¿Qué economía necesitan las aldeas para repoblarse?

Elena G. Bandera
E. G. Bandera REDACCION

ASTURIAS

Pilar Canicoba

En Asturias, nueve de cada diez ya ni siquiera llegan a un centenar de habitantes. Estas son algunas claves para revertir ese continuo vaciamiento del medio rural

21 jul 2020 . Actualizado a las 13:41 h.

Nueve de cada diez aldeas de Asturias no llegan ni a un centenar de habitantes. De los 6.300 pequeños pueblos que se reparten por todo el territorio asturiano, 800 están deshabitados, 300 tienen solo un habitante y unos 3.000, menos de diez habitantes.

Son datos de 2018 que recopilaba la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei) el año pasado y que se aprecian mejor en este mapa. En las zonas sombreadas en verde claro viven menos de 25 habitantes en un kilómetro cuadrado. En cada kilómetro cuadrado de Oviedo, Gijón y Avilés, para apreciar la diferencia, viven más de 1.000 habitantes.

Sadei

El territorio está descompensado y la Asturias rural, tan añorada e incluso envidiada desde las ciudades durante los meses de confinamiento por la pandemia de coronavirus, claramente desaprovechada. Las razones que la están abocando a un continuo vaciamiento poblacional se conocen de sobra. Las consecuencias, también. Esta crisis sanitaria, cuyas consecuencias a largo plazo podrían ser aún más devastadoras, es otro aviso más para que el desarrollo sostenible se tome en serio. Recuperar los pueblos abandonados y en vías de extinción es una oportunidad de desarrollo sostenible.

Hace más de 30 años que se viene advirtiendo de las consecuencias del continuo deterioro de la Tierra y de que todas las acciones para mitigarlo, desde la más pequeña hasta la más global, son importantes. Las más pequeñas pueden acabar siendo globales si cunde el ejemplo. En Asturias, un territorio que por su estratégica situación paralela al mar parte con una cierta ventaja ante el escenario de calentamiento global, por primera vez se ha abierto el camino para pasar de la teoría a la práctica. Así lo indicaba el experto en medio rural Jaime Izquierdo, al frente del Comisionado para el Reto Demográfico de Asturias desde septiembre de 2019, en una entrevista recientemente publicada en La Voz de Asturias al referirse a la vía que se está abriendo en la región para crear una nueva economía que haga atractivas esas aldeas vaciadas.

Un primer paso, en el ánimo de contribuir a poner en marcha una red experimental de pequeños pueblos que promuevan esos nuevos modelos económicos, es la colaboración con la Sociedad de Estudios Vascos (Eusko Ikaskuntza), que depende del Gobierno vasco, para la investigación conjunta de experiencias, ideas, modelos y prototipos de pueblos que estén avanzando en la búsqueda de alternativas con futuro. Un documento rubricado a finales del pasado mayo, en el que se establece esa colaboración, sintetizaba bajo el título ¿Qué economía para los pequeños pueblos? las bases conceptuales sobre las que se debería asentar ese nuevo modelo económico.

«El declive de los pequeños pueblos debería abordarse a partir de modelos económicos, culturales y sociales de desarrollo local que, además de movilizar los recursos propios y promover nuevas actividades, apuesten por implicarse en la lucha contra el cambio climático y a favor de la transición ecológica y por superar las disfunciones y la concentración urbana», se explica en el documento, en el que también queda reflejado que generar nuevas economías en municipios y entidades menores de baja densidad poblacional no sólo servirá para reconstruir la socioeconomía del medio rural en sí, propiciando unas formas de vida más satisfactorias y sostenibles, sino que también contribuirá «de manera decisiva» a crear «un mundo más seguro desde el punto de vista ambiental y de salud pública».

La aldea, hoy: abandonada, urbanizada, industrializada o turistificada

El documento pone de manifiesto además que los pueblos y el medio rural en general están llamados a jugar un nuevo papel en el desarrollo territorial en este nuevo tiempo marcado por la emergencia climática provocada por el hombre. Pone también en contexto la situación actual de las aldeas que, en las últimas décadas y como consecuencia de la influencia urbano-industrial, o se han especializado en agricultura, ganadería o silvicultura intensiva, se han abandonado, se han urbanizado, se han industrializado o se han turistificado como consecuencia del interés urbano por la segunda residencia en el campo y el auge del turismo rural.

Todas, prosigue el documento, «han perdido -están a punto de perder o la mantienen en términos muy marginales- su economía agroecológica genuina, original y local que les daba identidad cultural y paisajística y, con ella, han perdido biodiversidad, complejidad sistémica, diversidad alimentaria y seguridad ambiental incrementando, a la vez, los riesgos de plagas e incendios».