambiental. Por ello, las pequeñas ciudades y villas asturianas tienen una importante tarea a desarrollar y hay una intención política de trabajar en esa dirección. Como tercer nivel de poblamiento tras la ciudad y la villa, hemos generado un documento sobre cómo queremos que sean las aldeas y la sociedad post-industrial, que es la que sucede a la estrictamente industrial. Es decir, no niega la industria ni tampoco las culturas preindustriales. Pero como estamos volviendo a la gestión original de la aldea, volvemos a un pensamiento pre-industrial. La industria nos ha dado muchas cosas y vamos a trabajar con ellas, pero la civilización industrial claramente anuló todo el conocimiento pre-industrial.

«Recuperar la memoria campesina sería relativamente sencillo, pero no nos queda mucho tiempo porque se está desdibujando»

-Se han perdido y se están perdiendo conocimientos que precisamente ahora se está viendo que son necesarios para afrontar los retos del cambio climático.

-Ya en la universidad, nos decían que todo era la modernidad urbana e industrial, y además con esa forma despectiva de referirse a los conocimientos aldeanos. Pero luego no fuimos capaces de reconocerlo en términos políticos. Cuando empezamos a hacer legislación de conservación de la naturaleza, la llamamos espacios naturales y ya ahí nos equivocamos con el nombre. No eran espacios, eran territorios, y tampoco eran naturales, sino culturales. Y todos esos paisajes que hicieron nuestros antepasados campesinos con una cultura muy elaborada que no estaba escrita, los hemos despreciado. Incluso los museos etnográficos recogen el pasado campesino como si estuviera muerto, como si ya no sirviera. Ahora, lo primero que deberíamos hacer es pedir perdón por la escasa consideración que tuvimos hacia la cultura del país y, lo segundo, rehabilitarla y actualizarla en aquellos aspectos que sean de utilidad para el futuro.

-¿Tiene Asturias alguna ventaja para recuperar y poner en valor la memoria campesina que se necesita ahora?

-Tenemos la ventaja de que en Asturias la tierra habla. Los campesinos dejaron escrito a escala 1:1 lo que hay que hacer en las aldeas y tenemos que aprender a leer el territorio. Recuperar esa memoria sería relativamente sencillo, pero no nos queda mucho tiempo porque se está desdibujando, matorralizando, se está cayendo. No se trata de recuperar exactamente todo lo que ellos hicieron ni hasta el último cultivo del mundo campesino. Antes no les quedaba otra que tenerlo todo cultivado porque eran muchos, pero entre eso y el abandono actual, con los riesgos de incendio y con las plagas, hay una posición intermedia. Podemos dejar muchas áreas que evidentemente ya se van a convertir en bosque,  pero hay muchas otras que hay que recuperar.

-Hay estudios que precisamente han analizado el desaprovechamiento agrícola de Asturias. ¿Cuál es el planteamiento en ese sentido?

-En el documento que hemos hecho planteamos qué tipo de economía podría funcionar en los pequeños núcleos y tienen que darse dos situaciones clarísimas. Una primera es la gestión agroecológica del territorio. Si no hay eso, no es aldea. Una aldea que solo sea gente que viva allí y turismo rural, sin que nadie cultive nada ni se atiendan las tierras y el monte, no es aldea. Es una estructura urbana. Una estructura agroecológica de producción además le vendrá bien a quien monte algo de turismo rural porque la alimentación local es diferente, te da identidad gastronómica y el territorio tendrá más estabilidad para evitar incendios. Una segunda reflexión es cómo se monta esta economía y ahí se introduce otro factor de innovación que son las cooperativas TAC, en las que se reproduce el conjunto de todos los trabajos que antes hacían los campesinos pero con la ventaja de que puedes tener fines de semana libres y vacaciones. Es decir, la economía campesina post-industrial va a recuperar los principios agroecológicos del campesinado preindustrial incorporando novedades para que además deagroalimentación y prestación de servicios agroecológico se produzca una economía de bienestar y tiempo liberado. Y entonces igual te interesa volver a trabajar el campo.

Lo primero que tienes que tener en el territorio es comunicación por vía telemática, si no olvídate»

-En su intervención en el Congreso precisamente exponía esa convivencia necesaria entre teletrabajo y tierratrabajo. Para teletrabajar, hace falta que haya una buena conexión a internet y no está siendo así.

-Es uno de los problemas. Lo primero que tienes que tener en el territorio, no ya solo en tu casa, es comunicación por vía telemática. Si no existe, olvídate del asunto. Y, en un planteamiento regional, esto requiere de inversión para dotar de esa capacidad a las zonas rurales, pequeñas villas y aldeas.

-Y otro obstáculo que se encuentran quienes viven o regresan al campo es la burocracia administrativa.

-La burocracia actual está diseñada para un tiempo que ya no es este. No entiende la complejidad de los tiempos actuales. O somos capaces de solventar el problema burocrático o la burocracia acabará con nosotros. Toda la teoría campesina de manejo del territorio, por ejemplo, funcionaba en clave sistémica, por eso no fue entendida por la organización industrial y fue descuartizada. La burocracia administrativa nacida del pensamiento industrial es sectorial y tiende a segregar y no a integrar. Imagínate que vas a comprar un coche y en lugar de entregártelo como te lo dan en un concesionario tuvieras que ir por mil ventanillas recogiendo piezas: en una el volante, en otra una rueda, en otra el carburador… Pues nosotros tenemos una administración organizada en trocitos de sistema y, por tanto, tiene muchas dificultades para gestionar proyectos transversales y para entender la complejidad sistémica. Si en lugar de tramitar autorizaciones la Administración pública se encargara de vender coches no actuaría con la lógica del concesionario sino con la del desguace. El problema es grave y necesitamos un proceso de reflexión sobre qué tipo de administración y de procedimientos necesitamos para abordar la sociedad post-industrial porque con la actual no lo conseguiremos. Se está en el ánimo de resolver este problema, pero no es un tema menor.

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